Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. Colabora en Ataraxia Magazine, El Toro TV y en la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.
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Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. Colabora en Ataraxia Magazine, El Toro TV y en la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.

Sí a Isabel, no a Mariana

De la misma forma que todos los años tienen un 2 de enero y no se puede remediar, cada año Podemos perpetra su tontería sobre la Toma de Granada y tampoco se puede evitar. Para empezar 2021, la plataforma Granada Abierta, apoyada por lo más granado de los podemitas granadinos, preparó un sarao en el que se proponía «cambiar la fiesta sectaria de la Toma por una celebración democrática y abierta a toda la ciudad» y, ya metidos en gastos, que «el Día de la Toma sea sustituida por el 26 de mayo, Día de Mariana Pineda, que es símbolo de igualdad y libertad, reconocida por la Unión Europea y capaz de unir a toda la ciudadanía».  Regardé la gilipolluá, que diría el gran Tip. Insuperables.

Es decir, pretenden que ignoremos uno de los días más importantes de la historia de España y de Europa, por excluyente y poco democrático, porque para incluyentes, feministas, tolerantes, sostenibles y demócratas ya teníamos a los moros con los que se podía convivir en paz, amor y compañía -ellos no necesitaban ayudaba exterior para matarse entre ellos en sus luchas intestinas-. Basta echar un vistazo a Marruecos para hacerse una idea de cómo sería España sin la Reconquista. Estupenda, desarrollada y fenomenal. De lo más apetecible.

Lo afortunadas que nos podemos considerar las mujeres españolas -perdón, mujeres estatales-, de forma muy especial, por la Toma de Granada

No es por criticar, pero nuestros comunistas de salón de historia andan escasitos y de cerebro tienen lo justo para pasar el día, dicho sea todo desde el respeto más absoluto. Si a la falta de conocimiento le unimos una sobredosis de sectarismo capaz de matar a un elefante, sale lo que sale: Podemos. 

Respecto a la propuesta de sustituir la conmemoración de la Toma por el Día de Mariana Pineda, digo un rotundo, rotundísimo, rotundérimo: NO.

En todo caso, celebremos el Día de Isabel La Católica, que también era mujer, ergo ser de luz, y un maravilloso ejemplo de empoderamiento para las feministas de hoy en día. Una pena que estas muchachas, aspirantes a la nada más absoluta, ignoren todo de la reina que quiso ser enterrada en Granada -a la que dedicó media vida- y cuya valentía e inteligencia fue determinante para que la gesta liberadora fuera llevada a cabo. Sí, liberadora. De LIBERTAD. 

Si me permiten, propongo desde estas líneas al Ministerio de Igualdad -patrocinado de forma muy generosa por nosotros y nosotras, los contribuyentes, contribuyentas y contribuyentos- la organización de unas jornadas dedicadas a analizar la vida de Isabel la Católica como ejemplo de mujer empoderada. El título del evento podría ser: “Isabel la Católica, la Reina”; pero como es un Ministerio republicano, en aras de la concordia, la tolerancia y, sobre todo, para que nos acepten la propuesta, se puede cambiar el título y quedaría así: “Isabel la Casi Laica, Jefa de Estado (español)”.

No sé ustedes, yo a la Reconquista le veo todo ventajas

Ya de paso, en esas jornadas, le daríamos una vueltecita a lo afortunadas que nos podemos considerar las mujeres españolas -perdón, mujeres estatales-, de forma muy especial, por la Toma de Granada. Terminaríamos el sarao feminista por todo lo alto con unos vinos de la tierra y una degustación de ibéricos. De esta manera, podríamos visibilizar y celebrar que en la cristiandad somos libres de tomar alcohol y disfrutar de las múltiples delicias que el cerdo nos ofrece. Todo esto cabellera al viento y vestidas como nos plazca. No sé ustedes, yo a la Reconquista le veo todo ventajas.

En cuanto al tema principal de las jornadas -Isabel la Católica-, dejo aquí unas pinceladas sobre su vida con el propósito de convencer a la ministra de Igualdad -mujer abierta de miras donde las haya- sobre la idoneidad del evento:

Isabel fue madre de cinco hijos y como tal ejerció; como madre trabajadora, gobernó con mano firme en Castilla y, fruto de su audacia, extendió su reino hasta los confines de la tierra. Hoy sería eso que dicen ‘mujer de éxito’, de las que salen en Vanity Fair, pero con motivos -no por ser esposa de su esposo-. 

La Católica tenía eso que llaman visión de Estado -algo de lo que andamos ahora tan cortos- en un momento crucial para la historia de España, de ahí que se antepusiera en varias ocasiones la toma de Granada a otras empresas que el matrimonio tenía pendientes. Fue compañera y amante de su marido, el Rey-soldado -con el que tuvo algunas trifulcas que solían arreglar a lo grande-, con el cual compartió sus proyectos sin perder su criterio e independencia. En la guerra se ocupó de la intendencia y la financiación; creó un hospital de campaña -que hoy habría sido muy criticado por la izquierda, por cierto- con todo el personal sanitario necesario y, llegado el momento, tuvo los redaños para presentarse en el frente y arengar a sus desmotivadas tropas en los peores momentos. Su sola presencia tenía el efecto de desanimar al enemigo. Aunaba fuerza y determinación

No ha de preocuparse la Sra. Montero de ser tildada de franquista, por lo menos por parte de los que sabemos leer y escribir

Pero sin duda, la mayor muestra de inteligencia de Isabel la Católica -a la altura del apoyo que dio a Colón para iniciar la gran aventura- fue la de comprender -después de varios pactos frustrados con los nazaríes- de forma meridiana que el islam era el enemigo de España y que jamás se podría bajar la guardia ante él. Su lucha fue una lucha por la supervivencia. Y esa herencia que dejó, estamos a punto de echarla a perder. 

Por cierto -esto le va a gustar mucho a la ministra de Igualdad que creo que no lo sabe-, Isabel fue una adelantada a su tiempo en lo que se refiere a los derechos de los indígenas americanos. Prohibió la esclavitud -práctica habitual de la época- y ordenó que los habitantes del Nuevo Mundo tuvieran la ciudadanía española como hombres libres. Tal cual le dijo al mismísimo Colón cuando éste se plantó en Cádiz con esclavos para vender: «Y no habéis de traer esclavos». Eso es empoderamiento.

Todo un carácter. Toda una Mujer. Toda una Reina. Perdón, toda una Jefa de Estado.

Me gustaría aclarar a la ministra de Igualdad para su tranquilidad, que Franco nació el 4 de diciembre de 1892 -es muy fácil bailar los números y confundirlos con 1492-, es decir, 400 años después de la Toma de Granada. No ha de preocuparse la Sra. Montero de ser tildada de franquista, por lo menos por parte de los que sabemos leer y escribir. 

Espero que mi propuesta no caiga en saco roto y se aprecie mi esfuerzo por analizar nuestra historia con perspectiva de género. 

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