Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936) es escritor. Ha sido en dos ocasiones Premio Nacional de Literatura. Ha ganado el Planeta, el Fernando Lara y el Ondas. Como periodista de prensa, radio y televisión ha hecho de todo en medio mundo. Ha sido profesor de Lengua, Literatura e Historia en trece universidades de Europa, Asia y África. Sigue en la brecha.
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Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936) es escritor. Ha sido en dos ocasiones Premio Nacional de Literatura. Ha ganado el Planeta, el Fernando Lara y el Ondas. Como periodista de prensa, radio y televisión ha hecho de todo en medio mundo. Ha sido profesor de Lengua, Literatura e Historia en trece universidades de Europa, Asia y África. Sigue en la brecha.

Siente a un payaso a su mesa


Mientras miembros del partido socialista ven cómo empieza a colmarse el vaso de gotas de agua, los morados consideran que el desarrollo de la polémica no sólo ha podido beneficiarles en la recta final de la campaña electoral catalana, sino que no cuestiona la presencia de Pablo Iglesias en el Gobierno: «¡Cómo van a echarle del Gobierno por decir la verdad!».

Son las cuatro de la tarde del domingo. Acabo de leer el párrafo transcrito en otro periódico. Lo firma Raúl Piña. Su última línea, entrecomillada, y a contrapelo, porque estoy a solas, me mueve a esbozar una sonrisa y a deslizar un comentario…

Verdad es que la democracia española no es completa, ni absoluta, ni ejemplar, ni normal

¡Pero hombres de Dios, aunque en el caso de Podemos, por muy morados que se pongan en el rico festín de barra libre servido por las arcas del Estado, la mención de Dios suene a sarcasmo! ¡Pues claro que decir la verdad es motivo más que suficiente para ser expulsados de un gobierno que ha convertido la mentira en salvoconducto sine qua non para seguir en él! Fue Antonio Machado, que era de izquierdas, y no su hermano Manuel, que fue franquista, quien escribió aquello, tan sobado, tan cierto, de que la verdad es la verdad, dígala yo o Pablo Iglesias.

Un sistema que reconoce el derecho de delincuentes convictos, confesos y condenados en sentencias firmes a repicar en las listas electorales

Y, en efecto, verdad es que la democracia española no es completa, ni absoluta, ni ejemplar, ni normal. ¿Cómo rediós ‒vaya… Otra vez la divinidad al canto‒ podría ser todo eso un sistema político que no persigue a los okupas, que ampara la doble imposición vigente en los impuestos de patrimonio, sucesión y donaciones, que no defiende las fronteras, que reconoce el derecho de delincuentes convictos, confesos y condenados en sentencias firmes a repicar en las listas electorales y a apalancarse en los escaños de los parlamentos, y, sobre todo, que firma pactos de gobierno con partidos de ideología abiertamente totalitaria, separatistas y contrarios a la Constitución?

Pero en fin… Dejo eso. Son ya casi las cinco. Pongo la tele para ver cómo van las cosas en Cataluña y me entero ‒otra sonrisa‒ de que a primera hora de la mañana, puntual a la cita, se presentó en una de las mesas electorales, previamente convocado para figurar en ella, un socarrón individuo que se había vestido de payaso. Y no, no era Boadella, que anda el hombre convaleciendo del Covid en su Álcazar del Ampurdán y doy por hecho que no ha ido a votar aunque las normas se lo consientan. Seguro que es hombre educado y no quiere contagiar a nadie ni que los fachas le monten una carnavalada con visos de canallada.

El grueso de los todólogos de la tele se asombran por lo del payaso mientras yo, que tengo mejor memoria o soy, simplemente, más viejo que ellos, recuerdo que en las primeras elecciones democráticas posteriores a la muerte de Franco en la cama ya pasó en Madrid lo que hoy ha pasado en Barcelona. Tal cual. El miembro de no sé qué mesa acudió a ella disfrazado de clown, ignoro si como homenaje póstumo a Pompof, a Tedy, a Zampabollos o a Nabucodonosorcito, que eran los componentes del Cuarteto de la Risa que actuaba en el Circo Price cuando yo era un arrapiezo de pantalón corto y travesuras largas.

Voy a informarme de si a mi edad me puede tocar ser miembro de mesa y si la pesquisa arroja resultados positivos, igual me compro un traje de payaso

Aquel episodio me pilló en Fez, en cuya universidad andaba yo entonces de docente, y lo celebré en compañía de un gran amigo, también profesor allí, que ya murió y con el que desgraciadamente no puedo celebrar ahora esta secuela. Sírvanos de disculpa ante los sacerdotes de la santa democracia que los dos, en aquella época, éramos simpatizantes de la CNT y anarquistas pacíficos a más no poder. Bueno… La verdad es que yo, a mi manera, cada vez más escéptica, sigo teniendo bastante de lo segundo.. 

No sé si a los ochenta y cuatro añitos, que son los que también por desgracia tengo, todavía me puede tocar la china de ser nombrado miembro de una mesa en el futuro y antes de que la Parca se me lleve. Voy a informarme y si la pesquisa arroja resultados positivos, igual me compro un traje de payaso. A mi edad ya se pueden decir cosas como éstas a riesgo de ser severamente amonestado o incluso denunciado por los guardianes de la ortodoxia democrática, la brigada de las buenas costumbres y el Ejército de Salvación del Sufragio Universal. Aunque soy tan pequeñito y tengo tan poca voz aún me atrevo a gritar «¡Viva la Madre de Dios, digo, la Santa Meritocracia!». Amén.

PD – Fueron pasando las horas y el recuento. Dos días antes había apostado a que VOX sacaría en Cataluña doce escaños. A las 11 y 24 de la noche colgué en mi cuenta de Twitter este comentario: “Sólo me equivoqué por uno. VOX es ya el mástil, el bauprés, el gobernalle, la quilla y el mascarón de proa de la nave de la oposición al Gobierno. No hablo de Cataluña. Hablo de España. Al tiempo”.

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