«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Sintaxis a la europea

29 de junio de 2016

Afirmar que: “Con las cosas de comer no se juega” y que “Los experimentos hay que hacerlos con gaseosa y no con champan” parecen ser dos máximas que el señor Cameron no ha entendido en su limitada visión de la realidad,  pero por extensión, no parece que los jerarcas de Bruselas, Luxemburgo y Estrasburgo, se den por enterados de que el modelo de Europa que están queriendo diseñar, tampoco se ajusta a la realidad deseada, al menos de momento, por un  numeroso grupo de ciudadanos, quizá más numerosos de lo que los medios de comunicación oficiales, políticamente correctos, están dispuestos a admitir, reconocer y a actuar en consecuencia.

¡Gran Bretaña, digamos la verdad (veremos como lo visten) no se va a ir de Europa, simple y llanamente porque no puede,  es imposible! Un hombre puede renunciar a su condición, pero no deja de ser lo que es. Entre otras poderosas razones, porque el Reino Unido está y es Europa. ¿Cómo quiera estar en Europa? esa es otra cuestión. A lo largo de la dilatada y compleja  historia de Europa, antes, muchísimo antes, de que a nadie se le ocurriera este invento de la UE, no se ha prescindido nunca de su presencia e influencia,  porque forma parte consustancial de este continente político, militar y cultural,  les guste o no  circunstancialmente a una mayoría de ellos o no les guste a los demás europeos…   No es un problema de opinión, ni electoralmente medible, aunque al ignorante de  Cameron se lo pareció,  ¡hay desconocer la historia mucho, para plantear si el Reino Unido es Europa o no! Otra cosa es formalmente como se pertenece a Europa.

Ser europeo es una condición cultural, fruto de la historia, no una alternativa de elección democrática en una generación. No hay más que recorrer los cementerios de Francia, Alemania  o Italia para ver las cruces de británicos muertos por causas europeas, desde Crecy, Blenheim, Trafalgar, Waterloo,  Normandía, Montecasino y tantos otros lugares donde reposan sus muertos, la mayor afirmación de hermandad que existe es luchar y morir en, por y para, el control de la casa común, una forma, aunque conflictiva, de ver al mundo y nuestra posición en él,   compartiendo tumbas  entre nosotros mismos, regando con sangre los campos de Europa, desde Narvick a los Dardanelos. ¿Es que alguien puede pensar en una Europa sin los hijos del Reino Unido, nuestra común tradición de filosofía griega, religión cristiana, derecho romano y germánico, la ilustración, la revolución industrial, el sistema parlamentario… ¿Cómo se puede. sin traicionar la esencia de Europa, exilar a Shakespeare, Thomas Moore, Locke, Darwin, Adam Smith, Newton… cultural y anímicamente apartarlos de Copérnico, Cervantes, Lutero, Miguel Angel,  Goethe, Dante, Beethoven, Flaubert…?  En fin son europeos.

¿Qué va a pasar entonces? Lo que no puede ser, como dicen los castizos, además es imposible, se intentará cubrir con un tupido velo de palabras y retruécanos legales,  crear una situación, en que se alcance una fórmula que permita, muy británica por cierto, continuar con el  “business as usual”, sin ofender ni al libre ejercicio del derecho a votar de los británicos, ni  vulnerando los derechos del conjunto de los europeos, entre otras cosa porque lo contrario no es posible, ni económica, ni militar ni políticamente.

Tendrán sin embargo que plantearse nuestras cúpulas  bruselenses, si aceptan esta discrepante realidad europea: ¿Qué clase de Europa quieren y si esta es compatible con el sentir de los diversos pueblos europeos? Quizá haya que reducir esa macrocefalia impersonal comunitaria con miles de funcionarios cuyo “job description” no está claro, incluso, como en el caso español, cuando acaba por convertirse en un cementerio de elefantes, diputados,  para políticos locales, con muy poca o ninguna capacidad resolutoria.

¿Están las potencias gubernamentales reales dispuestas a abdicar de su soberanía política y desmontar gran parte de los aparatos políticos  nacionales, con los despidos correspondientes a escala local, o  habrá que instrumentar un parlamento en que solo están representados los miembros de los gobiernos respectivos, un parlamento de parlamentos, y retirar toda la infraestructura del actual?  

Consideremos por un momento la personalidad y relevancia de las distintas naciones europeas: Alemania, Francia, Italia España Gran Bretaña, Centro Europa… no es fácil encajar a tales pesos pesados en un esquema de laboratorio, habrá que ir más despacio, encajándoles con finura y respeto a las tradiciones,  respetando su forma de pensamiento y culturas particulares y desde luego no intentando imponer una visión de corrección política. Por ejemplo no se puede demonizar, aunque no estés de acuerdo con lo que dice,  al presidente Orban de Hungría, por unas declaraciones, que resulta que luego, una encuesta de “Le Figaro”  arrojó el resultado de que más del 80% del pueblo francés estaba de acuerdo él… Europa no es un laboratorio de unos teóricos. El Brexit no es más que el último aldabonazo, que nos señala inequívocamente  que hay que cambiar de rumbo, precisamente para fortalecer a la verdadera Europa y no la de los despachos: este aviso no es un hecho aislado, viene tras la negativa, primero holandesa y luego francesa, a la constitución europea… ¿Por qué? No será que no les gustaba…Analicemos por qué a los pueblos no les gustaba ¿Por qué se ha intentado tapar la absoluta discrepancia popular en Europa Central y Alemania con la política migratoria, y a quien estaba en contra se le tachaba de “fascista y xenófobo”?

    Parece una broma, que me perdonen los referidos, pero el que al frente de tan “poderoso continente” tengamos, con todos los respetos hacia sus personas,  a un Juncker o a un Barroso… ¿No nos parece, cuanto menos extraño, que al frente de semejante acorazado, tengamos a individuos que provienen de pequeños reductos provincianos comparados con la superestructura europea, tan compleja y potente? Personas que  obviamente carecen de la fuerza que da el peso específico de ser primeras espadas de alguna de las grandes naciones.

 Políticos de peso que puedan impulsar cambios sin tener que estar permanentemente consultando a sus “mayores”.

    La generación que padeció  las dos últimas guerras europeas, ya ha pasado prácticamente a mejor vida, los jóvenes se olvidan e ignoran el pasado, aun el inmediato,  la principal razón por la que tal unión e ideal se propuso, y gozo del beneplácito universal, donde quiera que se encontraran, fue el evitar conflictos como los anteriores. Hoy, unas nuevas generaciones, -cuando falsamente impera el convencimiento que la paz entre naciones europeas es gratuita – no se lo plantean, y se cuestionan extremos que tras  aquel infierno nadie hubiera dudado en sacrificar a cambio de la paz.

 

    Es un desafío el que se le plantea a nuestros gobernantes, avisos que deberían darnos motivos para ahondar en las esencias, y no perder el tiempo en intentar frívolamente plantear un modelo de Europa que carezca de los valores propios de la “Europeidad”, la de verdad, aunque de momento no nos dejemos engañar  por tantas palabras altisonantes y teatro, ese es el mundo de los políticos, y no lo digo con censura, es normal que sea así, vende titulares, la realidad: Ese “inglés” de toda la vida, le seguiremos viendo por aquí… 

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