«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Ilicitana. Columnista en La Gaceta y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monóculo.

Surfear el tigre

27 de octubre de 2026

Asturias es la tierra donde hasta los surferos de la primera hornada eran antifranquistas. Lo leí este verano en El Mundo, así que no tengo motivos para dudar de la calidad y la veracidad de esta información. Reconforta saber que en el endless summer asturiano, esperando la big kahuna en la playa de Anguileiro, también había melenudos que luchaban por la democracia y la libertad.

Es raro que estos surfistas no hayan sido invitados a la cuadragésima sexta edición de los Premios Princesa de Asturias celebrados la semana pasada bajo el signo de la esperanza. La que sí ha ido es Patti Smith, «iconoclasta» y «referente del activismo» según la Fundación que organiza el sarao. Uno de los grandes éxitos de Patti, ya lo sabemos, fue el People have the power. El título y la canción tienen algo de provocativos en los tiempos que corren. Huelen a solución sencilla para problema difícil. Sin ir más lejos, la propia Leonor, al igual que cualquier joven de su generación, se preguntaba en su discurso del Teatro Campoamor cómo mantener el entusiasmo en esta época de «extremismos», «populismos», «guerras tecnológicas híbridas», «realpolitik» y otros cilicios conceptuales que aprietan el muslo a gente que no pertenece a su generación.

No soy Ignatieff, que es con quien la Princesa de Asturias tiene confianza, pero si pudiera, le preguntaría si cree que Marruecos tiene capacidad tecnológica suficiente para hacer la guerra híbrida. A la invasión ceutí se le llamó «crisis migratoria», incluso por los diarios expertos en estas nuevas modalidades bélicas. Luego nos enteramos, con la debida tardanza, de que un buque de guerra moro hizo ¡chas! y apareció a nuestro lado, en aguas territoriales españolas. Un hecho que nuestro Gobierno ha descrito como «puntual» y que tampoco parece haber alterado mucho a los mandarines de la UE, tan raudos en otros casos a la hora de imponer paquetes de sanciones.

La mano híbrida de los rusos, en cambio, es alargada. No sólo nos dicen que son responsables de los incendios veraniegos en Burdeos, y que lo serán de la posible victoria del RN en las próximas elecciones presidenciales francesas. La última hazaña de Putin, al alimón con Irán, ha sido estar detrás de los disturbios del 17 de octubre. Lo ha dicho Caroline Fourest, amiga de Bernard-Henri Lévy, de las FEMEN y gran defensora del «derecho a la blasfemia» siempre y cuando se dirija contra los católicos. Ya no estaríamos ante el horror del «islamo-izquierdismo», sino ante el contubernio definitivo: el «chiísmo-ortodoxo-comunista-wesh-wallah-nique ta mère». Una reducción perfecta del mal a lo Pedro Ximénez, o más bien a lo Federico Jiménez. 

Al final va a tener razón el actor y cronista radiofónico Thomas Séraphine. El lío de hace una semana —y lo que queda— nos ha hecho jugar a una especie de Cluedo social donde cada uno ha señalado al culpable que más le convenía. El mayordomo, Macron, no ha sido el sospechoso más elegido. La mayoría, a pesar de esos medios que siguen ocultando el origen de los delincuentes, ha podido observar a la racaille en acción. Tampoco hace falta un «paper» para saber quién les pastorea. Pero quizá convendría preguntarse y darse cuenta, amigos, de quién les ha traído, quiénes sacan rédito en última instancia y, sobre todo, de quién son el ejército de reserva. Quién capitaliza a ese contingente que lo mismo te baja el coste de la mano de obra que te siembra el caos o ejerce el terrorismo de baja intensidad. Hasta que se viene arriba. 

Los surfistas llaman «monstruo» a una ola peligrosa que es muy difícil de domar. Ahora nos toca ver cómo la cabalgan los partidos del cambio político que se avecina en Europa.

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