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(Buenos Aires 1968) Periodista. Licenciada Ciencias de la comunicación / Universidad de Buenos Aires. Especializada en comunicación política y en campañas políticas. Es autora teatral y de cuentos infantiles. Gestora y productora cultural. Columnista en el Diario La Prensa y en La Derecha Diario.
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(Buenos Aires 1968) Periodista. Licenciada Ciencias de la comunicación / Universidad de Buenos Aires. Especializada en comunicación política y en campañas políticas. Es autora teatral y de cuentos infantiles. Gestora y productora cultural. Columnista en el Diario La Prensa y en La Derecha Diario.

Todos contra Javier Milei

¿Ha sentido, amable lector, la desesperación de debatir con alguien que usa el postureo del hipersentimentalismo? ¿Ha estado a merced del que usa esa compasión sobreactuada y pretenciosa, que señala desde un podio imaginario lo que está bien y lo que está mal, usando premisas morales que resultan palmariamente incongruentes? ¿Estuvo alguna vez en una conversación en la que Ud. termina siendo un insensible o un inhumano por argumentar con datos y documentación científica? 

Es agotador y (muchas veces) inconducente razonar cuando existe una asimetría valorativa que establece un dogma conductual contra el cual es imposible debatir. Se trata de una forma de obrar instituída con el fin de deshonrar a alguien, que establece que ante cualquier premisa del contendiente hay que utilizar infundios autoexplicados como decirle facho o nazi con el imperativo de sembrar dudas sobre el difamado para socavar su prestigio personal. Y hablando de nazis, fue justamente el Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, Paul Joseph Goebbels​​ quien popularizó la premisa: “Miente, miente, que algo queda”. Una rastrera manera de adoctrinar, más vieja que el viento.

Hace pocos días el economista y candidato a diputado Javier Milei sufrió uno de esos ataques que pondrían orgulloso a Goebbels, una arremetida mediática coordinada entre medios adictos al gobierno kirchnerista y medios teóricamente opositores. El disparador fue una entrevista en la que Milei decía lo que dice siempre: el capitalismo es moral y estéticamente superior. Para quienes quieran ver lo que dice Javier, está disponible acá:

Lo que ocurrió después fue una catarata de insultos de parte de una horda de periodistas que lo acusaron de nazi hitleriano (si, ese es el nivel del periodismo prime time argentino) y otra serie de barbaridades. Aparentemente lo que molestó es que Milei dijera que algo era superior a otra cosa. Tiene lógica que en la cabeza de quienes tienen al mérito como mala palabra, la idea de superioridad cause tirria. De los periodistas kirchneristas no sorprende, el desprecio por el esfuerzo y el merecimiento va de suyo, pero no fueron sólo kirchneristas los que consideraron que si alguien dice que una cosa es superior a otra es un nazi. ¿Por qué ocurre esto? Porque la inmensa mayoría del periodismo tiene formateado su “razonamiento” en el resentimiento de la moral socialista, no pueden salir de ese corsé.

Vivimos en una de las épocas más liberticidas de la historia, en donde globalmente se han cercenado libertades básicas que la humanidad creía conquistadas y que cayeron en pocos meses aplastadas por las manos de políticos y burócratas que se arrogaron el derecho de saber lo que era bueno para la humanidad. Aunque a la humanidad no le guste. En gran escala la libertad fue vendida por monedas, a causa del miedo y la sinrazón. En este triste contexto parece necesario volver a explicar la base moral de la defensa de la libertad que fue la que permitió que surgiera el capitalismo, ese que trajo la mayor prosperidad conocida, que sacó a más personas de la pobreza, que hizo crecer el nivel y la duración de la vida y que, claramente, los socialistas odian.

El patrón común de la ingeniería social es la arrogancia de pretender modelar al mundo según su propio prisma

En el corazón de la defensa de la libertad está el individuo, el único que sabe lo que es bueno para sí mismo, y que puede decidir cuál es su proyecto de vida. Nadie puede obligar a un individuo a ser lo que no quiere, ni a decidir por él cómo persigue su propia felicidad. Por eso, respetar ese derecho es una premisa fundamental del liberalismo. A su vez cada individuo busca en la cooperación con otros realizar su proyecto y gracias a ellos se logra el progreso. La superioridad moral del liberalismo se encuentra en el respeto irrestricto de la suma de los proyectos individuales y por eso se diferencia de los colectivismos que pretenden imponer un único proyecto y gobernar según lo que unos pocos deciden que es “el bien común”. La diferencia es clara: el liberalismo se basa en el respeto y el socialismo (que es una de las formas de colectivismo) se basa en la coerción, la restricción y la imposición de unos sobre otros.

El análisis de la realidad, la historia de la evolución y la acumulación de conocimientos, indican que para que exista progreso debe haber colaboración. Hasta los que quieren que la gente viva del autocultivo de rabanitos y el intercambio de telares, entenderán que cada elemento que compone su proyecto viene del intercambio y la colaboración de siglos de evolución. Esa colaboración se organiza en vínculos y para el liberalismo, esos vínculos son la consecuencia de la acción de colaborar libremente y no una imposición que deba ser diseñada por algún tipo de ingeniero social, que tienen muchos nombres a lo largo de la historia, pero cuyo patrón común es la arrogancia de pretender modelar al mundo según su propio prisma.

Es muy fácil ser virtuoso de un mundo inexistente saltándose los obstáculos de lo real

Para quienes defienden la libertad su causa es superior, dado que ser libre es mejor que no serlo, se entiende. En el socialismo la única libertad que existe es la de obedecer al poder (el burócrata, el político) que deliberadamente se apropia de los derechos de los individuos, semejante mezquindad es moralmente inferior. Entonces todo sistema que propicie la libertad, la cooperación y el intercambio libre es mejor y en consecuencia su producción es superior. Si analizamos el desarrollo logrado por los sistemas que respetan la libertad del individuo y lo comparamos con los “logros” de los sistemas de planificación central donde el colectivo está por encima de la persona, se demuestra claramente que el Capitalismo es superior al Socialismo. Datos son datos.

Sin embargo, a Milei por afirmar que el Capitalismo es superior lo tildaron de nazi. ¿Cómo llegaron a esta conclusión? A través de la mejor herramienta que tiene el socialismo, la inmadurez emocional, que en los adultos se llama resentimiento. Como son inmunes a los datos y confunden ciencia con consenso, los socialistas no se atienen a la realidad. Son los militantes de utopías y proyectos irracionales donde el cielo es el límite. Es muy fácil ser virtuoso de un mundo inexistente saltándose los obstáculos de lo real. Y esto no es inofensivo ya que, como buenos vendedores de crecepelo, los militantes de utopías prometen lo imposible allí donde los que creen en el trabajo y el esfuerzo sólo pueden prometer lo posible y fatigoso.

Los periodistas que insultaron a Milei son muy diversos siempre que se diga lo que ellos quieren

Mientras el capitalismo funciona en el plano de la realidad sobre la que busca transformaciones con la cooperación, el socialismo funciona en el plano del delirio utópico en donde los individuos son piezas instrumentales para alcanzar una felicidad empedrada de tragedias y muerte pero que promete un final feliz (que por supuesto nunca llega). El capitalismo propone esfuerzo, respeto por el otro y trabajo para transformar la realidad. El socialismo propone igualitarismo quitando desde el poder a unos para equiparar con otros en esa moral en la que no se premia lo que es mejor y en donde el logro es un pecado que no se debe nombrar. 

Es la soberbia la que lleva a los intervencionistas a creer que las sociedades equiparadas de arriba para abajo, más allá de la voluntad de las personas, son un paraíso alcanzable y es esa es la moralina del igualitarismo sensiblero e irracional, la que reina en la corrección política mediática que descalifica a cualquiera que se salga del discurso oficial. A los periodistas que insultaron a Milei les molesta que alguien desafíe el pensamiento único de la moral socialista y sobre todo les molesta que se plantee que hay una moral superior. Son muy diversos siempre que se diga lo que ellos quieren. 

En el club de la hipocresía que se organizó alrededor del escarnio al economista, no se puede decir que algo es más bello que lo otro

Para su estructura mental socialista está bien coaccionar a los individuos para que no haya mejores ni peores, no exista la competencia ni surja de ninguna disciplina nadie que resalte. Si para el liberalismo la justicia es para todos igual, para el socialismo la justicia es la encargada de igualar a todos imponiendo privilegios y cupos para lograr una sociedad uniforme y chata donde nadie descolle. Simplemente son dos concepciones distintas de justicia. De nuevo, el liberalismo busca una justicia posible: tratar a todos por igual sin distinciones ni privilegios, mientras que el socialismo busca una utopía: que todos sean idénticos aunque para lograr que todos tengan la misma estatura haya que cortar algunas piernas y algunas cabezas. 

Además Milei irritó al consenso socialistoide con la palabra “estética”. Aparentemente la armonía y la belleza son una condición nazi. En el club de la hipocresía que se organizó alrededor del escarnio al economista, no se puede decir que algo es más bello que lo otro. Curiosamente el insulto provino de periodistas que gastan ingentes cantidades de dinero para acercarse a un parámetro de belleza del que, frente a cámaras, abjuran; y de canales de noticias que compiten para ver quién pone al aire conductoras más parecidas a vedettes de teatro de revistas del siglo pasado. 

Milei desafía el statu quo de la política diciendo que tiene una propuesta moral y estéticamente superior y eso es algo que, para los voceros del igualitarismo autoritario, es un escándalo

La estética es una disciplina filosófica que estudia las condiciones de lo bello en el arte y en la naturaleza. Constituye una serie de aspectos relativos al desenvolvimiento armónico del individuo y su libertad creadora dirigida a la producción de lo elevado o lo excelso, e incluye un aspecto subjetivo: el goce por una manifestación o una producción en virtud de la excelencia. La expresión más generalizada se da en el arte, extendiéndose a la arquitectura, la moda, la gastronomía y mil disciplinas más en las que una persona pueda encontrar placer. La unidad de lo estético y lo ético en el marco de la libertad constituyen una forma de realización personal a la que Milei calificó como superior. Eso a sus detractores les parecio: nazi.

La ética como representación de la moral y la acción humana, y la estética como el estudio de la esencia y la percepción de la belleza son disciplinas concretas que establecen parámetros de calidad, aptitud o virtud. Querer borrar estas disciplinas o el criterio de escala dentro de ellas no es sólo otra utopía inútil e irrealizable, sino una muestra de autoritarismo y estulticia groseros. Cuando pensamos lo ético y lo estético hablamos de las muchas formas en las que llevamos nuestra vida y nuestras relaciones en busca de aquello que nos hace felices. El problema surge cuando la doble vara de la manipulación mediática trata de convertir esta bella idea en algo malo, simplemente porque va contra el consenso de la uniformidad burocráticamente diseñada. 

Javier Milei se hizo famoso hablando de las ideas de la libertad fuera de los ámbitos académicos. Llegó a los espacios de consumo cultural populares, despertó interés en una ideología que era tabú en casi todo el espectro político argentino. Se ha tomado el trabajo de argumentar es esos momentos en los que todos bajamos los brazos cuando la conversación se torna irracional, sensiblera, maniquea y ridícula. Puso en jaque la pretendida superioridad moral de la izquierda que reina en Argentina desde hace un siglo. Está desafiando el statu quo de la política diciendo que tiene una propuesta moral y estéticamente superior y eso es algo que, para los voceros del igualitarismo autoritario, es un escándalo. Es comprensible, Milei propone una orquesta sinfónica y ellos sólo tienen para dar el ensordecedor ruido de bombos.

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