PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.
Ver biografía
Ocultar biografía
Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.

No es una moda pasajera, es el producto de miedos e intereses lo que lleva a que todos, desde Podemos al PP pasando por PSOE y lo que queda de Ciudadanos, tengan a Vox en su punto de mira. Podemos acusa a los de Abascal de fascistas porque precisamente Vox deja al desnudo su discurso falsamente igualitarista y progresista, dejando nítidamente claro que el comunismo actual es el auténtico fascismo, anti-ilibertades, anti-vida, totalitario, violento y explotador; el PSOE habla de ultraderecha y franquismo porque ha abandonado toda idea de bienestar y progreso que no sea para ellos mismos, fábrica de colocación  de amiguetes y hundido en la corrupción, que sólo sabe ocultar sus pecados recurriendo al miedo y a la guerra civil; Ciudadanos, ese imposible equilibrista en un alambre cada vez más fino, se hincha en la equidistancia entre víctimas y agresores, cuando dice que los de Vox fueron a Vallecas a provocar, cual minifaldera en una discoteca, les faltó añadir; y el PP vive en un sinvivir, porque ve que no suma votantes, sino que se les escapan de entre los dedos. Sus constantes giros no logran frenar esa sangría y culpan a Vox de su incapacidad para entusiasmar.

Seguir creyendo que los inmigrantes ilegales van a pagar nuestras pensiones no es ya signo de ceguera y estupidez, es una traición descarada a los españoles

Podría decirse que las políticas propuestas por Vox molestan, como es el caso de la inmigración ilegal. A la izquierda porque rompe con su estrategia de sustitución de la identidad española por un batiburrillo multicultural; la la mal llamada derecha, esto es, al PP, porque expone lo equivocado de su visión de la inmigración como aporte económico. Hace unos días puede escuchar de un influyente consejero de la comunidad de Madrid, que la inmigración había sido un regalo de Dios para España ya que había sostenido el boom económico de los años de Aznar. Ni una sola consideración a la fricción social, a la competencia desleal que le hacen a los españoles, a los costes para el apoyo social a la integración, por no hablar de la delincuencia y criminalidad asociada. Seguir creyendo que los inmigrantes ilegales van a pagar nuestras pensiones no es ya signo de ceguera y estupidez, es una traición descarada a los españoles. Del actual Gobierno se espera todo lo malo, como la presencia de la ministra de trabajo en un mitin para jalear y aplaudir al líder de los manteros de Madrid. Justo quien ha llevado a la ruina con sus medidas a cientos de miles de españoles, pequeños empresarios, comercios, hoteles, agencias de viaje y restaurantes, entre muchos otros, ampara el comercio ilegal, la falsificación, la entrada ilegal en nuestro suelo y no sé cuantos otros actos delictivos. Pero nadie dice nada.

Y esa es la verdadera razón por la que todos piensan y actúan contra Vox, porque son parte de la misma clase, plácidamente instalada en sus privilegios

Y nadie dice nada salvo Vox, porque eso es el establishment y sus reglas. Y esa es la verdadera razón por la que todos piensan y actúan contra Vox, porque son parte de la misma clase, plácidamente instalada en sus privilegios y esencialmente dedicados a mantenerlos o ampliarlos. ¿Ha renunciado Pablo Iglesias a sus prebendas como exvicepresidente a pesar de lo que marcan las normas internas “´éticas” del buen militante de Podemos? ¿Ha rechazado Pablo casado los parabienes aso ciados al título de “líder la de la oposición” a pesar de tener dificultades para serlo dentro de su partido y haber tenido contrincantes que le disputaban ese supuesto honor? Ni lo uno ni lo otro porque ambos dependen vitalmente de estar por en cima de los demás.

Los errores de Ayuso, que han sido muchos y graves a pesar de sus notables aciertos, han quedado sepultados gracias a los errores de Sánchez y a la inquina mostrada reiteradamente desde su gobierno contra ella. Pero de cara a las elecciones de este 4 de mayo el mayor error de Ayuso es ser del PP. Ya lo ha anunciado su jefe Pablo Casado: “votar a Ayuso es votarme a mi para presidente”. A Ayuso la ha hecho buena la pandemia y el Gobierno socialcomunista. Con ella hemos podido disfrutar de un régimen carcelario más relajado que en el resto de España, con un rato mayor para estar en el patio. Que no es poco, pero no es suficiente. El PP también es la acogida de menas a un coste injustificable; es la educación inclusiva de todos y todas; es la ley de género, castigo preventivo de los hombres; es el 8M de Cuca Gamarra; es el arrepentimiento ante los independentistas catalanes, como hizo el mismo Casado en la radio separatista RAC1; es la ley de memoria histórica que aspira a borrar todo lo bueno y lo que no encaja en la izquierda de la Historia de España.

Hay que acabar con la socialdemocracia blandita cuyos cambios sólo buscan volver al poder para hacer lo de siempre

El problema de Ayuso es que se ha hecho grande en estos meses por hacer política frente al gobierno de Sánchez. El problema de Casado es que sólo sabe y quiere hacer gestión, algo de lo que siempre se ha jactado el PP.  ¿Quién cree usted que se impondrá tras el 4M, el gobierno de Ayuso o la gestión de Génova? ¿Madrid, Génova, Galicia o Andalucía?

La única forma para que gane Ayuso y el PP no triunfe en su política de bipartidismo rancio y corrupto, en su buenismo frente a la izquierda, en su fría gestión frente al alma de las personas, es votar a quien puede limitar sus peores tentaciones e ideas. Y ese es Vox.  Es verdad que las elecciones a la comunidad no son las generales, pero en esta ocasión van muy unidas. Por eso no sólo hay que acabar con la izquierda, totalitaria y opresiva; también hay que acabar con la socialdemocracia blandita cuyos cambios sólo buscan volver al poder para hacer lo de siempre, perpetuar las políticas de izquierdas frente a los intereses de los españoles. Que los madrileños y los españoles sean lo primero, está en su mano. Es lo que defiende el partido de Santiago Abascal. Ni más, ni menos. 

Deja una respuesta