'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
Kiko Méndez-Monasterio es escritor y periodista. Ha sido director de La Gaceta desde 2015 hasta 2017. Madrileño de 1972. Reaccionario de siempre. Después de que sus relatos fueran premiados en distintos certámenes literarios –Camilo José Cela, Decano Pedrol, Jorge Ortúzar...– publicó una recopilación titulada Lo nuestro y lo triste y una primera novela, La calle de la luna, que Horacio Vázquez Rial celebró de esta manera: “Hay aquí un escritor de verdad. Y juro que no son muchos”. Los domingos, en Radio Intereconomía, dirige la tertulia Los últimos de Filipinas.

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Kiko Méndez-Monasterio es escritor y periodista. Ha sido director de La Gaceta desde 2015 hasta 2017. Madrileño de 1972. Reaccionario de siempre. Después de que sus relatos fueran premiados en distintos certámenes literarios –Camilo José Cela, Decano Pedrol, Jorge Ortúzar...– publicó una recopilación titulada Lo nuestro y lo triste y una primera novela, La calle de la luna, que Horacio Vázquez Rial celebró de esta manera: “Hay aquí un escritor de verdad. Y juro que no son muchos”. Los domingos, en Radio Intereconomía, dirige la tertulia Los últimos de Filipinas.

Tronos y cadalsos

12 de junio de 2014

Por el Madrid rojo se paseaba Alberti, adornado con canana y pistolón, dejando tras de síun hipido de miedo, todo lo contrario al reguero de belleza que había sembrado cuando era marinero en tierra. No era el único. En esos tiempos del horror se vieron muchos disfrazados de milicianos, algunos incómodos, otros convencidos de que les favorecía la estética armada, como si el plomo le diera más peso a sus frases o a sus versos. Y es cierto que sus poemas de guerra se hacían pesadísimos, a veces uno casi prefiere que le disparen antes de tener que leerlos.

Tampoco fue algo nuevo. Existe una irrefrenable querencia a la algarada del artista descreído, como si las barricadas le aliviasen su aburrimiento y su frustración. El fenómeno es independiente del talento, porque ha sacudido a genios y a necios, a Rimbaud en la comuna y al miserable de Sartre en ese mayo estúpido de París, cuando los niñatos nacidos en la paz y en la penicilina jugaban a hacer frases, y deshacían con sus consentidas puerilidades los treinta gloriosos de occidente. El sesentayochismo -que en Francia ya estátan desprestigiado como Vichy- aquítodavía empapa desde la novela con etiqueta de vanguardia hasta la homilía del cura de jersey de cuello vuelto y barragana. Lo moderno nos llega siempre pasado de moda.

Ahora, en esta época de sucedáneos, lo más revolucionario del panorama es la gestación in vitro de un nuevo Frente Popular, promovido por cuarenta años de una regalada supremacía cultural y política a la izquierda. En cierto modo complace ver el miedo en los rostros de los que han alimentado a la criatura, de quienes creían que al mismo tiempo eran capaces de agitar banderas con el morado y guardar su asiento en el consejo de algún IBEX 35. En eso no hemos perdido nuestro amor por la tradición: en España, desde siempre, tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias. Y puede que ahora esta sentencia de Donoso Cortés se convierta casi en literal, pues el juancarlismo fue el trono donde se refocilaron los nacionalistas y la izquierda, los mismos que ahora le están enseñando la guillotina al heredero.

En mitad de estos tiempos recios -o precisamente por eso- se estádesencadenando el relevo generacional. Asoman los hijos y nietos de la Transición: Albert Rivera, Pablo Iglesias, Santiago Abascal, Eduardo Madina, Felipe VI, Alberto Sotillos, Iñigo Errejón. También hay nuevas caras en el PP, por supuesto, que en Andalucía han colocado a un tipo del que no recuerdo el nombre, pero que por lo visto es un experto en protocolo. Eso estábien, a lo mejor puede alcanzar un sitio en el Congreso como ujier. En realidad a ese partido no le hacen falta escaños para desarrollar su principal labor, que consiste en ponerle las alfombras a la izquierda, hacerles muchas reverencias, pedirles perdón por existir, y solicitar permiso hasta para ir al baño, donde los peperos más estreñidos se ayudarán de los versos de guerra de Alberti. Nunca se han atrevido a leer otra cosa.

 

 

 

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