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María Zaldívar es periodista y licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Católica de Argentina. Autora del libro 'Peronismo demoliciones: sociedad de responsabilidad ilimitada' (Edivern, 2014)
María Zaldívar es periodista y licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Católica de Argentina. Autora del libro 'Peronismo demoliciones: sociedad de responsabilidad ilimitada' (Edivern, 2014)

Trump, culpable y popular

1 de junio de 2024

Tras la condena judicial del pasado jueves, Donald Trump se convirtió en el primer expresidente de Estados Unidos condenado al recibir un veredicto de culpabilidad por falsificar registros comerciales. Después de deliberar durante casi diez horas, 12 neoyorquinos decidieron el destino del expresidente, el Tribunal lo declaró culpable de 34 cargos y ello marca la culminación del primer caso penal contra un primer mandatario americano. El juicio involucró cargos de que Trump falsificó registros comerciales para encubrir pagos de dinero a Stormy Daniels, la actriz porno que dijo haber mantenido relaciones íntimas con él en 2006.

La lectura política del veredicto es obvia: la culpabilidad da al presidente y candidato, Joe Biden, y a sus compañeros demócratas, espacio para agudizar los argumentos de que el exmandatario no es apto para el cargo. El debate es tan sensible y tan vigente que el votante tendrá que juzgar si el proceso judicial llevado a cabo recientemente es un ejemplo del principio de que ninguna persona está por encima de la ley, como declaró el presidente Biden, o si se trata de un ejemplo de persecución política

La siguiente cuestión será qué castigo recibirá el expresidente. Esta decisión recaerá en el juez que dictará la sentencia el próximo 11 de julio.

Los cargos de falsificación de registros comerciales conllevan hasta cuatro años de prisión, aunque los fiscales no han dicho si tienen la intención de solicitar prisión, y no está claro si el juez, que anteriormente en el juicio advirtió sobre penas de cárcel por violaciones de la orden de silencio, impondría ese castigo, incluso si se lo pidieran. Con independencia del tema específico, lo que intranquiliza a sus seguidores es su futuro político; sin embargo, expertos legales consideran improbable que Trump sea sentenciado a prisión. En lugar de prisión, es probable que enfrente multas, libertad condicional, servicio comunitario o una combinación de varias de estas medidas.

Por supuesto, se espera que el expresidente apele rápidamente como lo adelantó antes del veredicto, lo que suspendería cualquier castigo hasta que se resolviera dicha apelación. Este proceso podría tomar meses o incluso un año.

Entonces, a la pregunta de cuáles serán las consecuencias de esta condena en su carrera política, la respuesta es que no afectaría su capacidad legal para postularse para presidente ya que la Constitución no lo prohíbe. 

Trump enfrenta otras tres acusaciones por delitos graves, pero el caso de Nueva York era el único que llegaría a una conclusión antes de las elecciones de noviembre, lo que aumentó la importancia del resultado. Aunque las implicaciones legales e históricas del veredicto son evidentes, las consecuencias políticas lo son menos. El protagonismo de Donald Trump supera hasta un escollo de esta trascendencia. 

Para otro candidato o en otra época, una condena penal podría llevar su postulación presidencial a un seguro naufragio, pero la carrera política de Trump ha resistido dos juicios políticos, acusaciones de todo tipo, investigaciones varias como posibles vínculos con Rusia hasta conspiraciones para anular una elección e historias de su vida personal. Los medios se han ensañado con el personaje y, entre sus modales displicentes y fake news, aún ha logrado sobrevivir políticamente y permanecer. 

Además, los votantes conocen las acusaciones generales de este caso desde hace años y, en general, se las considera menos graves que los cargos que enfrenta en los otros casos.

A partir de ahora, el reciente veredicto le da al presidente Joe Biden y a los demócratas un argumento contra Donald Trump entendiendo que, por la vía de la política, no han encontrado manera de frenarlo. Claro está que también proporciona material para que el candidato republicano avance con sus afirmaciones de que es víctima de un sistema de justicia que tiene motivaciones políticas en su contra. Otro dato político no menor fue el inmediato respaldo que recibió de dirigentes, legisladores e importantes figuras de su partido.

La respuesta de Trump fue un audio que, rápidamente, se viralizó: «Esta es la batalla final. Expulsaremos a los belicistas de nuestro gobierno. Expulsaremos a los globalistas… Expulsaremos a los comunistas, marxistas y fascistas. Expulsaremos a la clase política enferma que odia a nuestro país. Enrutaremos a los medios de noticias falsas y liberaremos a América de estos villanos de una vez por todas». Las encuestas parecen indicar que se estaría cumpliendo aquella sentencia de Friedrich Nietzsche: «Lo que no te mata, te fortalece» pues la popularidad de Donald Trump, lejos de limarse, aumenta aún en medio de las tormentas. 

Lo cierto es que los medios del mundo en general y los americanos en particular, mayoritariamente woke, se rasgan las vestiduras por un hecho inequívocamente indecoro pero protagonizado por un entonces empresario dentro del marco de su vida privada y marcan una abismal diferencia de reacción con la escandalosa deriva que vivió durante meses el demócrata Bill Clinton con una joven pasante en el Salón Oval y en ejercicio de la primera magistratura. La vara moral parece flexible, respondiendo al color político del denunciado. Resulta interesante aportar otro dato que no sorprende: mientras el presidente Clinton fue absuelto por la política (senadores de todas las bancadas), Trump ha sido condenado por un tribunal popular de una de las ciudades más anti-republicanas del país.

«Soy un hombre inocente. Estoy luchando por nuestro país y nuestra Constitución», afirmó el exmandatario y agregó que el «verdadero veredicto» serán las elecciones de noviembre.

La primera reacción del contendiente demócrata, que días antes había declarado que la Casa Blanca no haría comentarios respecto del juicio y luego los hizo, demuestra que el tema se desarrolla en clave de campaña política: «Hoy en Nueva York hemos visto que nadie está por encima de la ley», dijo en un comunicado. Y agregó un sugestivo comentario que transpira temor a la fidelidad de los seguidores del líder republicano: «Pero el veredicto de hoy no cambia el hecho de que el pueblo americano se enfrenta a una simple realidad. Sigue habiendo una sola manera de mantener a Donald Trump fuera del Despacho Oval: en las urnas».

Trump, predecible, pasó a la ofensiva en la conferencia de prensa ofrecida ayer. Cargó contra el juez, puso en duda la objetividad del proceso y aseguró que estaba dispuesto a empezar de cero. 

Apenas conocido el veredicto, su equipo de campaña lanzó una convocatoria a recolectar fondos y obtuvieron un masivo apoyo de los simpatizantes del Partido Republicano; la plataforma que utilizan para la recaudación colapsó en la siguiente primera hora. La clásicas gorras con la leyenda ‘Make America Great Again’ se tiñeron de negro en clara referencia al hecho al día. Un mensaje de texto lo llamaba «preso político» y las expresiones favorables a su persona y a su candidatura no cesaban. 

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