Trump y los cuerpos viriles
Trump y los cuerpos viriles
Por Hughes
18 de octubre de 2026

No solo elecciones españolas. Se acercan las Midterm norteamericanas y ya las dan por perdida para los republicanos. Culpa de Trump, desastre de Trump, blablablá… La explicación extendida es que seducido o algo peor por Netanyahu se metió en Irak (aunque sin entrar) y esto generó un estrangulamiento en Ormuz y una consiguiente subida de precios del combustible para el norteamericano, que en las elecciones presidenciales piensa en términos de civilización pero en las de Medio Mandato solo en lo que cuesta llenar un depósito. Ya está. Capítulo cerrado.

Sin embargo, Trump ha entrado en campaña. «Yo ya gané, no la necesito». Apoya a sus candidatos a las cámaras en unos mítines que tienen también un cierto aroma a despedida, o a decadencia. No reúne las mismas multitudes y esto se vende en algunos medios y en el Internet repleto de bots como la defunción del MAGA.

Quizás. Cuantos más medios y voces y sitios hay, menos fácil es enterarse. Pero están siendo unos rallies muy divertidos. Trump está más relajado aun, con una cierta desgana que le dispara el sarcasmo. Son monólogos muy divertidos. Hace sus números clásicos, el de la levantadora de pesos impotente que tras varios intentos se ve superada por el hombre trans; baila el Himno Nacional Gay de Village People, por supuesto avisando de que eso lo odia Melania: y cuenta su superación de un test cognitivo sobre la demencia, fácil para él por ser un «genius». «Muchos aquí no lo pasarían» , dijo mirando entre su audiencia. Aparece también su amigo «gordo, viejo y rico, las tres palabras favoritas para el Covid», que del virus murió. Y actualiza el repertorio. La emprende a diario con Talafico, al que llama Talafreako, candidato vegano que lidera las encuestas para la carnívora Texas. Y como promete un cheque de 5000 dólares para cada norteamericano, luego añade que pueden ir a gastarlo en Mar-a-Lago donde probablemente «les cobrarán eso por una hamburguesa y un pequeño postre». Bromea ya con su audiencia (un poco liberado de ella) como los cómicos profesionales. «Puedo decir lo que quiera, que me aplaudiréis»; cuenta cómo va acompañado por médicos que no harían nada si alguien del público se estuviese muriendo, «a usted, por ejemplo, que tiene aspecto de que le va a dar un infarto en cualquier momento». Los médicos ni se acercarán. «No pueden abandonarme». Trump va contando detalles de la experiencia presidencial. Imita la forma en que todo el mundo se dirige a él: «Siiiiir…», Y ese «sir», también un poco autoparódico, lo borda, lo hace extremadamente cómico.

Ha contado que a los de Oriente Medio, o a los árabes en general, a todos les llama siempre Mohamed. «Aciertas en el 65% de las ocasiones». Y ha presumido de haber despedido a miles de trabajadores federales. Pero lo hace de un modo distinto: «Se han buscado un trabajo en el sector privado y ahora ganan más, y sus mujeres les quieren más, incluso les ponen más, de repente sienten una pasión violenta por ellos».

Pero lo más curioso de estos días está siendo la forma en que Trump se ha puesto a hablar de hombres, valorándolos físicamente. A pesar de las acusaciones de machismo y brutalidad, Trump siempre ha tenido amigos gays y además un estilo de viejo gay de Nueva York con gran propensión al comentario y el chismorreo.

Hace un tiempo habló de su amigo, el golfista Arnold Palmer, y elogió su masculinidad. Hasta el último detalle. «No quería pero tengo que contar lo de las duchas. En los campeonatos, todos los golfistas se quedaban asombrados».

Acostumbra a elogiar el aspecto de los deportistas, pero estos días se ha desatado. Está defendiendo a sus candidatos con argumentos de apreciación física.

De Mike Collins, dijo: «Parece sacado de un casting. Me gusta el pelo blanco. Grande y fuerte. Un tipo grande y fuerte. Eso es lo que quiero». Con Trump el problema siempre es la literalidad. Hay que escuchar el hilarante tono que utiliza.

De Jon Ossof, miembro demócrata del Senado con fama de atractivo, ha dicho: «Yo no le veo tan guapo. Mike Collins sí que es atractivo. Y es todo un hombre. Y Rick Jackson también es beautiful-looking guy«. De Jon Ossof dijo que es la persona, hombre o mujer, que ha gastado más en maquillaje en la historia del Senado, para añadir, después, que él mismo se pone un poco de maquillaje «para no parecer un muerto», mientras hacía el gesto de empolvarse la cara.

Contaba en uno de los mítines que cuando llega de noche a la Casa Blanca, un soldado lo anuncia. «Son las 4.40. El presidente ha llegado». El soldado, por supuesto, era «guapo», «como todos estos tipos; ahora se nos permite tener soldados grandes, fuertes y guapos». También contó un encuentro con un policía de Nueva York que le daba las gracias porque con Trump sus inversiones se habían doblado por primera vez. «Mi mujer pensaba que yo era un ‘financial moron’ y ahora cree que soy brillante. Gracia, presidente». Por supuesto, el policía también era «atractivo y medía dos metros».

Pero lo más extraordinario ha sido su apoyo al candidato Jon Husted. «Me paré ahí y examiné su culo (I examined his ass). Nunca había hecho eso. Examiné su culo y luego miré sus hombros. Miré su cuerpo porque no sabía que era un atleta. Miré sus pies. Su mano. Miré su mandíbula estudiándola. Le di una palmada en el hombro y era como un pedazo de acero». Tras esos comentarios, Husted subió nueve o diez puntos en las encuestas. Es la homoerótica del poder. Quizás sea la forma de salvar las Midterm.

TEMAS
Noticias de España