A estas alturas del cuento, no hay un solo español —a salvo los que directa o indirectamente viven del negocio de la inmigración masiva, que no son pocos, a tiempo completo o parcial— que no sea consciente de que la invasión inmigratoria de las últimas décadas y sus consecuencias en todos los órdenes no sea el principal problema al que se enfrenta la sociedad europea.
A estas alturas, no hay un solo español que no sepa que Partido Socialista y Partido Popular crearon un modelo que ha permitido, facilitado, promovido y blindado el fraude, el abuso y la entrada masiva de extranjeros, legal o ilegalmente, legitimando con «indultos administrativos» (arraigo en sus diversas modalidades) o «amnistías masivas» (regularizaciones extraordinarias) la infracción de nuestra Ley, el asalto a la frontera y la creación de espacios de impunidad cada vez más amplios.
La extranjería y la inmigración han sido temas tabúes. Hasta que ya no es posible taparlo. Hasta que los vecinos no pueden más. Hasta que los funcionarios de prisiones denuncian la tasa de internamiento de extranjeros. Hasta que entras en un centro de atención primaria. O en las urgencias de cualquier hospital. O buceas en los datos del desempleo por nacionalidad. O en el coste de las prestaciones sociales. O se filtra un parte de detenidos en una comisaria de Barcelona una noche de agosto.
El Observatorio Permanente de la Inmigración, dependiente del Ministerio de Inclusión, ha publicado la actualización de datos sobre extranjeros residentes legales. Los datos estremecen. Pero aún más pensar que el Ministerio de Trabajo ha acabado siendo el Ministerio de la Invasión. Inclusión es sólo un eufemismo para tapar que tenemos una estructura política y administrativa dirigida a «gestionar» el reemplazo demográfico en lugar de promover el empleo estable y de calidad para los españoles. Gestionar significa promover, incentivar, subvencionar, sostener, justificar y adormecer
Las dos últimas funciones son esenciales. Para el bipartidismo lo más importante es asegurar que una amplia mayoría de españoles viva en la inopia, la ignorancia, el señuelo o la fantasía de que todo va bien, que toda inmigración es buena e inevitable, que sólo vienen niños y mujeres, que vienen a pagarnos las pensiones y que nuestras vidas irán a mejor, que sin inmigrantes desapareceremos y miles de mentiras más que llevan décadas a modo de píldora azul.
Estremecimiento: 1.693.942 de las personas con una autorización de residencia en vigor a 30 de junio de 2025 tienen una autorización de larga duración, lo que les permite residir y trabajar en España indefinidamente en las mismas condiciones que los españoles, pero ello no significa que trabajen y coticen; pues no tienen esa obligación de trabajar; pero sí ganan tiempo para obtener la nacionalidad española por la mera residencia.
Por otro lado, 1.582.980 personas poseen autorización temporal. Y casi 100.000 más tienen una autorización por protección internacional. Estos han crecido un 27% en un solo año.
Uno de cada cuatro extranjeros con permiso de residencia tiene nacionalidad marroquí. Si sumamos a éstos con los procedentes de Ucrania, China, Colombia, Venezuela, más de la mitad. El desglose por continentes es claro: 36% de África, 32% de América Central y del Sur; 16% de Asia y 15% de países europeos no «comunitarios»; fundamentalmente Ucrania y Rusia. En el último año, explosión de permisos para Colombia, Perú, Rusia, Ucrania y Venezuela, con incrementos anuales de dos dígitos. Los marroquíes llegan casi al millón de personas.
¿Y por sexos? Sustancial preeminencia de hombres respecto de mujeres si miramos el Magreb, el Sahel (de Senegal, el 78% hombres), y la Asia musulmana como es Pakistán. Frente a la propaganda de los medios dependientes de Génova y Ferraz, el 98% de los nacionales de Mali a los que se ha dado la residencia por protección internacional son varones. En edad militar. Fuertes y sanos. Curiosa guerra de la que huyen los hombres mientras mujeres y niños quedan a defender con su vida sus casas.