«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

Una golfilla del arroyo

28 de agosto de 2025

«Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna […] Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor, la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos se desplomarán, pero no habrá de dañarse ni un pelo de su cabeza». (G.K. Chesterton. Lo que está mal en el mundo)

La imagen ya se ha convertido en un icono para la revuelta de los pueblos, y tengo para mí que esa foto de una niña escocesa de 14 años blandiendo un arma blanca en cada mano, un cuchillo y un hacha, aparecerá en futuros manuales de Historia como una representación alegórica del fin de nuestra civilización.

Probablemente ya hayan visto el vídeo en el que una niña de 14 años defiende a su hermana de 12 de los intentos de un inmigrante adulto de acosar sexualmente a la menor en una calle de Dundee, en Escocia. El hacha y el cuchillo en cada mano parecen incongruentes al final de esos bracitos delgados e infantiles, un testimonio de desesperación inimaginable.

Hemos tocado fondo. Ninguna legitimidad puede quedar en un régimen que empuja a una niña a llevar por la calle un hacha y un cuchillo y a blandirlos como una Boudica rediviva. Un gobierno que deja deliberadamente indefensas a los más vulnerables de sus compatriotas hasta ese punto es sólo una banda de facinerosos.

Y no es que el Gobierno del laborista Keir Starmer no haga nada. Estoy seguro de que esa niña tiene a mano servidores públicos que le facilitarán, si lo desea, explorar su identidad sexual o su orientación; apuesto que tiene nubes de maestros que le aleccionarán a diario de las bendiciones de la diversidad y legiones de agencias para ‘gestionar su ira’, superar su preocupante eurocentrismo y abrirse a la tolerancia.

Lo que no tiene es quien le proteja en lo que más necesita. Si grita que no puede caminar por la calle de su propia ciudad, que probablemente sea la misma de sus padres y abuelos, sin la amenaza cierta y constante de acoso sexual por parte de recién llegados que no sienten lealtad alguna hacia el pueblo que les acoge, ni ve en las niñas infieles otra cosa que un objeto de deseo lícito, se enfrentará a la mirada fría, cuando no airada y hostil, del gobernante. Hay que mantener el mito a toda costa; a costa, incluso, de permitir que niñas autóctonas sean vejadas y violadas.

La coda de esta historia no es menos sangrante: la policía ha detenido a la corajuda niña. No a su acosador, que eso sería racismo: a la niña a la que se ha dejado sola rodeada de peligros reales, inmediatos. Porque ella, como las niñas de Rotherham, son sólo un estorbo, reliquias de una Europa en liquidación.

Insiste frecuentemente José Javier Esparza en que uno de los rasgos más dramáticos y sorprendentes de nuestra Europa es la absoluta desconexión entre gobernantes y gobernados, entre la élite y el pueblo. Pero esto ya no es mero desinterés: es sadismo. Porque es consciente y deliberado, podemos ya decir que nos gobiernan nuestros enemigos, que entre sus planes está nuestra paulatina destrucción en persecución de planes que, de hacerse explícitos, nos helarían la sangre.

No se consideran nuestros compatriotas; son, mentalmente, gente de cualquier parte. Basta escuchar alguna intervención de Pablo Iglesias hablando de la clase obrera con un desprecio que chocaría en boca de un petimetre de Versalles para darse cuenta: nos odian.

En nuestro país arden los bosques y se inundan los pueblos ante la indiferencia mal disimulada del tirano. En la Unión Europea advierten que no hay dinero para mantener el Estado del Bienestar mientras anuncian transferencias milmillonarias para sostener el Estado ucraniano ad infinitum y reúnen fondos para una desquiciada guerra con Rusia.

La UE es una zona en demolición. Los gobiernos, que se crearon fundamentalmente para proteger a sus ciudadanos de los enemigos internos y externos, están a otras cosas que ni interesan ni convienen al común, en puntos violeta basados en pensamiento mágico y en acelerar la disolución de miles de años de cultura europea.

Vuelvo a Chesterton y rezo para que la imagen de esa pequeña indefensa que defiende a su hermana menor se convierta en la gota que colme el vaso y en el sonido de trompeta que nos despierte.

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