«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
La Gaceta de la Iberosfera
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Alicante, 1987. Escribe noticias desde que tiene uso de razón. Ha trabajado en radio, prensa escrita y televisión en medios como Radio Intereconomía, El Toro TV y Okdiario. Siempre en los últimos reductos de la libertad de expresión.
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Unas vírgenes para Puigdemont

1 de febrero de 2024

Fracasó el primer intento del PSOE de amnistiar al forajido Carles Puigdemont… por el voto en contra de Carles Puigdemont. O de los suyos, al menos. Porque él vive muy a gusto en un palacete a 20 kilómetros de Bruselas desde el que nos toma el pelo a todos los que sufragamos su vida de nuevo rico. Y la de su mujer en Barcelona, que antes cobraba 6.000 euros por ocho horas de trabajo al mes, y ahora un poco menos aunque no sabemos cuánto. Quizá 5.999. Yo también votaría que no a cualquier cambio en esa vida, qué quieren que les diga.

Muchos especulan con que la humillación pública a Pedro Sánchez el martes en el Congreso responda a un teatro pactado entre el PSOE y Junts hasta que pasen las elecciones en Galicia para hacerle un torniquete a lo que se supone que va a ser una sangría de los socialistas gallegos. Yo he pasado demasiado tiempo estudiando las caras de odio de Sánchez para recrearme en ellas como para creerlo. Sánchez tenía cara de espejo del alma. Se lo veía tan satisfecho con el resultado de la votación como si le acabaran de hacer un examen de próstata. En realidad era más o menos lo que le había hecho Puigdemont.

Algún columnista gracioso de El Mundo sugería que VOX debía haber contribuido a aprobar la amnistía y así dejar al jefe de Míriam Nogueras en lo que los independentistas, en su delirio permanente, llaman «exilio». Que a los de Santiago Abascal les faltaba imaginación, decía. El mensaje divertía un rato en Twitter, pero poco más. Como si no supiéramos todos que si eso sucediera al día siguiente Sánchez le aprobaría a Puigdemont otra amnistía con el nombre: Ley Puigdemont puede hacer lo que le salga de los mismísimos, cometer actos de canibalismo o matar linces mientras me vote, y si le apetece le mandamos unas jóvenes vírgenes a Waterloo.

Y sería dicho y hecho: se haría la prueba del pañuelo casa por casa a todas las españolas de entre, pongamos, 15 y 20 años e irían en caravana a Bélgica. La imagen puede parecer muy desagradable, pero se aproxima mucho —muchísimo— a lo que estamos viviendo la mitad de españoles rehenes de la banda. Y además, los votantes socialistas y las Iztiares Ituños de turno, aplaudirían a su líder porque lo hace todo «por la convivencia». Especialmente por la suya con los empleados de la Moncloa. Todo lo tragan. Como que se vaya a prohibir el porno y abolir la prostitución excepto en los restaurantes que les gusten a los diputados socialistas y las saunas que pertenezcan a familiares del presidente, suponemos. La coherencia hecha ser vivo.

Sánchez, que es malo como las plagas de Egipto, cometió, sin embargo, un error de principiante. O de persona que no se ha divorciado nunca de alguien chantajista. Porque el chantajista es él. Dio todo en la primera negociación. España está ya hecha un solar, y a los independentistas nada les parece suficientemente. Ahora el chantajista chantajeado va a tener que apañárselas para poder ofrecer algo nuevo. Y a Nogueras no le va a valer nada menos que meter a jueces que no estén dispuestos a saltarse la ley en la cárcel o similar. La situación no es para regocijarse, al contrario. Nada más peligroso que un Sánchez herido y acorralado. Podemos esperar cualquier cosa.

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