«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Periodista, escritor e historiador. Director y presentador de 'El Gato al Agua' de El Toro TV.
Periodista, escritor e historiador. Director y presentador de 'El Gato al Agua' de El Toro TV.

Viva 24: la promesa de otra Europa

21 de mayo de 2024

Lo más importante del Viva 24 organizado por VOX en el palacio de Vistalegre no ha sido el incidente Milei y la begoñización de la democracia española. Eso ha sido un epifenómeno que, simplemente, demuestra lo bajo que ha caído el nivel del debate político en nuestro país. No, lo más importante ha sido esto otro: la presentación en sociedad de una nueva forma de entender la Unión Europea.

Hasta la fecha, y en buena parte por pura inercia mental, todos hemos tendido a concebir siempre el «proyecto europeo» bajo la forma de un continuo proceso de unificación. El instrumento: la paulatina entrega de soberanía de las naciones europeas a una estructura comunitaria que pasa a ocupar, literalmente, el lugar del Soberano (superanus, el que está por encima). El objetivo final, raras veces explicito, pero siempre implícito: una suerte de Estados Unidos de Europa que vendrán a finiquitar la trayectoria histórica de nuestras naciones. Aún hoy, en el debate sobre la cuestión europea, normalmente se atribuye la etiqueta «europeísta» al que está a favor de esa construcción y, a la inversa, el remoquete de «euroescéptico» o incluso «anti-europeo» a quien disiente de la gran obra. Pero ese viejo planteamiento, que aún podía reflejar cierta realidad hace sólo diez años, hoy ya carece de sentido. Al revés, son las políticas comunitarias las que, so capa de europeísmo, están conduciendo aceleradamente al suicidio de la Europa real.

Basta enumerar la secuencia de acontecimientos y con unos pocos hechos bastará. La gran crisis migratoria de 2015, estimulada en buena medida por Bruselas, empezó a convertir las ciudades europeas en lugares donde cada vez es más difícil reconocerse como europeo. Era el mismo año que la UE asumía la Agenda 2030 como guía y programa, con los conocidos efectos sobre el tejido económico y social. Acto seguido, el Brexit rompió el gran tabú: la construcción europea no era irreversible. A partir de 2020, la crisis del COVID demostró la incompetencia y la venalidad de la burocracia comunitaria en un asunto tan decisivo como el de la salud pública. Llegó después la guerra de Ucrania, que rompió de facto la identidad primigenia de la Unión Europea al convertirla en una suerte de apéndice de la OTAN. Por último, hace pocos meses, la crisis del sector primario ha puesto de manifiesto que las políticas de la Unión trabajan abiertamente contra los europeos de carne y hueso. Crisis cultural, crisis de convivencia, crisis institucional, crisis geopolítica, crisis alimentaria… Las políticas de Bruselas parecen concebidas para debilitar a Europa.

Frente a todo esto, ¿no es lógico preguntarse si es posible pensar Europa de otra manera? Hasta ahora, la disidencia respecto a las políticas comunitarias se resolvía siempre en una reacción de fuga: salgamos de aquí. Pero esa reacción estaba inevitablemente condenada a la frustración. Primero, porque el tejido de relaciones trenzado en el interior de la Unión es ya demasiado denso como para romperlo sin grandes costes. Y sobre todo porque, objetivamente, es verdad que las naciones europeas han de trabajar juntas en un entorno mundial que no tendrá la menor misericordia para quien se presente solo. La pregunta, por tanto, era esta: ¿podemos mantener el horizonte europeo sin que eso signifique renunciar a lo que nos hace europeos? ¿Acaso para «construir Europa» es preciso dejar de ser europeo? Y bien, ya está aquí la respuesta. Claro que hay una identidad europea, pero ésta no puede consistir en que dejemos de ser europeos.

La convergencia de opciones soberanistas en un programa común de mínimos representa una oportunidad única, inédita hasta ahora, y esperanzadora en la medida en que ofrece una posibilidad para salir del callejón sin salida del globalismo instalado en Bruselas. Apostar por las identidades nacionales, subordinar las políticas económicas a los intereses concretos de nuestros ciudadanos, salvaguardar la personalidad cultural de los europeos… Todo eso, hoy, es una revolución: significa plantear una resistencia soberanista frente al proyecto del globalismo, y hacerlo desde un conjunto de naciones que siguen estando, pese a todo, entre las más poderosas del planeta. Por eso son tan importantes las próximas elecciones europeas. Y por eso ha sido tan importante el Viva 24. Con permiso de Milei y de Begoña.

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