«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

VOX no es «ultraderecha»

22 de noviembre de 2025

Hasta el director de La Vanguardia lo decía en su artículo del pasado jueves tras la última encuesta del CIS: «La ultraderecha obtendría los mejores resultados de la historia». Jordi Juan era un sabueso de la información. Cuando yo empecé en esto del periodismo político, había dos que tenían las mejores fuentes. Uno era él. El otro, Pere Martí, que por cierto ha acabado de director de comunicación de Junts.

Pero, en esto, discrepo. Para mí, VOX no es «ultraderecha». Los medios que generalmente los califican así suelen ser de izquierdas. O el propio Pedro Sánchez. En cada debate parlamentario suelta la misma cantinela. Mientras ellos son, en su opinión, el «Gobierno progresista», la oposición es la «derecha» o directamente la «ultraderecha».

Pero, en buena lógica, si VOX es extrema derecha, como asegura, Sumar y Podemos deben ser «extrema izquierda». Están en el otro lado del arco ideológico. A pesar de que nadie se refiere a ellos en estos términos. No he entendido nunca esta diferencia. Porque unos son los buenos y los otros, automáticamente, los malos. A veces me he dicho que tiene causas psicológicas. Al fin y al cabo, en los dibujos infantiles, el Sol sale por la izquierda.

En todo caso, insisto en que para mí VOX no es «ultraderecha». Decir eso es caer en la trampa semántica que tienden en La Moncloa. Y en la que caen con frecuencia en el PP. Es asumir el marco mental de la izquierda.

La «ultraderecha», en los años 30, quería acabar con los regímenes democráticos. Tenemos la idea de que sólo Alemania, Italia o España fueron dictaduras. Pero, en realidad, muchos países sucumbieron a las tentaciones totalitarias, dictatoriales o autoritarias. La Unión Soviética en 1918, aunque proclamaran que era una «dictadura del proletariado». Polonia en 1926. En este caso, nada menos que a cargo del padre de la independencia, el mariscal Pilsudski. 

Igualmente, Yugoslavia (1929), Hungría (1931), Lituania (1932), Austria (1933), Estonia y Letonia (1934), Grecia y Bulgaria (1936), y finalmente Rumanía (1938). Sólo se salvaron el Reino Unido y Francia. Bélgica, Holanda y Dinamarca o los países nórdicos. En el primero, sin embargo, algunas élites simpatizaban con el nazismo. Empezando por un exrey, Eduardo VII, que lo veían como un baluarte contra el comunismo.

Mientras que, en Francia, no estuvieron exentos de tensiones. Con los incidentes del 6 de febrero de 1934. Cuando manifestantes de extrema derecha estuvieron a punto de asaltar la Asamblea Nacional.

Desde luego, VOX no quiere acabar con el sistema parlamentario. Lo que quiere es lo que quieren todos los partidos: gobernar. Y, si no, influir desde el Parlamento.

De hecho, tampoco he visto nunca a nadie del partido de Abascal hacer un escrache. Mucho menos quemar una papelera o un contenedor. En cambio, no puedo decir lo mismo de los independentistas catalanes durante el proceso. Al contrario, más bien son víctimas de insultos y agresiones.

Cuando se produjo el traslado del cuerpo de Franco del Valle de los Caídos a El Pardo, ni siquiera vi a nadie con una bandera de VOX entre los que protestaban. Apenas había algunos miembros de organizaciones ultras; ahora sí. Aunque, desde 1979 con Blas Piñar, nunca han tenido representación en el Congreso.

No deja de ser curioso, por otra parte, que los mismos medios «progres» que califican a VOX de «ultraderecha» —incluso medios públicos como TV3— luego hagan la vista gorda con sus homólogos europeos o internacionales. En estos casos se los denomina partidos —también despectivamente, todo hay que decirlo— «populistas», «identitarios» o «antiinmigración».

Pero tampoco he oído a nadie referirse a Donald Trump o a Javier Milei como «ultraderecha». Y Meloni, la misma primera ministra italiana a la que han rendido pleitesía Keir Starmer o el propio Sánchez, ha dejado de ser «neofascista» desde que gobierna.

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