No es cierto el titular, pero puestos a inventar uno, ¿por qué no este?
Tras ver la rueda de prensa de Fúster, Samuel Vázquez y Rocío de Meer, hacía falta tener muchas ganas de titular como tituló El País: que Vox propone deportar a ocho millones de inmigrantes. Había que ignorar la mitad de la frase de Rocío de Meer y luego todo el contexto, la rueda de prensa entera.
Pero fue divertido y revelador ver cómo la prensa «centrista» instalada en los medios de la derecha española (¡echar a Sánchez, echar a Sánchez!) entraban al trapo y cogían ese titular como quien coge un pajarillo del nido, con un mimo absoluto.
Al hacerlo, reproducían la cadena habitual de transmisión: de El País a los medios que, se supone, tendrían que ser la alternativa a El País.
Lo más curioso fue que una vez difundido el titular, mucha gente estuvo tan de acuerdo que aceptarán mal las aclaraciones posteriores. Hay un movimiento, visible en Internet, que considera que todo es poco. Personas incapaces de imponer su voz en la comunidad de vecinos tienen las ideas muy claras sobre cómo revertir el signo de los tiempos.
Pero más allá de ese tic, que humano es, la reacción de la gente era sincera y reflejaba un hartazgo difícil de medir. Un hartazgo que parece traslucir experiencias que no conocemos, o un fondo de frustración tal que se antoja legítimo. Pasaron unos años hasta que se aceptó el término «perdedores de la globalización» y también podría haber «perdedores de la inmigración».
Si el pueblo español viera en prime time la rueda de prensa de Fúster, Vázquez y de Meer, Vox podría acercarse a los cien escaños en las próximas elecciones, esas que Sánchez va a convocar mañana, seguro que mañana.
Pero con la mala publicidad basta porque el resquicio sintáctico por el que le colaron a De Meer el titular ha acabado difundiendo el concepto de reemigración (entendemos que no voluntaria, aunque la voluntaria, incentivada, se ha estudiado en algunos sitios).
Repatriaciones masivas las llamó Samuel Vázquez, que al ser preguntado sobre cómo serían, habló técnicamente de seguridad. La externalización de puertos a imitación de Australia para hacer más fácil la repatriación y evitar las muertes en el mar, y el rechazo de las medidas de hacinamiento conocidas. Las cosas se han hecho tan mal, tan mal tan rápido, explicó, que ya no hay soluciones buenas: está la mala (ser Francia) o la menos mala (repatriar).
¿A quiénes? ¿A cuántas personas? ¿A los ocho millones con los que fantasean en El País? ¿A los violadores que silencia el feminismo?
No se sabe. El número lo debería determinar el gobierno, pues el origen de los males es la ausencia de control y, por tanto, de información.
Vox habla de tres estadios, como una ciudadanía a la que se accede por un acto administrativo y tres círculos concéntricos de integración: llegar legalmente, estar legalmente e integrarse, y el integrarse no es que te gusten los boquerones en vinagre, sino evitar la multiculturalidad.
Esto no tiene nada que ver con las razas, ni con las orientaciones sexuales, aclaró Vázquez, sino con esos tres estadios, y fue luego De Meer, al hablar de demografía, cultura y nación, la que dio el sentido final.
Se trata de evitar el destino de Reino Unido o Francia mientras aún sea posible. Rocío de Meer habló de «un punto de no retorno» al que nos acercamos y de un «reemplazo poblacional» que, citando al demógrafo Macarrón, llegaría en 2044. ¿Es muy descabellado atreverse a proyectar el año en el que habrá más extranjeros que españoles en España?
Esta polémica cambia las cosas en la política española. El famoso Overton pega otro salto no tanto por hablar de «reemigración» o «reemplazo» como por hacerlo de un peligro existencial que aun es posible evitar.
¿Cómo? ¿De qué manera? Las fantasías antifa del progresismo o las ensoñaciones zweigianas de los insoportables centristas ya imaginan redadas a recogedores de fruta homosexuales, a mujeres musulmanas que amamantan a niños progresistas estableciendo un vínculo lactante de inédito entendimiento cultural, a poetas trans cojas que huyeron de Siria penosamente o a septillizos ecuatorianos que viven en un sótano mientras su padre recorre en plena emergencia climática una media de dos mil kilómetros semanales en bici para repartir empanadas criollas en el Madrid más libre…
Pero no, nadie habla de eso. Tendrán que esperar, tendrán que hacerse la peliculita con otra cosa.
La rueda de prensa, no olvidemos, respondía a los acontecimientos de los últimos días: reacciones populares a actos de violencia, algunos contra mujeres, cometidos por ilegales. De esto, que podríamos llamar la capa de realidad, ni palabrita.