El Papa León XIV lanzó este viernes una severa advertencia contra la violencia yihadista y el progresivo deterioro de la libertad de expresión en Occidente, al denunciar que una nueva ideología de corte «orwelliano» está imponiendo una uniformidad moral incompatible con la dignidad humana y la auténtica democracia.
Durante un discurso ante miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Pontífice lamentó que «especialmente en Occidente, el espacio para una verdadera libertad de expresión se esté reduciendo rápidamente». A su juicio, esta deriva viene acompañada de un nuevo lenguaje supuestamente inclusivo que «termina excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías dominantes».
El Papa advirtió además de que la libertad de conciencia se encuentra cada vez más cuestionada por Estados que, paradójicamente, se presentan como defensores de los derechos humanos. «Una sociedad verdaderamente libre no impone la uniformidad, sino que protege la diversidad de conciencias y evita las tentaciones autoritarias», subrayó.
En el plano internacional, León XIV condenó con firmeza la violencia yihadista y puso el foco en la persecución sistemática de los cristianos, a la que calificó como «una de las crisis de derechos humanos más extendidas de nuestro tiempo», con más de 380 millones de creyentes afectados en todo el mundo.
El Pontífice recordó de manera expresa a las víctimas de atentados yihadistas en países como Bangladesh, Nigeria, Mozambique y en la región africana del Sahel, así como el reciente ataque terrorista contra una parroquia cristiana en Damasco. También evocó la masacre cometida en una iglesia del Congo, atribuida a grupos vinculados al Estado Islámico, que dejó decenas de fieles asesinados durante una celebración religiosa.
Según diversas organizaciones internacionales, más de 16 millones de cristianos han sido desplazados en el África subsahariana debido a la violencia islamista, enfrentándose a secuestros, ataques sexuales, expulsiones forzosas y asesinatos. Un escenario que, en palabras del Papa, exige una respuesta clara de la comunidad internacional y el fin de cualquier ambigüedad moral frente al terrorismo y la persecución religiosa.