«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Menear lo menearon

15 de junio de 2026

Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca aquel a quien Mar de Marchis mandaba una foto en bragas…

La historia de la señora Marhuenda, aka de Marchis, ha dado para un libro (La bola. Daniel Verdú) y mucho artículo pues es chismorreo adecuado al calibre del columnismo español.

«La mujer que hizo fortuna mandando fotos en bragas» es una de esas frases que podría convertirme en feminista. Escandalizarse con esas fotos cuando por los móviles esos años corrían hasta colonoscopias…

 Los hombres antes faltaban a la caballerosidad contando las mujeres con las que se habían acostado. Internet ha traído como gran novedad contar las pajas o ya, en la cumbre, las pajas indultadas.

Justicia poética es que el sitio de Internet que manipularon para conseguir la ansiada viralidad se  llamara «Menéame». Menear ya lo creo que lo menearon…

El libro de Verdú, y en general la serie de testimonios subsiguientes, no nos resultan del todo simpáticos porque se dedican a desvelar cosas de una mujer fallecida y que tampoco hizo daño a nadie. Es un ajuste de cuentas de True Crime pero sin auténtico crime. Hay tantos temas para investigar, para acogerse a la bula epistemológica del periodismo ficción, que esto resulta desproporcionado.

Tampoco es tanto escándalo que ella velara o fingiera su identidad, y menos en los albores de Internet. Ahora nos conocemos todos, pero entonces era bastante normal el baile de máscaras. Puestos a escandalizarnos, ¿no es mayor causa la absoluta seguridad que tenemos sobre las identidades y orígenes de tanto hijo, nieto y sobrino de famosos en los medios?

«Desconocida fingía identidad y mandaba foto picante» es bastante menos que «Papá mamador se eterniza y encima impone al hijo». A lo mejor soy yo el raro…

Tratan Jot Down como una especie de timo piramidal pero Mar o como se llamara tuvo un éxito real en algo. Se cumple un siglo del nacimiento de Miles, y tiene un disco, The Birth oh the cool, el nacimiento del cool… de Marchis creó premeditadamente algo cool, aunque algunos tuviéramos dudas. Yo era un poco escéptico con su progresismo noir pero escribí alguna cosita ahí, y le debo agradecimiento por ello. Esta señora cumplió una función social: que todos los pesados de España evacuáramos unos textos larguísimos (siempre hubo una economía del onanismo). La lata que dábamos ahí ya no la dábamos luego en otro sitio.

 
Eran textos de páginas y páginas, que yo nunca terminé (ni los míos). No puedo ni acabarme los artículos sobre el propio Jot Down. Este mismo artículo ya veo que está tomando un cariz imposible… y sin embargo, a la gente le gustaba. A pesar de los engaños (que ya ves…) o de las manipulaciones algorítmicas, la gente lo leía con cierto entusiasmo. Recuerdo a amigos y conocidos comprando la revista. y alguno no daba crédito al saber que yo aparecí allí. «¿Tú en Jot Down?». De verdad se creyeron lo del New Yorker…

Y tiene mérito. Con ese trasfondo más bien siniestro, y viniendo de los más latosos foros de España (Jot Down estuvo siempre lastrado por ese izquierdismo pedantín de sus orígenes), Mar de Marchis construyó una posibilidad de lo cool, intentó dictar lo guay en unos años muy determinados, pasado el 15M, años de Ciudadanos, de centrismo rampante, en los que de la superioridad izquierdista iba naciendo en España lo woke no como algo separado sino primo hermano o más bien prima hermana; no como una mutación posmoderna, sino como un rizar el rizo, una exuberancia.

Lo triste y lo que causa hasta pena, porque a todos nos afecta, es lo pobretón que era ese cool, lo alicorta que era esa tendencia y el horizonte tan poco sorprendente  que tenía, pues acababa en El País, finalmente, y en el ideal del homo prisaicus, aunque fuera en la versión más tolerable y aligerada de Enric González.

El ecosistema de esos años, con Arcadi Espada de gurú de lo factual y los centristas afinando ufanos una superioridad intelectual frente a la derecha y la izquierda (llegaba el socioliberal), ese devenir progre, ese arribismo exquisito o asalto desde fuera a la ciudadela fue algo que supo ver la recordada Mar. Esa mariposa en parte la atrapó ella, la real, la irreal o la construida entre todos.

Todo aquello, en cierto modo, lo destruyó después Pedro Sánchez, que cuando se vaya podrá decir que algo bueno hizo por España.

De Internet se olvida casi todo, como lo que sucede en duermevela o en las borracheras. Yo he recordado estos días que hablé una vez con ella. Me llamó para que escribiera más. No era yo su cup of tea, precisamente, y no entendí el interés, pero até cabos a las pocas horas. Xabi Alonso había retuiteado un artículo mío y eso me había sacado de repente de mis habituales cifras discretas. Pero ¿cómo gustar a un famoso? ¿Cómo asegurarme esos números?

Esa era una auténtica operación. Ese abordaje. Y no la hizo Mar de Marchis. O no solo. La construcción de identidades aproximadamente fake no fue tan rara esos años. Mucho selfi sin fondos se envió.

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