«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
según el último Informe sobre la Libertad Religiosa en el Mundo

Millones de cristianos sufren restricciones, persecución, discriminación y violencia por su fe en Dios

Cristiano perseguido. Redes sociales

Millones de personas que viven en 14 países participantes en el Mundial de Fútbol 2026 sufren restricciones a la libertad religiosa o de creencias, según el último Informe sobre la Libertad Religiosa en el Mundo elaborado por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia NecesitadaACN—.

La organización ha advertido de que, mientras millones de espectadores tendrán la mirada puesta en el Mundial, existe otra realidad que no aparece en el escaparate deportivo: «el Mundial que no se ve».

Según el informe, tres países participantes están clasificados como lugares de persecución religiosa, mientras otros once figuran como Estados donde existe una discriminación significativa que afecta al ejercicio de la libertad religiosa o de creencias.

Entre los casos más graves aparecen Irán y Arabia Saudí, donde interpretaciones estrictas del islam sostienen sistemas legales que restringen severamente la libertad religiosa, especialmente para conversos y miembros de comunidades no reconocidas.

El documento advierte de que quienes desafían esas limitaciones se arriesgan a ser detenidos, encarcelados e incluso, en algunos casos, condenados a muerte.

La República Democrática del Congo presenta también una situación especialmente preocupante por la inestabilidad crónica y la violencia persistente. El aumento de la actividad yihadista de las Fuerzas Democráticas Aliadas —ADF— en el este del país ha agravado aún más la situación de las comunidades cristianas y de otros grupos vulnerables.

El informe destaca asimismo el caso de México, uno de los tres países anfitriones del Mundial y sede del partido inaugural. ACN recuerda que las amenazas a la libertad religiosa no proceden únicamente de leyes restrictivas, sino también de poderes criminales.

Aunque México arrastra una larga tradición de anticlericalismo institucional, la principal preocupación actual surge del crimen organizado y del narcotráfico. Sacerdotes, líderes religiosos y agentes pastorales son con frecuencia objetivo de grupos criminales que buscan controlar comunidades locales en distintas regiones del país.

La situación de Haití es descrita como aún más alarmante. El país se ha clasificado para el Mundial, pero sólo uno de los 26 jugadores de su selección vive y juega actualmente en territorio haitiano.

Amplias zonas del país están bajo control de bandas armadas que en los últimos años han secuestrado y asesinado a numerosos líderes religiosos, además de obstaculizar la labor de iglesias y organizaciones confesionales.

Otros países participantes, como Marruecos, Túnez, Argelia, Jordania, Catar, Egipto y Turquía, albergan a millones de personas que no gozan plenamente de libertad de religión o de creencias.

Las minorías religiosas —entre ellas cristianos, bahaíes y algunas comunidades musulmanas— sufren diversos grados de discriminación, restricciones y presión social en la práctica y expresión pública de su fe.

En Uzbekistán, los estrictos controles sobre la actividad religiosa afectan a creyentes de distintas confesiones, incluida la mayoría musulmana, y limitan la libertad de culto y de expresión religiosa.

En medio de este panorama, Irak aparece en el informe como un ejemplo parcial de esperanza. El país ha sufrido durante años graves episodios de persecución contra cristianos y otras minorías religiosas, que todavía denuncian formas de discriminación institucional.

Sin embargo, la selección nacional iraquí se ha convertido en un símbolo de unidad al integrar a jugadores de distintos grupos étnicos y religiosos, incluidos árabes, kurdos, chiíes y suníes. Cuatro de sus futbolistas son cristianos.

En un país donde los cristianos representan actualmente menos del 1% de la población, resulta significativo que cerca del 15% del equipo esté formado por jugadores cristianos.

El informe de ACN recuerda que el Mundial no sólo reúne selecciones, estadios y audiencias millonarias. También proyecta sobre la escena global a regímenes y países donde millones de personas no pueden vivir libremente su fe, educar a sus hijos conforme a sus creencias o expresar públicamente su identidad religiosa sin sufrir presión, discriminación o violencia.

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