El proyecto de la Junta de Andalucía de Moreno Bonilla que eliminará más de 100.000 olivos, por el momento, en los municipios de Arjona, Lopera y Marmolejo para instalar un parque fotovoltaico es un atentado contra el sector primario y olivarero jiennense y español.
Según el Consejo Oleícola Mundial, la producción media de aceite de oliva está en torno a los tres millones de toneladas (en producción se habla en kilos y en la venta al consumidor se habla en litros), de las cuales España suele producir el entre 55% y el 60% del total. Este año, el aforo que se ha hecho para la campaña 2024-2025 en nuestro país es de 1,4 millones de toneladas.
La provincia de Jaén por sí sola tiene un aforamiento de 445.000 toneladas en una campaña media. Italia, Túnez o Turquía, potencias oleícolas a las que España ve por el retrovisor, no llegan a las 300.000 toneladas. La provincia de Córdoba, con un aforo estimado de 271.000, podría optar a ser segunda potencia mundial del oro líquido.
Al tomar perspectiva de los datos macro en producciones de aceite y poniendo el foco en el problema en cuestión, los números son claros sobre el verdadero significado de arrancar 100.000 olivos para poner en su lugar un parque fotovoltaico:
Es verdad que muchos de estos olivos centenarios hubiesen sido arrancados para sustituirlos y modernizar las plantaciones y hacerlas más rentables. Pero no es menos cierto que gran parte de los olivares de la zona fueron testigos del paso de las tropas del General Castaños camino de Bailén o de los enfrentamientos de la Guerra Civil. Ni la miseria ni la destrucción de tantos conflictos pudieron con ellos.
Podrá, en cambio, el delirio climático de unos políticos que hablan de la llamada «España vaciada» mientras atentan contra el futuro de sus gentes. Vacían pantanos, derriban presas, prohíben el aprovechamiento de los bosques, no controlan al lobo, arrasan con zonas de cultivos para la producción de energía deficitaria… Un sinfín de políticas «verdes» que arrasan con el sustento, la vida y la tradición de las zonas rurales, que se resisten a morir frente a la corriente globalista que asola tantos lugares.
José Ramírez Casado es agricultor olivarero e historiador.