«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
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TRIBUNA | DAVID HIERRO |

2 de febrero de 2024

Matar a VOX

Asamblea General Extraordinaria de VOX. Flicker

Hace unos días el reciente y flamante presidente de la República Argentina, Javier Milei, asombraba al mundo cuando en el Foro de Davos —Nido del Águila del globalismo y del denominado Nuevo Orden Mundial— enfrentaba a los acurrucados y ensombrecidos presidentes, de los cada vez menos Estados-Nación, con un valiente y atronador discurso que torpedeaba la línea de flotación de aquellos que buscan desde hace tiempo la claudicación de la soberanía de las naciones, que pertenece a los ciudadanos, para implantar sus teorías colectivistas y anuladoras de la libertad individual con el fin de almacenar todo poder: el económico, el político y el social.

Este discurso, aparentemente novedoso y rompedor para aquellos que se limitan a generar su criterio político a través de los medios convencionales (importante recordar que sus cuentas de resultados dependen en gran medida de las bolsas de euros que dediquen a los planes medios los que ocupan el poder en los gobiernos locales, autonómicos y nacionales), nos resulta muy familiar para todos los que llevamos tiempo defendiendo las cuestiones planteadas por Milei: el patriotismo, la libertad, la propiedad privada y la soberanía nacional. En mi caso, desde hace diez años que voy a cumplir como afiliado de VOX que se lo llevo escuchando a Santiago Abascal. Subido a una caja de frutas, desde la Tribuna del Congreso o desde cualquiera de los muchos foros internacionales a los que le invitan.

Por eso hay tanto interés en matar a VOX: porque VOX está más vivo que nunca. VOX no es, como nos quieren hacer creer todos los días desde la mayoría de las portadas de los diarios y de emisoras de radio españolas —la televisión hace tiempo que la dejé de ver—, una rara avis de la política patria. Al igual que Milei no es un «loco» que haya caído por casualidad en la Casa Rosada. Tampoco es casualidad que Meloni y nuestros hermanos de Fratelli gobiernen Italia, ni que Orbán repita, una vez tras otra, mayorías absolutas aplastantes en Hungría por ser un baluarte defensor de la familia o de las fronteras nacionales frente a la amenaza de la inmigración ilegal. No es casual ni un hecho aislado que los agricultores de Alemania o Países Bajos se lancen a la calle para defender lo que ya ningún sindicato acomodado defiende, porque esos también llevan mucho tiempo en el ajo de sus chiringuitos.

Todos ellos responden al clamor de las naciones y de sus nacionales. Responden a algo que los partidos tradicionales y que las estructuras del «establishment» ya no aguantan porque dejaron de defender los intereses de sus países en el momento en que sus partidos políticos se convirtieron en empresas públicas que tenían obligación de soportar y mantener a sus «plantillas» y a sus consejos de administración.

Por eso, propios que no colmataron sus aspiraciones personales desde dentro, y ajenos que ven peligrar las propias, se agolpan por querer matar a VOX.

Porque VOX es más que un partido político; es un movimiento patriótico y social alineado y apoyado internacionalmente sobre la base de todas las cuestiones que Milei firmó en la Carta de Madrid, documento promovido por la tan atacada y denostada Fundación Disenso, y que les animo a leer, al ser el auténtico muro de contención a las pretensiones socialistas y colectivistas mundiales.

VOX responde en España a una demanda real que se repite en todas las naciones de Occidente; la de los que se niegan a que los grandes grupos mediáticos te digan lo que tienes que pensar y cuán útil es tu voto en función de a quien vaya dirigido porque lo indica tal o cual encuesta, de los que no queremos que ninguna agenda global nos diga lo que tenemos que comer, cuántos hijos debemos tener, cómo tenemos que vestir, qué coche debemos comprar, o a qué dios debemos rezar. Y hace frente a lobbies ecologistas que quieren matar nuestros pueblos para hacer de nuestro mundo rural una estampa abandonada donde la supervivencia de las comunidades sea imposible por sus exigencias a nuestros ganaderos, agricultores, cazadores, pescadores… En definitiva, a toda la patulea colectivista que otros no tienen inconveniente en tragar con tal de poder mantener a sus partidos-empresa.

Si alguien hace diez años me hubiera dicho que esa aventura en la que pocos nos embarcábamos iba a contar a día de hoy con casi 70.000 afiliados, iba a ser la tercera fuerza política nacional con más de tres millones de votos, iba a gobernar en cinco regiones, en más de 140 ayuntamientos (entre los que están dos de las siete ciudades más pobladas de Castilla y León, Valladolid y Burgos) e iba marcar la única línea política de oposición internacional contra el socialismo que durante años lleva asolando a nuestros hermanos de la Iberosfera, sinceramente no me lo hubiera creído.

VOX está más vivo que nunca. Por eso hay tantos agolpándose por matar a VOX.

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