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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Crítica de La habitación: Imprescindible y desgarradora

El infinito amor de una madre por su hijo, incluso en las peores circunstancias, es el eje de La habitación (Room), sin duda, la película más emocional y redonda del año. Dolorosa, tensa e inocentemente metafórica, la cinta de Lenny Abrahamson es un oscuro cuento y, paradójicamente, un relato lleno de optimismo sobre la vida entre cuatro paredes de una madre joven y su hijo de cinco años, secuestrados durante años en un minúsculo cobertizo.

La habitación (Room) se articula en dos partes bien definidas cuyo principal mérito es no caer, en ningún momento, en el cliché. En esa estancia endemoniada, dos magníficos actores, Brie Larson y el jovencísimo Jacob Tremblay, sueñan con el mundo exterior de formas muy distintas. El niño, que nunca antes lo ha visto, cree que lo único real es lo que existe dentro de la habitación; la madre, mientras, busca formas inhumanas de escapar del cautiverio mientras intenta dar una vida mejor de fantasía para su hijo. Ninguno sabe que, tras las paredes y las ventanas, el mundo ha cambiado sin ellos.

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Con una contundente inocencia, el pequeño Jacob Tremblay es el narrador de un sufrimiento humano que conmueve, abruma y lleva a los mejores momentos de tensión cinematográfica del año. Junto a este actor cuya interpretación, a pesar de su corta edad, se encuentra entre las mejores de los últimos meses, Brie Larson construye de forma minuciosa el papel de una madre que protege a su hijo del mundo dentro de la habitación a pesar de su tormento, con una sorprendente capacidad de acumular todo un torrente de emociones sin caer en la sobreactuación ni la lágrima fácil.

Con una dura temática y unas interpretaciones tremendamente empáticas, Abrahamson articula un relato sensible con inteligentes diálogos sobre el despertar de las sensaciones de un niño al mundo real. Y, así, sin recrearse en exceso en el sufrimiento ni en la claustrofobia, La habitación brilla como una de las grandes películas del año por su gran valor universal: el amor y la esperanza frente a las atrocidades del mundo.

Puntuación: 5/5

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