
Los argelinos forman la mayor comunidad inmigrante en Francia, por delante de los marroquíes y los portugueses. Son también los que tienen mayor tendencia a cometer delitos. El rechazo del régimen argelino (una dictadura manejada por la gerontocracia de la guerra de la independencia que concluyó en 1962) a recibir a los delincuentes que el Gobierno de Emmanuel Macron quiere deportar ha causado una crisis que empezó en 2025 y parece haber concluido ahora con la rendición de París.
La disputa alcanzó un punto crítico en febrero de 2025, cuando un argelino, a quien Francia llevaba tiempo intentando repatriar, fue arrestado como sospechoso de un ataque perpetrado con cuchillo en la ciudad de Mulhouse, que causó la muerte de una persona y dejó tres heridos. Meses más tarde, la dictadura argelina detuvo al periodista Christophe Gleizes, a quien un tribunal condenó por colaboración con una banda terrorista.
Para zanjar el enfrentamiento, que implica, además, el estatus del Sáhara Occidental (Argelia apoya al pueblo saharaui, mientras que Francia lo hace a Marruecos, el invasor), la mano obra para la economía francesa, el comercio entre ambos países y la colaboración policial sobre yihadismo, Macron recuperó hace dos meses a un diplomático que ya había sido embajador en Argel: Stéphane Romatet.
El entonces ministro de Interior Bruno Retailleau pidió reiteradamente durante 2025 la revisión de los acuerdos francoargelinos en materia de inmigración y visados por la negativa del país africano a readmitir a sus ciudadanos, a quienes el gobierno francés les ordena abandonar su territorio.
Esta dureza se ha disipado. El miércoles 16 de julio, Romatet mostró la rendición de Francia ante el régimen argelino. En una entrevista con el medio de comunicación Tout sur l’Algérie, el diplomático anunció que el gobierno centrista de Macron pretende recuperar la emisión de 250.000 visados anuales, el mismo número anterior a la crisis. En cambio, no se sabe que el presidente Abdelmadjid Tebboune haya cedido en algo.
El anuncio ha sido aplaudido por la izquierda intelectual y política francesa, que cuenta con la inmigración para renovar su electorado y crear una sociedad multicultural. En la derecha la reacción ha sido la contraria.
Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional, el primer partido del país, escribió en X: “Rechazamos categóricamente esta capitulación del macronismo frente al régimen argelino. Si los franceses nos otorgan su confianza, haremos respetar a nuestro país frente a todas las provocaciones, y finalmente retomaremos el control de nuestra política migratoria». «Una capitulación. Una humillación. Una traición», señaló Eric Ciotti, alcalde de Niza.
Retailleau, que será candidato a la presidencia por su partido, instó a Macron a revocar esa decisión y lamentó que el otorgamiento de esos 250.000 visados se haga por parte de París sin ninguna concesión de la otra parte, sobre todo en las deportaciones.
Sin duda este asunto influirá en la campaña para las presidenciales, cuya primera vuelta se celebrará en abril de 2027. Desde hace años el partido Agrupación Nacional ha hecho de la inmigración su principal bandera política y tanto Bardella como Marine Le Pen aparecen como favoritos en las encuestas. Unas semanas después podrían celebrarse elecciones parlamentarias si el nuevo presidente disolviera la Asamblea Nacional, como suele hacerse.
Lo que queda claro es que el gran reemplazo no es una teoría de la conspiración. Lo realizan ante los europeos sus propios gobiernos. En Francia, el gobierno gaullista abrió las puertas a la inmigración argelina pocos años después de una cruel guerra en la que murieron docenas de miles de franceses y aliados locales, por petición de los grandes industriales, que querían mano de obra barata para sus fábricas y minas. La pregunta se refiere a los motivos por los que las castas políticas aceptan acarrear a millones de extranjeros a la mayoría de los cuales tenemos que mantener mediante subsidios. Por qué lo hacen… o por cuánto.