Que el invierno demográfico que vivimos en Occidente (y no sólo) tiene graves efectos sociales y económicos sólo lo pueden negar los ignorantes y frívolos, que prefieren no enterarse, o los cínicos que piensan que para cuando las cosas se pongan muy feas ellos ya no estarán aquí. Sin ánimo de ser exhaustivo, los magníficos análisis de Alejandro Macarrón desde la Fundación Renacimiento Demográfico o las aportaciones desde el punto de vista del capital social de Josep Miró i Ardèvol son clarísimos al respecto.
Pues bien, leo con sorpresa que el ministro de Economía, Luis de Guindos, afirmó en la presentación del reciente Programa de Estabilidad que “El envejecimiento de la población no tendrá efectos dramáticos sobre la economía”.
Inmediatamente después de leer el titular empecé a barruntar en cuál de las dos categorías antes descritas de negacionistas del impacto demográfico en la economía se encontraba el ministro. Pero seguí leyendo… y lo comprendí todo.
Comprendí la “fórmula De Guindos”. A los economistas nos enseñan que, para analizar el impacto de una variable, hay que mantener el resto de las variables fijas: es el famoso ceteris paribus, una ficción (nunca se da en la realidad) que nos ayuda a prever impactos y reacciones. Pero la “fórmula De Guindos” para resolver el impacto del invierno demográfico consiste precisamente en lo contrario, en alterar las demás variables del problema. ¿Y cómo prevé el ministro alterarlas en concreto?
En definitiva, y como no podía ser de otra manera, Luis de Guindos tenía razón. El envejecimiento de la población no afectará a la economía. El problema es que la frase está incompleta y debería decir: “El envejecimiento de la población no afectará a la economía porque nos jubilaremos cada vez más tarde, tendencialmente acercándonos al momento de la muerte, y las pensiones serán cada vez más miserables”.
¡Y que viva el maravilloso Estado del Bienestar!