Según fuentes policiales consultadas en exclusiva por LA GACETA, durante la pasada madrugada se produjo una nueva agresión con piedras contra militares desplegados en Ceuta. El ataque se registró en la zona del Foso Real, a la altura de la gasolinera Shell y frente a la playa de El Chorrillo, cuando un numeroso grupo de invasores lanzaron piedras contra el dispositivo, resultando cuatro de ellos detenidos y un sargento del Ejército herido en el codo y con una herida sangrante al caer mientras retenía a uno de los agresores. Cuatro de los instigadores de los hechos han sido detenidos y trasladados a comisaría.
En esta ocasión la intervención no partió de un dispositivo preparado de antemano. Por el lugar pasaba en ese momento una patrulla del Grupo Rural de Seguridad (GRS) de la Guardia Civil y los propios efectivos militares les advirtieron de que les estaban tirando piedras. Los agentes del GRS salieron al instante y lograron detener a tres de los cuatro agresores. El cuarto emprendió la huida hacia la playa. Los militares le persiguieron, le dieron alcance en el arenal y se lo entregaron al GRS. Al pasar un vehículo del Cuerpo Nacional de Policía, los cuatro inmigrantes ilegales fueron conducidos a comisaría para instruir diligencias. Tanto los militares como los agentes del GRS deberán declarar esta tarde o mañana.
Según ha tenido constancia este medio, el sargento se lesionó en el forcejeo, al caer mientras retiene al último de los agresores. El dato describe mejor que cualquier comunicado oficial el tipo de despliegue que soporta el Ejército en Ceuta; un uniforme que acaba haciendo de policía porque el dispositivo ordinario no puede cubrir el perímetro y porque quien ataca cuenta con que la respuesta llegará tarde o no llegará. Después es el la Policía Nacional quien acaba formalizando la detención. La cadena —aviso al GRS, persecución a pie, entrega y traslado a comisaría— es la de un Estado que reacciona a trompicones sobre el terreno.
El episodio no es un incidente aislado. El 27 de agosto, un grupo de entre 30 y 40 inmigrantes ilegales marroquíes emboscó en Benzú a cuatro militares desarmados que circulaban en un vehículo sin blindaje. Les lanzaron piedras de gran tamaño, los persiguieron y los golpearon. Los cuatro efectivos resultaron heridos y doce personas fueron detenidas. Tras aquella emboscada, asociaciones profesionales exigieron a la ministra de Defensa, Margarita Robles, reglas claras para poder responder a las agresiones y denunciaron indefensión operativa y jurídica.
Lo ocurrido esta madrugada encaja en ese mismo patrón. Vuelve el lanzamiento de piedras contra un dispositivo militar, vuelve la persecución a pie y vuelve un herido entre los efectivos. La diferencia es de escala —cuatro agresores frente a varias decenas—, no de método ni de objetivo. El Foso Real y El Chorrillo no son el perímetro de Benzú, pero el mensaje es el mismo, el uniforme es un blanco y la respuesta depende de que coincida una patrulla o de que los propios militares salgan corriendo a detener a quien les ataca.
Ceuta arrastra desde finales de julio una saturación que ha dejado a miles de inmigrantes ilegales en la calle, en playas y en el entorno del CETI. En ese tablero, los militares desplegados sin un marco claro de respuesta quedan expuestos a oleadas de piedras que se repiten en puntos distintos de la ciudad. Benzú primero. El Foso Real ahora. Las asociaciones ya advirtieron de que, sin reglas de enfrentamiento y sin medios, la emboscada se reproduciría. Esta madrugada lo ha hecho.
Los cuatro detenidos deberán pasar a disposición de la autoridad competente durante las próximas horas. Lo que no queda solo en el atestado, y sí en la secuencia de los últimos días, es que apedrear a un dispositivo del Ejército en Ceuta ha dejado de ser un episodio extraordinario. Se ha convertido en una táctica reiterada.