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ArtĆculo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de JaĆ©n, en la pĆ”gina 27
SegĆŗn informa nuestro periódico, tras una detallada investigación, la corporación de televisión espaƱola ha decidido suspender de empleo y sueldo por quince dĆas a su equipo de meteorólogos,la gente que explica que tiempo harĆ” maƱana, por Ā«haber transgredido su buena fe en la relación contractual al no informar de la existencia de una empresa que tenĆa un objeto social similar al de RTVEā. No habrĆ” tĆos del tiempo por unos dĆas. Esta noticia vuelve a la actualidad al antiguo almanaque zaragozano, y al sistema de las cabaƱuelas que comienzan cuando el calor agosteƱo se asienta en la piel de toro espaƱola. AĆŗn pululan por los pueblos remotos los aficionados a interpretar el proceso de las cabaƱuelas y segĆŗn amanezca, por ejemplo hoy tres de agosto, asĆ serĆ” el mes de marzo del aƱo 15 que viene llamando a las puertas.
En la Iglesia Católica existen algunos aficionados a predecir el tiempo que harĆ” maƱana dentro de la comunidad cristiana. Son los escritores de teologĆa, cada vez menos conocidos y perdidos en la oscuridad del paisaje eclesial, quienes en el silencio de sus laboratorios reflexionan sobre cómo debe explicarse los misterios de nuestro Credo a las personas de nuestra generación para que nunca se pierda el sentido comĆŗn de la fe católica y evitemos entrar en alguna herejĆa. Ocurre, por estos tiempos, que los teólogos son unos pocos y dĆ©biles personajes que salen muy de tarde en tarde al pĆŗblico. No es fĆ”cil encontrar un teólogo en tertulias televisivas, ni en emisoras de radio, ni siquiera en la prensa escrita en papel. Algunos que asĆ mimos se llaman teólogos escriben en sus blogs propios sobre lo que consideran que es su papel de personas estudiosas de la teologĆa que es la ciencia que trata sobre Dios y nuestra fe en su Revelación que nos hizo por medio de Cristo su Hijo cuando predicó su evangelio, quien luego entregó tal depósito a la Iglesia Católica, a la que encomendó la obligación de ahondar en las verdades de nuestra fe.
Corren dĆas en que los teólogos estĆ”n perdidos, parecen suspendidos de empleo y sueldo como los hombres del tiempo de la televisión. Necesitamos ver teólogos, hombres de fe que nos expliquenlos misterios de la fe católica a la luz del lenguaje de este tiempo de la informĆ”tica, ahora que sacar un libro en papel estĆ” yĆ©ndose por el sumidero del mercado editorial, en estas fechas en que se dicen tantas memeces que estĆ”n al alcance del valor de un cĆ©ntimo, se echa de menos a personas con fortaleza mental y documentada que con su autoridad seƱalen cómo debemos hablar a los católicos preocupados por la enseƱanza religiosa de sus hijos, cuando las clases de Religión van a ser reducidas a tres cuartos de hora, y cuando vemos que la ocupación intelectual sobre los grandes cuestiones de fe católica se vulgarizan tan rĆ”pidamente.
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