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La Cruz de Borgoña en Lima: peruanos defienden la herencia española frente al vandalismo indigenista

Y la guerra cultural contra lo hispano que enarbola el Gobierno de Castillo
Concentración de colectivos hispanistas y peruanistas en monumento a Cristóbal Colón en Lima. Foto: Nathaly Medina

El pasado 12 de octubre, “Día de la Hispanidad”, un piquete de jóvenes comunistas e indigenistas se movilizó hasta el monumento a Cristóbal Colón ubicado en el paseo que lleva su nombre en el centro histórico de Lima. Son ya conocidos los hechos ocurridos en otras partes del mundo: ahí donde se eleva una estatua del marino genovés que descubrió América en 1492, una turba enfurecida irrumpe para traerla abajo.

Pero a diferencia de Santiago de Chile, Bogotá o Ciudad de México, en Lima un grupo de peruanos que reivindica la herencia española se adelantó a los manifestantes de izquierda y rodearon el monumento a Colón, que previamente había sido cubierto con telas y maderas por la Municipalidad Metropolitana de Lima, la cual viene realizando labores de restauración.

Concentración de colectivos hispanistas y peruanistas en monumento a Cristóbal Colón en Lima. Foto: Nathaly Medina

“Los colectivos hispanistas habían convocado un pasacalle para el 12 de octubre con el propósito de conmemorar el Día de la Hispanidad. Nosotros no somos hispanistas, somos peruanistas. Nos hicimos presentes en el monumento a Cristóbal Colón porque sabemos que este tipo de estatuas, patrimonio de la ciudad de Lima, son vandalizadas o derribadas en varios países durante esta fecha. Nuestro propósito era disuadir a los manifestantes violentos y proteger a los ciudadanos que libremente querían celebrar su festividad. Treinta minutos después de que nosotros llegamos al Paseo Colón, aparecieron los manifestantes indigenistas y de la extrema izquierda, que empezaron a acosar e insultar a los integrantes de los colectivos hispanistas. Incluso agredieron a un par y les quitaron sus banderas. Al inicio no hubo presencia policial, solo del serenazgo municipal, que al estar poco preparados y en mal estado físico, no podían evitar que los vándalos hagan de la suya”, cuenta Martín Barrueto, vicepresidente de la Sociedad Patriotas del Perú y comandante de la Brigada Cervantes, una patrulla ciudadana que protege a los manifestantes de derecha de la violencia comunista e indigenista, que, en julio de este año, cobraron su primer víctima, Richard Muro Macedo, un hombre de 57 años que fue abordado y golpeado brutalmente con palos y látigos por presuntos simpatizantes del partido marxista-leninista Perú Libre cuando participaba de una marcha en rechazo a la victoria de Pedro Castillo.

«La escena podría ser una simple anécdota, sin embargo, tiene una enorme simbología: en el Perú comienzan a surgir dos ejércitos en una guerra cultural sin precedentes, una guerra cultural que no se presentó en Venezuela, Bolivia ni Chile«, advierte Víctor Andrés Ponce, director del portal El Montonero.

Según Ponce, la izquierda bolivariana no solo busca mancillar la estatua de Colón -en una clara afrenta contra la herencia hispana-; su objetivo primordial es poner a América Latina contra Occidente, buscando legitimar sus proyectos de repúblicas plurinacionales a través de la instrumentalización política que ejercen sobre los denominados “pueblos originarios”.

“Detrás del intento de mancillar la estatua de Colón, evidentemente, estaba la estrategia comunista y progresista de convertir a la herencia hispana en un personaje de los infiernos, como una manera de poner a América Latina en contra de Occidente. La idea de señalar al virreinato como la causa de todos nuestros males busca legitimar la humareda de “los pueblos originarios” como forma de justificar “la república plurinacional” y la ruptura del Perú con Occidente”, señala.

“Detrás de las dificultades para celebrar lo que somos está la Leyenda Negra que se ha forjado contra España, contra la Conquista y los varios siglos de virreinato que fraguaron el curso de la peruanidad. Una leyenda que nació como una estrategia imperial de los países protestantes, que luego se extendió con el racionalismo metafísico de la Ilustración francesa y que, de una u otra manera, resucitó varias veces en Occidente. Una leyenda que hoy es cultivada con esmero por las diversas corrientes marxistas y comunistas, y se ha convertido en la estrategia ideal para cuestionar la ubicación del Perú y de América Latina dentro de la gran hermandad iberoamericana y de la pertenencia a Occidente. En otras palabras, la leyenda negra antiespañola es la manera de enfrentar al Perú con la gran herencia occidental”, asegura.

Aspas de Borgoña en Lima

En junio, durante las protestas ciudadanas contra un presunto fraude electoral que habría cometido la izquierda durante la segunda vuelta, las Aspas de Borgoña, viejo símbolo del imperio español, ondearon en Lima, la vieja “Ciudad de los Reyes”, desafiando a las wiphalas y banderas rojas enarboladas por la izquierda y los grupos indigenistas.

Para la sorpresa de liberales, libertarios y marxistas, “tribus políticas” con significativo impacto mediático, el hispanismo irrumpe entre los jóvenes de derecha conservadora, menos propensos a caer en la propaganda republicana que imparte la historia oficial en las aulas, y que tampoco se han dejado seducir por los tópicos de la “Patria Grande” y los “estados plurinacionales” que prometen los comunistas bolivarianos, continuadores de la revolución que deshizo los reinos españoles americanos en el siglo XIX.

Los colores de las Aspas de Borgoña, rojo y blanco, nunca se fueron del Perú. Resulta lógico que en un país que resistió a la independencia, esta bandera se volviera a ondear¿Por qué aparece el Aspa de Borgoña en las protestas contra el presunto fraude de la izquierda en las elecciones generales? Precisamente como un símbolo contestatario. Estas protestas son síntoma de un hartazgo social, y justamente se producen en una fecha muy simbólica, casi mística para los revolucionarios: el bicentenario. Y para entender el significado de las Aspas de Borgoña en el Perú, habría que remontarse a los tiempos del Ejército Real del Perú, desde su creación por el virrey Abascal hasta la capitulación de la Fortaleza del Real Felipe en el Callao. Cuando hablamos de las Aspas de Borgoña ondeando en los Andes, estamos hablando de un auténtico símbolo de lucha y resistencia. No olvidemos que el Perú fue un bastión leal a la monarquía hispánica que tuvo que ser liberado a la fuerza por tropas extranjeras”, opina Antonio Moreno Ruiz, historiador por la Universidad de Sevilla y especialista en historia de América.

Según Moreno, el “relato idolátrico y monolítico” de las independencias y repúblicas latinoamericanas se ha visto mermado desde mediados de 2010 -coincidiendo con los bicentenarios que iban conmemorando cada uno de los países del continente-, esto por el impacto de la revisión histórica de los hechos que provocaron la ruptura de la Iberosfera, pero sobre todo al fracaso de los proyectos políticos republicanos, que no han conseguido satisfacer a las grandes mayorías, descontentas con el desempeño de sus gobernantes.

“Puede que haya algo providencial con lo que estamos viviendo, pues lo que mal empieza, mal acaba, y no solo está pasando en el Perú, es algo a nivel de toda la Iberoesfera. El relato idolátrico y monolítico de la independencia no se sostiene más. Las oligarquías que dominan el mundo hispánico desde mediados del siglo XIX nos han privado de nuestros símbolos y tradiciones, y hay muchas personas en ambos lados del Atlántico que quieren recuperarlas. Los proyectos republicanos fracasados, sumada la crisis económica producida por la pandemia del covid-19, las afrentas del separatismo y, por supuesto, la amenaza de los regímenes narco comunistas de tinte bolivariano, ha provocado que muchos jóvenes pasen de la curiosidad intelectual al terreno de la acción política. Los hispanoamericanos más jóvenes se preguntan quién y por qué han querido borrar a España de su historia. En mi paso por el Perú, me di cuenta que eran los jóvenes los más interesados en recuperar ese pasado. La gente de sesenta o setenta años creció bajo la idolatría sanmartiniana y bolivariana, pero los jóvenes son los más críticos con lo que les cuentan sus profesores en la escuela y universidad, críticos con el discurso monolítico que ya no se sostiene materialmente”, señala.

Las manifestaciones a favor de la hispanidad no solo se han reducido a Lima, donde ocurrieron los hechos más recientes del 12 de octubre en el Paseo Colón, también se han visto ondear las Aspas de Borgoña en otras localidades, como Cajamarca, una ciudad ubicada en los Andes del norte peruano, cuya historia está muy ligada a la Conquista emprendida por Francisco Pizarro hace casi cinco siglos, pues ahí fue capturado el inca Atahualpa. Además, es la provincia natal de Pedro Castillo, un enemigo acérrimo de la hispanidad.

“En Cajamarca hemos iniciado este movimiento, Resurgimiento Nacional, que no solo busca la reivindicación de nuestras raíces mestizas, también enfrentamos a las ideologías comunistas y progresistas que se están infiltrando en las diferentes naciones hispanoamericanas y están destruyendo los cimientos de nuestras sociedades, como es la familia. Defendemos y reivindicamos nuestras raíces, fruto del encuentro entre España y los pueblos nativos, fundamentadas en la fe católica cristiana”, cuenta Vanessa Campos Luján, una de las fundadoras.

Para sorpresa de muchos vecinos de Cajamarca, este 12 de octubre las Aspas de Borgoña ondearon en el cerro de Santa Apolonia, un mirador natural de esa ciudad donde concurren muchos turistas. A pesar de las críticas e insultos que recibió de parte de algunos usuarios en redes sociales tras publicar unas fotografías donde aparece el viejo símbolo del imperio español flameando en la sierra peruana, Campos asegura que muchos cajamarquinos se acercaron a preguntar por la bandera, y no dudaron en fotografiarse con ella.

Peruanas portan la bandera de la Cruz de Borgoña. Cajamarca. Vanessa Campos Luján

“La Cruz de Borgoña es un símbolo olvidado en la historia peruana, ocultado al igual que los trescientos años de virreinato. En la escuela nos cuentan del incanato, luego la Conquista y finalmente la independencia y república, obviando los casi tres siglos que duró el virreinato del Perú. El Aspa de Borgoña fue también nuestra bandera, y en base a ella se diseñó la primera bandera independiente, que usó José de San Martín en 1821. Este 12 de octubre llevamos el Aspa de Borgoña al cerro Santa Apolonia, un mirador donde llegan muchos turistas y hay muchos comercios de artesanía. Hicimos una recreación y explicamos su origen y en qué consistía. Muchas personas se acercaron y se tomaron fotografías. En eso consiste nuestro proyecto, que los peruanos abracen sus raíces mestizas. En el Perú no hubo ningún genocidio como quiere vender el indigenismo, un pensamiento que ha calado mucho en los peruanos, sobre todo en la zona andina. Algo totalmente falso. Si hubiera ocurrido un genocidio, no tendríamos, por ejemplo, aquí en Cajamarca gente de rasgos andinos con apellidos españoles, o gente con rasgos europeos y apellidos indígenas. En el Perú somos hijos del encuentro entre dos imperios, y nuestra unidad cimentada bajo la fe católica y cristiana, que ha vertebrado nuestra sociedad. Debemos valorar y abrazar nuestras raíces, porque no podemos odiar a nuestro padre o a nuestra madre. ¿Qué clase de persona sana y estable odia a su padre o madre? La hispanidad consiste en abrazar nuestras raíces mestizas, no solo en el Perú, sino en toda Hispanoamérica, pues hemos sido y somos el mismo pueblo desde México hasta Chile”, asevera.

La guerra cultural

El gobierno del comunista Pedro Castillo enarbola una guerra cultural contra lo hispano y occidental para dividir a los peruanos, quienes conviven desde hace casi cinco siglos en una sociedad mestiza, donde no solo destacan los aportes europeos y aborígenes, también asiáticos y africanos.

La primera señal de esta afrenta se dio durante su mensaje inaugural el 28 de julio, culpando a “los hombres de Castilla” de todos los males que sufre el país andino, en contraste con las culturas aborígenes, a quienes exaltó por haber vivido en “armonía con la rica naturaleza” hasta la llegada de los conquistadores españoles. 

“En nuestras tierras florecieron importantes y extensos estados como el Wari y, luego, el Tahuantinsuyo. Durante cuatro milenios y medio, nuestros antepasados encontraron maneras de resolver sus problemas y de convivir en armonía con la rica naturaleza que la providencia les ofrecía. Fue así hasta que llegaron los hombres de Castilla, que con la ayuda de múltiples felipillos, y aprovechando un momento de caos y desunión, lograron conquistar al estado que hasta ese momento dominaba gran parte de los Andes centrales”, dijo el socio de Evo Morales y Nicolás Maduro en su toma de posesión, a quien no le importó -aunque sea por decoro- que el rey Felipe VI de España participara en la ceremonia de investidura como uno de los invitados de honor junto a otros jefes de Estado.

Castillo no está solo en esta guerra cultural. Durante su presentación ante el Congreso de la República, y con ánimo provocador, el ex primer ministro Guido Bellido -quien tuvo que renunciar al cargo a petición de la Presidencia- habló en quechua ante una audiencia mayoritariamente hispanohablante para generar una controversia sociocultural, pues ante los reclamos de quienes no le entendían, este deslizó que la oposición se mostraba como “intolerante” e incluso racista por pedirle que se dirigiera a ellos en español.

El discurso de la izquierda andina, que se replica en el Perú, Ecuador y Bolivia, está anclado desde su origen en una reivindicación del pasado prehispánico. Es un discurso que ahora llamaríamos identitario, que pretende que las reivindicaciones típicas de la izquierda, no importa cuales sea, si son laborales, sindicales o sexuales, tienen su arraigo en un pasado en el cual tuvieron supuestamente plenitud, plenitud que se habría interrumpido por la incorporación de esta parte del mundo a la Corona de Castilla y a la Cristiandad. Toda esa narrativa es completamente fantasiosa, no tiene ni pies ni cabeza, pero hay que recordar que las ideologías, particularmente las utopistas, tienen que hacer lo que Benedict Anderson llamaba el imaginario colectivo. Esta idea de que había un pasado prehispánico idílico, como el que presentó el señor Castillo en su discurso inaugural, no resiste ningún análisis histórico”, sostiene Víctor Samuel Rivera, doctor en filosofía por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía.

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