Los atletas transgénero serán prohibidos en las competiciones femeninas de los Juegos Olímpicos tras una revisión de pruebas sobre las ventajas deportivas de haber nacido hombre, según los debates internos que actualmente mantiene el Comité Olímpico Internacional (COI). La medida, que afectaría a los Juegos de Los Ángeles 2028, supondría un cambio radical en la política deportiva internacional y pondría fin a la participación de mujeres trans en cualquier disciplina olímpica.
La iniciativa está siendo impulsada bajo la presidencia de Kirsty Coventry, quien desde su elección ha abogado por reforzar la protección de la categoría femenina. Su propuesta busca establecer un marco común para todos los deportes, reemplazando las actuales normas que permiten a cada federación decidir individualmente si aceptar o no a competidoras trans siempre que mantengan niveles de testosterona por debajo de un umbral determinado.
El cambio, que aún no ha sido aprobado oficialmente, pretende evitar escenarios polémicos como el vivido con la halterófila neozelandesa Laurel Hubbard en Tokio 2021, quien compitió tras realizar su transición casi una década antes. El COI insiste en que todavía no se ha tomado una decisión definitiva y que el grupo de trabajo continúa deliberando sobre las implicaciones científicas, éticas y legales del posible veto.
Según fuentes internas citadas por Daily Mail Sport, el anuncio formal podría llegar en febrero, aunque su entrada en vigor se retrasaría entre seis meses y un año. La nueva norma no se aplicaría en los próximos Juegos Olímpicos de Invierno en Italia, pero sí marcaría un precedente histórico para el movimiento olímpico.
En paralelo, la revisión también aborda el controvertido caso de las atletas con diferencias en el desarrollo sexual (DSD), como las boxeadoras Imane Khelif (Argelia) y Lin Yu-ting (Taiwán), que desataron una fuerte polémica en París 2024 al ganar medallas de oro pese a haber sido excluidas del Mundial de 2023 por no superar los test de elegibilidad de género. La gestión de aquel episodio generó un profundo malestar en el seno del COI, al considerar muchos miembros que se comprometió la integridad de la competición femenina.
Durante las recientes reuniones celebradas en Lausana, la doctora Jane Thornton, directora médica y científica del COI, presentó un informe técnico en el que se analizaron las últimas investigaciones sobre identidad de género y rendimiento deportivo. La exposición subrayó la diferencia entre deportistas transgénero y aquellas con DSD, un matiz clave de cara a la futura regulación.
A largo plazo, las fuentes apuntan a que también podría producirse una reforma específica para los casos DSD, aunque este asunto genera una fuerte división interna y es probable que su tramitación sea más lenta.
Además, la postura del COI coincide con la línea política marcada por el presidente estadounidense Donald Trump, quien en febrero firmó una orden ejecutiva que prohíbe la participación de mujeres trans en competiciones femeninas dentro de Estados Unidos. El organismo olímpico, consciente de la sensibilidad del tema, intenta evitar un nuevo conflicto diplomático en el año previo a los Juegos de Los Ángeles.
De confirmarse, esta política supondría un giro histórico en el olimpismo moderno y consolidaría la posición de Coventry como una de las dirigentes más influyentes del deporte mundial, al haber defendido abiertamente que la categoría femenina debe preservarse frente a cualquier tipo de ventaja biológica derivada del sexo de nacimiento.