Durante su etapa al frente del Ministerio de Economía, la hoy presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño, presionó de manera directa, personal y reiterada al Instituto Nacional de Estadística para alterar al alza las cifras oficiales de crecimiento económico, una práctica que afectó al organismo entre 2020 y 2022 y que implicó a su presidente y a varios altos cargos del instituto.
Según El Mundo, distintas fuentes que vivieron aquellas conversaciones han confirmado que la versión que Calviño recoge en su libro no refleja el alcance real de su implicación en ese intento de modificar los datos del PIB. Las reuniones que mantuvo con el entonces presidente del INE, Juan Rodríguez Poo, revelan un tono y una presión que no habían salido a la luz hasta ahora.
Las mismas fuentes describen encuentros tensos, con voces elevadas, en los que la vicepresidenta recriminó a Rodríguez Poo que el INE publicase cifras de recuperación económica más lentas de lo que ella consideraba oportuno. Esa presión de alto voltaje terminó con la salida del presidente del organismo en junio de 2022, una renuncia presentada oficialmente como «motivos personales».
El marco europeo es claro: los gobiernos de la UE tienen prohibido presionar a sus institutos estadísticos. El reglamento comunitario de Estadística y el Código Europeo de Buenas Prácticas blindan la autonomía metodológica de estos organismos. Sin embargo, Calviño arremete en sus memorias contra la dirección del INE y acusa a sus técnicos de cometer «graves errores» en la estimación del PIB hasta 2024, además de admitir que su Ministerio «ayudó» al instituto a revisar al alza los datos.
Fuentes consultadas por El Mundo aseguran que la entonces vicepresidenta fue mucho más allá de esas «ayudas». Ella misma encabezó las presiones y solicitó destituciones de altos cargos pese a que el INE debe actuar con independencia del Ejecutivo para garantizar su credibilidad ante la sociedad española y ante Eurostat.
Rodríguez Poo, catedrático de prestigio nombrado por la propia Calviño en 2018, optó por abandonar el organismo sin ruido. Poco después, fue incorporado al Consejo Asesor de Gobernanza Estadística Europea en Bruselas.
La ofensiva de Calviño no afectó solo a la cúspide del INE. También trasladó al presidente del organismo su deseo de relevar a la directora de Cuentas Nacionales, María Antonia Martínez Luengo, a quien llegó a calificar de «inútil», según la información recogida por El Mundo. Pese a ello, Rodríguez Poo se negó a cesarla. Martínez Luengo, máxima responsable de las cifras del PIB, dejó más adelante el organismo y en 2024 fue nombrada directora de estadísticas macroeconómicas de Eurostat.
Ese mismo año, Eurostat anunció una revisión al alza de los datos de 2021, 2022 y 2023. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, celebró el incremento del PIB acumulado y destacó que la rectificación permitió mejorar la ratio de deuda pública hasta situarla en el 105%, una meta adelantada respecto al calendario previsto.
Calviño interpreta esa revisión como una prueba de que sus advertencias eran correctas. En su libro, sostiene que el crecimiento desde 2019 habría sido 3,6 puntos superior a lo estimado inicialmente. Pero el INE defiende que la revisión de 2024 fue un proceso ordinario, similar al del resto de países europeos tras la pandemia.
Otro nombre aparece en esas presuntas presiones: Alfredo Cristóbal, actual director general de Estadísticas Económicas. La exvicepresidenta también habría pedido su destitución, según las fuentes consultadas. La presidenta del INE desde 2022, Elena Manzanera, mantiene a Cristóbal en el cargo, aunque evita pronunciarse sobre las acusaciones que contiene el libro de Calviño.