«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
según el informe Global Tax Outlook 2025 elaborado por la consultora BDO

Dos de cada tres empresas prevén más costes fiscales en 2026 por el aumento de la regulación

El 71% de las empresas consultadas admite estar adoptando alguna forma de externalización. Europa Press.

La creciente presión regulatoria empieza a pasar factura de forma directa al tejido productivo. El 66% de las empresas prevé un aumento de los costes de cumplimiento fiscal en 2026, según el informe Global Tax Outlook 2025 elaborado por la consultora BDO.

El diagnóstico es claro: más normativa, más burocracia y más recursos dedicados a cumplir con Hacienda en detrimento de la actividad productiva. De hecho, el 81% de las compañías reconoce que ya invierte más tiempo en responder a requerimientos fiscales que en 2023, lo que impacta directamente en su eficiencia interna.

El principal problema es la complejidad del entorno fiscal. Para la mitad de los directivos consultados, navegar el actual marco regulatorio —marcado por iniciativas como el Pilar II de la OCDE o las nuevas obligaciones de reporte digital— se ha convertido en el mayor desafío empresarial.

Las consecuencias ya son visibles: el 61% admite incumplir plazos en la presentación de declaraciones y el 50% reconoce errores en sus obligaciones fiscales, lo que aumenta el riesgo de inspecciones y sanciones.

Ante este escenario, las empresas se ven obligadas a destinar más recursos a cumplir con la normativa. Dos tercios prevén incrementos significativos en sus presupuestos fiscales, impulsados por la necesidad de invertir en tecnología, formación y personal especializado.

La reacción del sector es clara: adaptarse o colapsar. Un 62% ya está reforzando las capacidades de sus equipos, mientras que la inteligencia artificial comienza a incorporarse en áreas como la planificación fiscal o el análisis de datos. Sin embargo, su implantación aún se encuentra en fases iniciales.

Paralelamente, crece la externalización. El 71% de las empresas ya recurre a servicios externos para gestionar sus obligaciones fiscales, buscando flexibilidad y acceso a conocimiento especializado ante un sistema cada vez más complejo.

El resultado es un círculo vicioso: más regulación genera más costes, más errores y más dependencia de estructuras externas. En lugar de simplificar el marco fiscal, la tendencia apunta hacia un modelo cada vez más tecnificado, costoso y difícil de gestionar.

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