Alemania, China, Brasil y Rusia se incorporan al grupo de grandes economías que pierden impulso
El frenazo del PIB por habitante amenaza el nivel de vida de 3.300 millones de personas
El frenazo del PIB por habitante amenaza el nivel de vida de 3.300 millones de personas
Pobreza en Beirut. Europa Press.
Por LGI
20 de septiembre de 2026

El crecimiento económico mundial oculta una realidad cada vez más incómoda: miles de millones de personas viven en países donde la economía crece, pero el nivel de vida por habitante apenas mejora o directamente retrocede.

Un análisis publicado por The Economist concluye que alrededor de 3.300 millones de personas —más de dos de cada cinco habitantes del planeta— viven actualmente en economías donde el PIB real por persona creció entre 2014 y 2024 a la mitad del ritmo registrado durante la década anterior o incluso menos. En 2014, esa situación afectaba únicamente a unos 1.100 millones de personas.

Más de 730 millones de personas viven además en países donde el PIB por habitante directamente ha disminuido, uno de los indicadores más utilizados para aproximarse a la evolución del nivel de vida material.

Entre las grandes economías que se han incorporado a este grupo aparecen Alemania, China, Brasil y Rusia, países con modelos productivos y niveles de renta muy diferentes, pero que comparten una pérdida clara de dinamismo respecto a las décadas anteriores.

Alemania: más población, pero escasa productividad

El caso alemán resulta especialmente significativo. Entre 2014 y 2024, la productividad del país apenas avanzó mientras Alemania experimentaba un importante crecimiento de población ligado, entre otros factores, a la inmigración. Según el análisis de The Economist, la renta real por habitante alemán aumentó únicamente un 0,6% anual durante ese periodo, frente al 1,5% anual registrado en la década anterior.

La desaceleración se produjo pese a que aquella etapa precedente había incluido acontecimientos especialmente severos, como la crisis financiera internacional de 2008 y la posterior crisis del euro. Los datos del Banco Mundial confirman el débil comportamiento reciente de la economía alemana: el PIB del país se contrajo un 0,5% en 2024.

The Economist señala que, en buena parte del mundo desarrollado, la combinación de baja productividad y rápido crecimiento demográfico puede provocar que el PIB total aumente sin que la riqueza disponible por ciudadano mejore en la misma proporción.

La inmigración puede aumentar con el tiempo la capacidad productiva de una economía, pero sus efectos inmediatos sobre el PIB por persona dependen de factores como la productividad, la participación laboral, los salarios y el crecimiento del gasto público. Cuando la productividad permanece estancada, advierte el semanario, unos presupuestos públicos que crecen lentamente deben repartirse entre una población cada vez mayor.

China crece a la mitad del ritmo de hace una década

El frenazo afecta también a China. Durante las décadas anteriores, el gigante asiático protagonizó una de las mayores transformaciones económicas de la historia moderna gracias a la industrialización, las exportaciones y la incorporación de cientos de millones de trabajadores al mercado.

Pero el crecimiento del PIB por habitante chino entre 2014 y 2024 fue aproximadamente la mitad del registrado entre 2004 y 2014.

El modelo basado en la expansión industrial y la inversión masiva ha perdido fuerza, mientras China afronta problemas de demanda interna, endeudamiento inmobiliario y envejecimiento demográfico. El cambio también empieza a alterar las expectativas sociales.

Una encuesta citada por The Economist muestra que sólo el 28% de los chinos creía en 2023 que el trabajo duro siempre terminaba siendo recompensado, frente al 62% registrado en 2014.

Entre los jóvenes, el deterioro de las expectativas es especialmente acusado. Más de la mitad de los chinos nacidos aproximadamente entre 1995 y 2010 asegura estar preocupado por sus posibilidades de alcanzar una vida mejor.

Iberoamérica lleva una década prácticamente estancada

La situación tampoco es favorable en Iberoamérica. El crecimiento por habitante en países que durante años se beneficiaron del auge de las materias primas comenzó a frenarse después de 2014, cuando terminó el gran ciclo alcista de las commodities.

Economías como Chile, Uruguay o Brasil han perdido buena parte del impulso registrado durante la década anterior. El resultado es que, en promedio, un iberooamericano apenas es más rico hoy que hace diez años, según los cálculos recogidos por The Economist.

La situación es todavía más grave en buena parte del África subsahariana. Al sur del Sahel, la renta por habitante ha descendido alrededor de un 3,4% durante la última década. En Angola, uno de los principales exportadores africanos de petróleo y diamantes, el PIB por persona se ha reducido aproximadamente una cuarta parte.

India se convierte en la gran excepción

No todo el panorama mundial es negativo. Los países que han conseguido mantener un crecimiento fuerte del PIB por habitante experimentaron un aumento medio de la renta real del 38% entre 2014 y 2024. India explica una parte importante de ese resultado.

Sus alrededor de 1.500 millones de habitantes siguen atravesando un proceso de convergencia con las economías más desarrolladas, impulsado por el crecimiento económico y por una transición demográfica que está reduciendo progresivamente la natalidad. Estados Unidos también destaca dentro del mundo desarrollado.

La economía estadounidense ha seguido mostrando un comportamiento superior al de buena parte de Europa y contribuye a elevar el promedio de crecimiento por habitante entre los países ricos.

De 68 a 80 países estancados

El número de países y territorios afectados por un crecimiento reducido o inexistente del PIB por habitante ha aumentado de 68 en 2014 a 80 en 2024. El fenómeno engloba realidades completamente distintas: desde Canadá y Alemania hasta la República Democrática del Congo.

Las causas también varían. En algunos países pesa el envejecimiento de la población; en otros, la falta de productividad, la mala gestión económica, la dependencia de materias primas o el fuerte crecimiento demográfico. Pero el efecto social puede ser similar: la ruptura de la expectativa de que cada generación vivirá mejor que la anterior.

Jóvenes más pesimistas y sociedades más inestables

El deterioro económico empieza también a modificar las actitudes sociales y políticas. Una investigación realizada entre 20.000 europeos en 2025 encontró que al menos cuatro de cada diez consideraban que su generación se encontraba económicamente perjudicada. Ese sentimiento de pérdida relativa es especialmente intenso entre los jóvenes.

Los investigadores citados por The Economist denominan este fenómeno «privación nostálgica»: la percepción de que generaciones anteriores disfrutaron de mejores oportunidades económicas, acceso más fácil a la vivienda y mayor movilidad social.

Estudios académicos relacionan esa percepción con una mayor volatilidad electoral y una menor confianza en las instituciones, aunque la relación entre crecimiento económico y comportamiento político varía ampliamente según cada país y contexto.

El riesgo principal es que se genere un círculo difícil de romper: menor crecimiento, mayor frustración social, más inestabilidad política y menor capacidad para aplicar las reformas necesarias para recuperar la productividad.

El dato de fondo es contundente: en apenas diez años, la población mundial que vive en economías cuyo crecimiento por habitante se ha reducido drásticamente ha pasado de 1.100 millones a 3.300 millones de personas.

El desafío económico de la próxima década puede no ser simplemente conseguir que aumente el PIB, sino lograr que ese crecimiento vuelva a traducirse en una mejora perceptible del nivel de vida de cada ciudadano.

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