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La sequía y el calor amenazan con encarecer aún más los alimentos: la cesta de la compra acumula ya un 40% de subida en el último lustro

Una pareja hace la compra en un supermercado, archivo, EP

La cesta de la compra afronta la recta final de 2026 con nuevos factores de presión, pese a que la inflación alimentaria se mantiene todavía lejos de los máximos registrados durante la crisis de precios iniciada hace cuatro años tras la guerra de Ucrania.

Según publica El Economista, el repunte de los costes energéticos, el transporte y los fertilizantes se suma ahora al encarecimiento de los cereales, especialmente después de la sequía y las olas de calor registradas durante el verano en distintas zonas de Europa. El trigo blando sube cerca de un 16% desde enero y se sitúa en torno a los 242 euros por tonelada a finales de agosto, mientras la cebada acumula un aumento del 9% y el maíz, próximo al 7%.

El incremento de los costes ya empieza a reflejarse en los precios de los alimentos. Según el avance de agosto del Instituto Nacional de Estadística (INE), los alimentos y bebidas no alcohólicas registraron una subida interanual del 2,4%, después de cinco meses consecutivos de descensos.

El encarecimiento acumulado desde 2021 alcanza el 40%, prácticamente el doble que el incremento registrado por el conjunto del coste de vida, según el informe «La despensa a presión. Radiografía de la inflación alimentaria en España (2015-2025)», elaborado por EAE Business School.

El vicedecano de Investigación de EAE, Samer Ajour El Zein, considera que, debido al elevado nivel de precios alcanzado, la cadena alimentaria podría verse obligada a asumir parte de los costes mediante una reducción de sus márgenes para evitar un descenso del consumo.

Aunque no prevé una escalada de precios similar a la registrada en 2022, sí contempla un repunte derivado del impacto energético. Además, el aumento de los precios de los alimentos tiene un mayor efecto sobre los hogares con rentas más bajas, que destinan una proporción más elevada de sus ingresos a la alimentación.

El análisis de CaixaBank Research apunta a un cambio en la evolución de los precios. Los productos frescos aceleran mientras elaborados contienen su inflación. La inflación de los alimentos frescos aumentó 2,2 puntos porcentuales en agosto, hasta el 4,5%, mientras que la de los alimentos elaborados descendió dos décimas, hasta el 1,5%.

El centro de estudios advierte además de que el encarecimiento del petróleo y el gas puede elevar los costes de transporte, electricidad, producción y fertilizantes. El impacto final dependerá, no obstante, de la parte de ese incremento que absorban los distintos eslabones de la cadena alimentaria.

BBVA Research mantiene también la cautela ante la evolución de los costes desde el campo hasta los supermercados, mientras que Aecoc destaca los esfuerzos realizados por fabricantes y distribuidores para contener el traslado de los aumentos de costes al consumidor.

A esta situación se suma el comportamiento de los mercados internacionales. Los alimentos mundiales alcanzan máximos desde 2022 después de que el índice de precios de la FAO aumentara un 1,9% mensual en agosto, impulsado principalmente por el azúcar, los cereales y los productos lácteos.

La FAO ha reducido su previsión de producción mundial de cereales para 2026 hasta 2.980 millones de toneladas, aunque la cosecha seguiría siendo la segunda más elevada de la historia.

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