«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
el Régimen Agrario cae un 14%

La subida del SMI golpea al campo y destruye más de 100.000 empleos agrarios

Un agricultor se lleva las manos a la cabeza. Redes sociales

El Salario Mínimo Interprofesional (SMI) ha pasado en España de 735,9 euros mensuales en 14 pagas en 2018 a 1.221 euros en 2026, una subida del 66% impulsada por el Gobierno que ya tiene consecuencias directas en el empleo agrario. Frente al crecimiento general del mercado laboral, el campo pierde trabajadores de forma sostenida.

Según un informe de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), entre 2019 y 2025 la afiliación total a la Seguridad Social ha aumentado en casi 2,4 millones de personas. Sin embargo, el Régimen Agrario ha perdido 107.967 afiliados, lo que supone un descenso del 14,1%.

El análisis señala al incremento del SMI como una de las causas de esta caída. Una tendencia que también afecta al sector de empleados del hogar, con una reducción del 14,2%, aunque con menor impacto en términos absolutos.

El presidente de Asaja Madrid, Francisco José García Navarrete, alerta del efecto real de estas medidas: «El problema no es el salario mínimo, es el coste total que tiene que soportar el empleador. Estamos a favor de que los trabajadores cobren más, pero no siempre a costa del empresario».

El coste de contratar a un trabajador con el salario mínimo alcanza los 1.989 euros mensuales al sumar salario y cotizaciones sociales. Según el sector, esta cifra limita la contratación y reduce la viabilidad de muchas explotaciones. «Muchas veces no sale a cuenta contratar trabajadores. El Ejecutivo impulsa estas subidas, pero con el dinero de agricultores y ganaderos», afirma García.

El encarecimiento laboral ha provocado cambios en el modelo productivo. Parte del sector opta por cultivos que requieren menos mano de obra o por procesos mecanizados. También se han paralizado ampliaciones y se han producido despidos.

El trasfondo del conflicto se sitúa en el desequilibrio entre costes y rentabilidad. Los agricultores denuncian que el aumento del SMI no se traslada a los precios en origen. «Pagamos en euros y cobramos en pesetas», resume García, al señalar que productos como el cereal mantienen precios similares a los de hace décadas.

Mientras el conjunto del empleo crece, el campo se desmarca de esa tendencia y afronta un deterioro que cuestiona su sostenibilidad a medio plazo.

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