El precio de la vivienda en España mantiene una tendencia alcista sostenida durante el primer trimestre de 2026, según los últimos datos disponibles, en un contexto marcado por tensiones estructurales entre oferta y demanda y un entorno macroeconómico incierto. De acuerdo con el informe publicado por Tinsa by Accumin, el coste medio de la vivienda nueva y usada alcanzó los 1.987 euros por metro cuadrado, lo que supone un incremento interanual del 14,3%.
Según publica el portal libremercado, en términos reales, descontando el efecto de la inflación, el aumento se situó en el 11,8%, mientras que la variación trimestral entre enero y marzo fue del 3,2%. La evolución de los precios muestra una aceleración progresiva desde finales de 2024, cuando el crecimiento interanual se situaba en niveles significativamente inferiores. Este comportamiento confirma la consolidación de una fase expansiva en el mercado residencial.
Desde una perspectiva histórica, el informe señala que, desde el mínimo registrado tras la crisis inmobiliaria en 2015, el precio de la vivienda ha experimentado un incremento acumulado del 68% en términos nominales. No obstante, los valores actuales se mantienen todavía un 4,5% por debajo de los máximos alcanzados en 2007, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria. En términos reales, el crecimiento desde mínimos es del 32%, permaneciendo aún un 34% por debajo de los niveles previos a la crisis.
El incremento de precios presenta una distribución geográfica heterogénea, aunque ampliamente extendida. En concreto, 14 de las 19 comunidades y ciudades autónomas registraron subidas superiores al 10% interanual. Destacan los aumentos en Madrid, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha, todas ellas con crecimientos cercanos o superiores al 18%. El fenómeno también se intensifica en zonas costeras e insulares, donde la presión de la demanda y la limitada disponibilidad de suelo consolidan la tendencia alcista.
A nivel provincial, el encarecimiento supera el 10% en 34 de las 52 provincias, con especial incidencia en áreas metropolitanas, archipiélagos y regiones turísticas. En términos nominales, algunas comunidades como Baleares o Madrid ya han superado los niveles máximos de 2007. Sin embargo, en términos reales, únicamente Baleares se aproxima a dichos registros.
En paralelo, el esfuerzo económico requerido para acceder a una vivienda continúa en aumento, situándose en el 33,9% de la renta disponible de los hogares. Este indicador supera el umbral considerado razonable en varias provincias, alcanzando niveles muy elevados en Baleares, donde se sitúa en el 54%. Málaga y Madrid presentan también tasas cercanas al 50%.
El informe apunta a la coexistencia de factores que podrían moderar o intensificar la demanda. Por un lado, el encarecimiento de la financiación hipotecaria, la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre económica global podrían ejercer presión a la baja. Por otro, la vivienda continúa siendo percibida como un activo refugio en entornos inflacionistas, lo que sostiene el interés inversor.
Finalmente, se señala que la evolución futura del mercado estará condicionada por factores externos, como la situación geopolítica internacional y su impacto sobre la inflación y los tipos de interés, así como por elementos internos relacionados con la oferta disponible y el marco regulatorio.