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Alianza por la Libertad de Expresión

EDITORIAL

Desde que a principios de este mismo año, Santiago Abascal, en nombre de la Fundación Disenso que preside el líder de VOX, prometiera presentar batalla internacional contra los intentos de acallar el pensamiento crítico, hemos observado un acelerón legislativo en muchos países de la Iberosfera —sobre todo en España y en Argentina— para poner la ley al servicio de la ideología totalitaria que se dice progresista y que quiere acallar, por la fuerza si es necesario, cualquier pensamiento expresado en libertad que contradiga los axiomas del llamado consenso democrático.

Porque eso es lo que ese consenso nos ofrece: verdades tan evidentes que no necesitan demostración y que, por lo tanto, no precisan aportar datos objetivos, reniegan del debate público y no aceptan tipo alguno de disidencia. La lista de obligaciones impuesta por el totalitarismo progre es extenuante y sólo un sectario adorador de una fe muerta como es el socialismo sería capaz de cumplir con todas sin riesgo de ser señalado, silenciado e incluso cancelado por el sencillo hecho de discrepar. 

Para comprender el alcance de estas leyes ideológicas e identitarias hay que bucear en su contenido hasta encontrar, después de las exposiciones de motivos llenas de un buenismo empalagoso, gigantescas baterías de medidas de control del pensamiento —multas descabelladas incluidas— y presupuestos especiales para el adoctrinamiento de los niños en las aulas, obviando no sólo el derecho constitucional de los padres a elegir la educación de sus hijos, sino los efectos beneficiosos que para el futuro de una sociedad democrática tiene la formación de electores críticos. Todo, sin olvidar que estas leyes obligan también a los medios de comunicación de titularidad privada hasta cercenar por miedo la libertad de opinión y el pluralismo sin los cuales es imposible que haya una sociedad democrática.

Frente al rodillo del poder —cuánto poder y en qué manos incompetentes y sectarias está—, el último refugio de una persona decente es su pensamiento y la capacidad de comunicarlo en libertad. Por eso, la defensa de la libertad de expresión es la gran batalla que merece ser librada —en unidad— por todos aquellos que comprenden que la dictadura del pensamiento único es la mayor amenaza para Civilización Occidental y para las democracias liberales que todavía, insistimos, todavía, habitan en ella.

Es esta batalla en la que se ha comprometido la Fundación Disenso con su incorporación como socio de referencia en España y en la Iberosfera a la Alianza por la Libertad de Expresión (Free Speech Alliance). La Fundación Disenso se une así a las más de 70 organizaciones que en América y en todo el mundo trabajan por la irrenunciable defensa del derecho a la libertad de expresión. Para todos. Incluidos los enemigos de la libertad hoy al mando de empresas tecnológicas, organismos internacionales, medios apesebrados y, para nuestra desgracia, gobiernos como el que padece España.

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