Ayuso y sus principios

EDITORIAL

Algún día, la pandemia acabará, y será el momento en el que conoceremos los auténticos principios de Isabel Díaz Ayuso. Hasta entonces, el maldito virus chino lo seguirá enfangando todo y entre tanto barro no acertamos a distinguir si la gestión del Gobierno de la Comunidad de Madrid es notable por sí misma o porque lo que tiene enfrente —Pedro Sánchez— es el horror.

La estrategia de Ayuso de convertir Madrid en una región abierta lo más normal posible es intachable. Si España no está hundida hasta lo más profundo en el cenagal chino-socialista es porque Madrid resiste y empuja. La heroica región fracasó como todas en la gestión sanitaria de la primera ola, pero apenas durmió la siesta del confinamiento del primer e ilegal estado de alarma. Otras regiones, y no señalamos a Urkull…, a Feij… a nadie en concreto, todavía no se han enterado de que la salud —sobre todo la mental— también se basa en que el trabajo, el ocio y tu buen nombre no se detengan. Miren el espanto catalán. O mejor, no lo miren, que causa insomnio.

Algún día (que no hay mal que cien años dure salvo el comunismo), el virus y Sanchez acabarán. Y ya no habrá horror tras el que esconder esos principios que el Washington Post dice que Ayuso tiene. [Aquí, una advertencia para la señora Ayuso: si el periódico del dueño de Amazon, Jeff Bezos, referente mundial de la progresía, la ensalza, tiéntese la ropa. Algo traman. Y nada bueno. Puede que hayan detectado que la división en el PP es algo estupendo para Soros & Co. En este pulso con Casado, Ayuso tiene algo, no tanto, más bien poco, que ganar y España mucho que perder. A lo mejor es la hora de demostrar quién tiene menos ego y más sentido de Estado de los dos. Que también es un principio, y bien parido, poner a España por delante de la ambición personal. Fin de la advertencia].

Está muy bien que día tras día la señora presidenta se enfrente a la izquierda urbanita errejonista y lo que queda del socialismo madrileño, pero eso, y con toda cortesía se lo dice este editorialista, lo haría cualquiera que no estuviera subvencionado o en coma profundo. Eso no son principios. Eso es sentido común. Los principios de verdad los demostrará Ayuso el día en el que se enfrente al daño que la izquierda de su propio partido, el centro-centradismo, ha causado, solo o en compañía de aquel partido socioliberal que se llamó Ciudadanos.

La Comunidad de Madrid es más libre para el ocio y el negocio que el resto de España. Es un hecho y eso se lo debemos sobre todo a Ayuso y también a la generosidad responsable de VOX con su Gobierno en soledad. Pero también es más insegura, más injusta, menos igualitaria, más adoctrinadora, más derrochona y más chiringuito-friendly. Eso también es un hecho y se lo debemos al PP de antes, pero también a la obstinación de Ayuso en ponerle a VOX líneas rojas, que es un color que le viene mal a la libertad.

Hoy vamos a conocer algo más de los principios de Ayuso y de su PP, si es que es suyo de ella y no de él. Hoy, VOX, presenta una ley de igualdad intachable redactada por el diputado y ex juez Pablo Gutiérrez de Cabiedes que sí que merece el nombre de Igualdad. Una ley que no hace distingos identitarios, que sigue la Constitución a pies juntillas y que, de aprobarse, enmendaría sin necesidad de derogar mucho de lo malo que en el pasado todavía reciente aprobó el PP en contra de la igualdad real de los madrileños, incluida la aberración de invertir la carga de la prueba y dinamitar la presunción de inocencia, pilar esencial de nuestro ordenamiento jurídico.

Es una oportunidad de oro para ver si el Washington Post tiene razón (uy, qué nervios) y Ayuso tiene principios y no es mero marketing antisanchista. Así, a lo mejor, no tenemos que esperar a que termine la pandemia para conocer a la verdadera Ayuso y a sus principios. Los de verdad. No los coyunturales.


Actualización: Finalmente, el Partido Popular en la Asamblea de Madrid decidió tumbar con su abstención la Ley de Igualdad presentada por VOX y que , de aprobarse, hubiera derogado las leyes ideológicas de género aprobadas en el pasado por el PP junto a Ciudadanos y con el aplauso de la izquierda.

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