Debilitar al Estado… ¿más?

EDITORIAL

Los documentos incautados por la Guardia Civil que prueban que el proceso secesionista catalán sigue adelante y que los golpistas usarán la indigna ‘mesa de diálogo’ pactada entre los republicanos catalanes y el Gobierno socialcomunista para «debilitar al Estado» nos obliga a una reflexión. Debilitar al Estado… ¿más?

Desde la llegada al poder por atentado interpuesto de Rodríguez Zapatero, hoy rampante miembro del liberticida Grupo de Puebla, el socialismo, tutelado ideológicamente por ese padrastro de la Constitución que fue Gregorio Peces-Barba, ha seguido una estrategia de debilitamiento constante del sentimiento nacional y de las instituciones del Estado que apuntalan ese sentimiento, incluido el concepto de Nación política. En menos de 20 años, el socialismo seudojacobino, con el concurso fundamental de los tibios y los moderados, ha convertido al Estado, a esa unidad política orgánica que deber estar dirigida por un único interés nacional que preside toda su acción, en un pez que boquea fuera del agua.

Los órganos del Estado que deben fortalecer ese interés único por la nación han sido debilitados y, en algunos casos, incapacitados para oponerse a este plan de la izquierda de destruir el único consenso nacional que merece tal nombre: la Constitución del 78 y el espíritu de reconciliación, unidad y libertad que, no sin defectos, impregna su articulado. La más alta institución de ese Estado ya debilitado, la Corona, la única que zanjó la cuestión del golpe de Estado del 1 de octubre ante la inacción del pusilánime Gobierno de M. Rajoy, ha sido perseguida, acosada y, sin duda, debilitada desde entonces sin más refuerzo que el sentimiento de gratitud de la mayoría de los españoles. Que no es poco, pero no es bastante.

La existencia del mismo proceso separatista es la prueba perfecta de hasta qué punto se ha debilitado el Estado desde 2004. Si alguien quiere más pruebas, sólo tiene que ver la reacción de las instituciones estatales ante la pandemia de covid que ha destapado las miserias de nuestros poderes, instituciones y capacidades, incluidas las ya conocidas debilidades de esa tortuga de las Galápagos que es el Tribunal Constitucional.

Es este debilitamiento consciente del Estado el que nos ha colocado de una manera irresponsable en una situación precaria ante el mundo. La pésima gestión de la crisis, el abandono de nuestras obligaciones militares, la subordinación absoluta a los burócratas europeos y a los intereses del eje franco-alemán, la transformación de España en el laboratorio de experimentos de políticas identitarias y nuestro afán por fortalecer los nacionalismos rupturistas, son los responsables de nuestra irrelevancia internacional que nos incapacita tanto para detener una invasión de nuestras fronteras sureñas como para conseguir que la Justicia de otros países del corazón de Europa no nos tome por una república bolivariana bananera.

Durante las últimas décadas, y esto no es culpa exclusiva del socialismo, el Estado-Nación se ha ido debilitando para fortalecer a una gran empresa exterior como es la Unión Europea que, desviada de la idea original de ser una sociedad de naciones, fracasa una y otra vez a costa de nuestra soberanía y de nuestra identidad a la hora de mejorar la vida de los europeos. La frustración objetiva que genera en España esta cesión a cambio de tan poco también nos debilita como nación y, por ende, como Estado.

Podríamos seguir, pero baste con lo expuesto para que nos hagamos una idea de que el plan del proceso separatista de debilitar al Estado no es necesario. Ya somos débiles y el problema de los débiles es que tienden a rendirse.

Si usted es de la media nación que no se rinde, este domingo tenemos una oportunidad de fortalecer España.

En la Plaza de Colón, a las 12.

Deja una respuesta