«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
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3 de febrero de 2023

Dos partidos indistinguibles

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo durante un encuentro en La Moncloa en octubre de 2022 (E. Parra / EP)

Por desgracia, teníamos razón cuando escribimos que olvidaríamos pronto el asesinato del sacristán de la iglesia de la Palma en Algeciras, David Valencia. Lo que ignorábamos era que apenas una semana después de los ataques que acabaron el mismo día con la vida de dos alemanes acuchillados por un palestino en Alemania y el ataque terrorista a machetazos en España, el Parlamento Europeo iba a negarse a condenar y debatir estos actos.

Fueron los votos tantas y tantas veces indistinguibles de los socialistas y los populares europeos los que rechazaron el miércoles la propuesta del jefe de la Delegación de Vox en el Parlamento Europeo, Jorge Buxadé. Los mismos socialistas y populares, esta vez sólo los eurodiputados españoles, que recibieron hace unos días el agradecimiento público del Parlamento marroquí tras su negativa a condenar a Marruecos por sus ataques totalitarios a la libertad de expresión. Negativa por activa, la de los socialistas que votaron en contra. Negativa por pasiva, la de algunos populares que salieron de la Eurocámara para no votar. González Pons y López Gil se sumaron a los socialistas y votaron en contra.

Por desgracia, no son hechos aislados. Son ya decenas las informaciones publicadas en este y otros medios que revelan con datos y hechos el mimetismo extraordinario y la sintonía casi perfecta que hay entre socialistas y populares en tantas políticas, pero sobre todo a la hora de no, repetimos, no encarar el reto que para la soberanía de las naciones europeas y la seguridad de nuestras calles, supone la inmigración ilegal de origen islamista.

Populares y socialistas, da igual en qué orden, niegan un (otro más) debate necesario y tratan de reducir con etiquetas insultantes a decenas de millones de disidentes europeos mientras halagan, con genuflexa determinación, a los gobiernos de países musulmanes que usan la emigración ilegal de sus nacionales como un arma de presión y, también, como un caballo de Troya.

Y aun así, entendemos bien el motivo idéntico que los dos grandes partidos tienen para rehuir el debate. No debe de ser fácil defender el fracaso de sus políticas de fronteras inseguras y permeables. Así lo comprobamos en el cara a cara que los líderes del PP y del PSOE mantuvieron el pasado martes en el Senado, en el que Alberto Núñez Feijóo en ningún momento reprochó al presidente Sánchez ni su política de indefensión de nuestras fronteras ni el cese del jefe de la comandancia de Melilla, el coronel de la Guardia Civil Jesús Vicente Torresano, que apenas llevaba dos meses en el cargo cuando lo fulminó el ministro Marlaska (un reconocido aficionado a cesar a los mandos que protegen a sus hombres y respetan la legalidad) por defender la necesidad de un protocolo que evite la indefensión de los guardias civiles en los asaltos violentos a las fronteras.

Quizá, y sólo quizá, Feijóo nada dijo de todo aquello porque la política socialista de tolerancia y aun de promoción de la inmigración ilegal de origen musulmán es la misma que la de los populares. Quizá por eso Feijóo rectificó a la carrera sus sensatas declaraciones tras el atentado de Algeciras para acabar exonerando a la religión islámica de cualquier responsabilidad en el enésimo ataque yihadista a nuestra seguridad y nuestra libertad.

Pero esto, que revelar un mimetismo extraordinario entre los dos partidos a la hora de enterrar la cabeza en la tierra cuando hay que afrontar los grandes retos y reconocer los errores, no es menos revelador que la negativa conjunta de populares y socialistas a condenar y debatir en la Eurocámara los atentados de la semana pasada en Alemania y España. Blancos y embotellados. PP y PSOE, tantas veces indistinguibles en España, gemelos idénticos en Bruselas.

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