Hasel y la libertad

EDITORIAL

El caso del rapero Pablo Rivadulla, alias ‘Pablo Hasel’, condenado por un delito de enaltecimiento del terrorismo y detenido este martes por la policía catalana, ha sido convertido por la izquierda y el secesionismo rampante en un falso icono de la libertad de expresión.

Las democracias liberales tienen el derecho y la obligación de defenderse de aquellos que la pretenden destruir, y no hay grupo de personas que merezca una defensa más firme, por el bien de esa democracia, que aquellos que han dado su vida o han visto destruidas sus familias por el terrorismo separatista. Este, aunque el Código Penal incluya los sentimientos religiosos como otro bien de especial protección y castigue su ofensa, es el único caso en el que, en la práctica, la Justicia española pone puertas con cerrojo a la libertad de expresión.

De momento.

Ya sólo por sus burlas y desprecios a las víctimas y por el enaltecimiento del terrorismo que tanto daño ha causado, Hasel merece el desprecio de cualquier demócrata y el reproche judicial. Pero no es cierto que las canciones burdas y carentes de cualquier talento artístico de este pequeño burgués revolucionario entrado en carnes sean la causa de su ingreso en prisión como dicen organizaciones desnortadas como Amnistía Internacional. La realidad es que Hasel no sólo es un delincuente reincidente y violento, como prueban sus cuatro condenas y otro proceso judicial en curso, sino que se ha negado a pagar la multa que le fue impuesta. Cualquier abogado sabe lo que significa eso.

Todo lo anterior es la verdad desnuda de por qué Hasel dormirá esta noche en la cárcel (mañana, el Gobierno dirá) y nada tiene que ver con la libertad de expresión sino con su reiterada actividad delictiva.

En La Gaceta de la Iberosfera somos firmes defensores de la libertad de expresión, sin más límite que el enaltecimiento del terrorismo por lo que supone de desprecio a las víctimas a las que tanto debemos y tan poco hemos pagado. Todavía está por conocerse una defensa semejante de la libertad de expresión por parte de la izquierda totalitaria que aplaude sin disimulo la censura en redes sociales al pensamiento libérrimo de la derecha y que prepara o jalea leyes «de igualdad» en las que hay reservadas penas severísimas para los medios de comunicación que osen criticar las políticas identitarias de una izquierda que nos quiere sumisos, acríticos y silenciados.

La misma izquierda y el mismo miserable nacionalismo que quieren a Hasel cantando que vivimos en un Estado fascista.

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