'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
EDITORIAL |
25 de marzo de 2022

La inutilidad del socialismo

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. (E.Parra / Europa Press)
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. (E.Parra / Europa Press)

El alza desmesurada de los carburantes, junto a la negativa de este Gobierno socialista a tomar medidas soberanas, universales y permanentes —como sí han hecho otras naciones—, para rebajar la intolerable presión impositiva que llena las arcas de un Estado ideologizado y vacía los bolsillos de los españoles, son motivos más que suficientes para que cualquiera que sepa lo que es luchar por llegar a fin de mes, apoye un paro del transporte que si bien provoca importantes molestias a empresas y consumidores, es un instrumento esencial para doblar el pulso a la ineptitud del Gobierno de Pedro Sánchez.

A este Ejecutivo que desprecia la actividad parlamentaria como se puede ver en cada sesión de control, y que se atreve a insultar a cualquiera que ose disentir, sólo se le puede vencer en la calle. Su rebeldía ante las sentencias que le son desfavorables, su afinidad con los enemigos de España (de dentro y de fuera) y su abuso partidista del dinero público con fines propagandísticos sin que nadie pueda rechistarle, evidencian que sólo la presión social de la clase trabajadora, de los pequeños y medianos empresarios, autónomos, empleados y, lo que es importante, de los desempleados con vocación de trabajar, conseguirá el objetivo que una mayoría importante de españoles anhela: el fin de este Gobierno de inútiles sectarios y la convocatoria de elecciones anticipadas.

La calle, la contestación, la protesta, el paro, la huelga, es el único lenguaje que comprenden los socialistas. Durante décadas, la izquierda política, la de las mariscadas y las saunas, se ha apoderado de la clase trabajadora gracias a millonadas en subvenciones a sindicatos que a la hora de la verdad o callan o sólo saben decir «oligolopios» (sic). En su soberbia infinita, la izquierda política pensaba que los trabajadores, como la calle, eran suyos. Y no lo son. Desde luego, ya no lo son.

Los trabajadores ya no son reos de una izquierda que se pasea en Falcon mientras nos anima a usar la bicicleta o que absorbe con delectación cabezas de cigalas mientras se niega a bajar impuestos inasumibles. Los trabajadores están a mil años de distancia de izquierdas caviares que defienden a narcos o que creen que el dinero público no es de nadie y anuncian más gasto político con nuestros impuestos para feminismos transversales. Los trabajadores, la depauperada clase media, no pueden conformarse con las migajas que vaya arrojando el desGobierno de Sánchez en improvisadas negociaciones a las que los adláteres de Sánchez no sólo no llaman a la plataforma convocante del paro en el transporte, sino que se sientan sin un plan económico que aguante las migajas arrojadas.

Urge un plan de recorte del gasto político, urge un verdadero plan de recuperación que aumente la confianza de los inversores y de los consumidores. Urge que el Gobierno que ha usado el comodín de Putin como si no hubiera un mañana, que lo mismo no lo hay, se tome en serio las consecuencias de la guerra de Ucrania y comience un plan de austeridad que, a pocos días de la campaña de Renta 2021, ponga el dinero donde de verdad se necesita: en rebajas fiscales de alcance nacional que permitan a los españoles —empresarios, empleados y trabajadores— sobrevivir a la incompetencia de los dos últimos años de Gobierno. Urge un plan valiente de recuperación de la soberanía energética perdida a favor de absurdos gretathunberismos y otros falsos dogmas ecosostenibles e inclusivos. Urge acabar con ministerios y ministros ideológicos que dilapidan nuestro dinero. Urge acabar con la financiación directa e indirecta de los sindicatos comegambas.

Es urgentísimo mandar al socialismo al olvidadero de la Historia. El socialismo, como ha quedado más que demostrado, es una ideología caducada que no sirve ni para tiempos de prosperidad, ni muchísimo menos para tiempos de crisis política y económica. Urge, pues, un nuevo Gobierno.

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