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La única forma de ayudar a Cuba

EDITORIAL
Protestas en Cuba. REUTERS

Hace 20 horas, mientras la seguridad del régimen comunista cubano—chivatos, sicarios y revolucionarios trasnochados— reprimían las ansias de libertad del pueblo después de casi siete décadas de opresión, el presidente del Gobierno de la Madre Patria, cada día más desconocida, tuiteaba que «Debemos unir fuerzas en torno a las revoluciones verde y digital para impulsar la recuperación desde una perspectiva integradora en lo social, intergeneracional, de género y territorial». ¿Cabe mayor ruindad que tuitear naderías ecofeministas sobre recuperaciones que jamás verán más de 130.000 compatriotas? Claro que cabe. A Sánchez le cabe todo. Hasta ningunear la lucha por la libertad de nuestros hermanos cubanos.

Es comprensible, por otro lado, que Sánchez tenga querencias nostálgicas hacia la tiranía cubana. No sólo por socialista, no sólo porque mantenga en su Gobierno a rancios comunistas que están a la izquierda del cadáver de Fidel Castro. Sánchez es heredero de una larguísima tradición española —desde el franquismo al zapaterismo, pasando por el felipismo y sin olvidarnos del intercambio de corbatas del aznarismo con el castrismo— de mantener una política exterior amistosa con la tiranía castrista. Al grito de «todos los cubanos están alfabetizados y su sanidad es magnífica», los caviares españoles del centro-centrado y la izquierda han convertido a la tiranía castrista en un reflejo del antiamericanismo español aun a costa de la vida, la libertad y la prosperidad del pueblo cubano.

Pero Cuba es más que un gran presidio de disidentes bajo el cielo altísimo antillano. Es la cabeza de la serpiente comunista iberooamericana que desde la caída del Muro de Berlín ha cambiado la piel al «socialismo del siglo XXI» que tanto daño ha hecho, hace y, por desgracia, hará, a la libertad, a la prosperidad y a la Hispanidad de toda la Iberosfera. Baste recordar en qué se convirtió aquel primer Chávez reformista —pero menos— cuando se postró de hinojos ante Castro.

En este contexto histórico no era de extrañar el silencio cómplice del Gobierno de España del ignaro Sánchez. Pero, por desgracia, al silencio del Gobierno ocupado en revoluciones verdes le ha seguido un comunicado lamentable del Ministerio de Asuntos Exteriores en el que, tras una ligera petición de respeto al derecho de manifestación del pueblo cubano y una solicitud para que se aceleren las reformas económicas anunciadas a principios de año por el presidente-dictador Díaz-Canel, ha confirmado la intención de España de «estudiar formas de ayuda para aliviar su situación». En román paladino: más dinero indecente para la tiranía. Como si nos sobrara el dinero, que de indecencia rebosamos.

Tras siete décadas de terror comunista en Cuba, de ese terror que ha empujado a miles de familias enteras a lanzarse a un mar infestado de tiburones en balsas improvisadas para recorrer las 150 millas hasta la libertad, la única «forma de ayuda» que merecería la pena estudiar es cómo apoyar sin fisuras al levantamiento del pueblo para que el comunismo abandone Cuba para siempre y vaya al olvidadero/vertedero que se merece.

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