Por encima de cualquier otra consideración, la victoria arrolladora de Isabel Díaz Ayuso, que necesitará los votos fiables de los 13 diputados de Rocío Monasterio para gobernar, supone una oportunidad de oro para que Pablo Casado rectifique su penoso discurso de ruptura con VOX que escenificó en la moción de censura contra Pedro Sánchez.
Sin centrismos ni zarandajas, con una política activa de confrontación con la estrategia del miedo y el acoso de Pedro Sánchez a Madrid y cualquier disidente de su ambición narcisista, Isabel Díaz Ayuso le ha demostrado a Pablo Casado cuál es el camino para conseguir derrotar al socialcomunismo, no sólo en Madrid, sino en toda España. Y el camino es el entendimiento leal con el partido de Santiago Abascal para revertir todas las políticas identitarias de la izquierda, asegurar la libertad económica, la seguridad de los españoles, acabar con el despilfarro político y defender la cultura de la vida.
Conocemos las presiones a las que será sometido el presidente del Partido Popular por los mismos que le empujaron a desplazar el centro a la izquierda, pero es imperativo que Génova acepte que VOX no es una mera escisión fruto de los errores imperdonables del expresidente Rajoy, sino una opción legítima, democrática, con un discurso propio y un suelo electoral que no hace más que crecer incluso en los escenarios de acoso violento de la izquierda y de ninguneo y desprecio de los medios subvencionados.
Por lealtad a España, porque España y la Hispanidad son lo primero y lo único para VOX, Pablo Casado debe ignorar los cantos de sirena de la izquierda que siempre conducen al naufragio y a la muerte. Con un Gobierno que ha hecho de la mentira y la indignidad el centro de su acción política, no es el momento de sostener y no enmendar, sino de rectificar un error palmario que no entiende la mayoría de los militantes del PP y hablar con VOX buscando desde las posiciones que son propias de uno y otro partido, cauces para el entendimiento honrado por el bien de la nación.
Acepte la oportunidad y la mano siempre tendida de VOX para garantizar la gobernabilidad de Madrid y comenzar desde ahí la reconquista de España. Si no lo hace, si a falta de las desaparecidas y traicioneras veletas naranjas prefiere el entendimiento con un PSOE inepto, globalista y peligroso, la Historia colocará a Pablo Casado —sobre todo cuando no tenga una Isabel Díaz Ayuso a su lado— en su sitio.
Y a VOX, en el suyo.