Ortega ya no finge

EDITORIAL

El arresto de los opositores nicaragüenses Cristiana Chamorro y Arturo Cruz en virtud de una ley aprobada en diciembre por la dictadura de Ortega y Murillo «en defensa de l derecho del pueblo a la independencia, la soberanía y la autodeterminación de la paz» (sic) que permite la detención arbitraria de cualquier persona, es la evidencia de que Daniel Ortega ya ni siquiera finge ser un demócrata.

Este es un salto cualitativo importante. Conocemos los métodos del Socialismo del siglo XXI para la desarticulación de cualquier fuerza opositora: infiltración y control del Poder Judicial, subordinación de las Fuerzas del Orden no a la legalidad, sino al ideario socialista, y represión de la libertad de información. Todo eso, por supuesto, en nombre de la democracia (ante la duda, recuerden siempre que el nombre oficial de la abyecta dictadura comunista de Corea del Norte es el de ‘República Popular Democrática de Corea). Lo de Daniel Ortega y su mujer, Rosario Murillo, es la superación de ese mecanismo.

Lo ocurrido con Chamorro y con Cruz, de los que exigimos su puesta en libertad inmediata, es la lanzada a moro muerto de la dictadura nicaragüense, la puntilla definitiva a la esperanza de la libertad en Nicaragua y supone la constatación final, para los que no lo querían ver, empezando por los medios españoles que han vivido ajenos al drama nicaragüense, de que el viejo sandinismo criminal ha vuelto, con renovadas energías y apoyo internacional.

Ante esta constatación de que el régimen nicaragüense de Daniel Ortega, uno de los líderes del Foro de Sao Paulo, ha creado leyes injustas y las aplica sin freno para neutralizar a los disidentes, cualquiera podría esperar una reacción inmediata y contundente por parte de los Estados Unidos, de la Unión Europea y de las naciones libres de Iberoamérica. No ha sido así. Ni lo será. Washington, carcomido por la progresía, ya ha descartado más sanciones al régimen nicaragüense hasta que no convoque a los demás gobiernos europeos e iberoamericanos y adopten una posición común. 

La reacción de la Administración Biden ha sido como la de los ents, aquellos pastores de árboles del universo de Tolkien, que reunidos en asamblea para decidir si iban a la guerra contra Mordor, usaban las primeras diez horas para saludarse. Claro que, contando con que al otro lado del Atlántico la política exterior de la Unión Europea está en manos del socialista Josep Borrell, del que hemos conocido sus estrechos lazos con la dictadura cubana a quien trata desesperadamente de salvar de cualquier resolución en contra del Parlamento Europeo, quizá lo menos dañino sea que las autoridades progres estadounidenses y europeas se pasen la vida saludándose en vez de hacer algo por la libertad de los nicaragüenses.

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