Petro es peor que un error de Sánchez

EDITORIAL
El candidato izquierdista a las presidenciales colombianas, Gustavo Petro. Reuters El candidato izquierdista a las presidenciales colombianas, Gustavo Petro. Reuters

A pocos meses de las elecciones presidenciales an Colombia, la izquierda iberoamericana y la europea, alineadas —prietas las filas— en el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, maniobran para blanquear al candidato del castrochavismo, ex asesor económico de Chávez y terrorista del desaparecido M-19, Gustavo Petro. Que esta operación de exaltación socialdemócrata de quien tiene un pasado violento comunista la lleven a cabo ciertas tiranías conocidas como la venezolana y otros manifiestos errores históricos como José Luis Rodríguez Zapatero, es lo natural. Que lo hagan los separatistas hispanófobos catalanes con los que también se reunió Petro, es de cajón. Que lo haga el Gobierno de España, con reunión del presidente Sánchez con Petro en la sede del PSOE, refuerza la idea de que el Gobierno español está fuera de la democracia.

No son palabras nuestras, aunque las suscribimos. La nueva embajadora de Joe Biden en España, Julissa Reynoso, ha presentado sus cartas al Rey con el mandato del Congreso de los Estados Unidos de tratar de devolver a España a la senda del respeto por el Estado de Derecho, el imperio de la Ley —justa, añadimos— y la separación de poderes en América. Es decir, todo lo contrario de lo que hace aquel que se alinea con narcoestados como Venezuela, mira al tendido con dictaduras feroces como Nicaragua o se felicita por los resultados electorales conseguidos por los violentos en Chile.

Es cierto que los Estados Unidos —y sobre todo hoy, que malvive bajo la hegemonía de esa cultura woke que está desnortando el liderazgo del guardián de la democracia— no es quién para dar lecciones de nada. Pero el reloj estropeado de Washington en lo que se refiere a la conciencia de lo que es una verdadera democracia, ha dado la hora correcta al asegurar que España está fuera de la senda de los países democráticos y debe rectificar.

En el caso de Gustavo Petro no sólo es equivocación de Pedro Sánchez, sino adscripción socialcomunista a las ideas y los métodos de un ex asesor económico de la dictadura chavista y militante de una desaparecida guerrilla terrorista a sueldo del castrismo que, como tal, no debería poder aspirar a presidir una nación tan fundamental para la prosperidad de América como Colombia, ni siquiera aunque Petro lleve una década vistiéndose con la piel del cordero democrático.

La democracia, tanto en América como en Europa, necesita una repensada para evitar que los revolucionarios marxistas que usen las armas para atacar a un Estado de Derecho puedan creer que algún día se harán con las riendas de ese Estado, ni siquiera por medios no violentos. Frente a los enemigos de la libertad, en España como en Colombia, tolerancia cero.

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