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12 de julio de 2022

Sánchez va a por todos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Europa Press

No quitamos ni una coma del editorial que publicamos ayer cuando todavía no conocíamos el discurso del presidente, pero sí que conocíamos al presidente. Es cierto que durante un breve momento, casi al comienzo de su intervención, tuvimos un momento de duda cuando Pedro Sánchez aseguró que estaba dispuesto a asumir su responsabilidad. Duda que se disipó según avanzaba el discurso y escuchamos que la culpa siempre es de otros, de Putin, de las malvadas empresas eléctricas, de los españoles que se lanzaron a consumir después de los ilegales confinamientos y de los beneficios de las entidades financieras por el aumento de los tipos de interés que los Gobiernos han promovido. Pedro Sánchez, como queda escuchado, es inocente de la inflación que su Gobierno negó y sólo es culpable, nótese la ironía, del indemostrable hecho de que si no fuera por él tendríamos cuatro puntos más de inflación.

Ante el estado de la Nación, que aunque pudiera parecer lo contrario tras el primer tercio de la intervención no es Ucrania, sino España, Pedro Sánchez ha anunciado que se dejará la piel (nota: una característica muy frecuente en los reptiles), para no restringir el gasto político y mantener la elefantiasis en la clase teletrabajadora, es decir, en la Administración. Ningún político sufrirá las consecuencias de la crisis y será la clase media, cada vez menos media, la que con su dinero compense los impuestos anunciados a las empresas eléctricas y a las entidades financieras.

Pedro Sánchez ha anunciado hoy, en fin, la argentinización de la vida pública española. Una huida hacia la nada con recetas fracasadas de más gasto y más subvenciones a costa de más impuestos. Por supuesto, con apelaciones sentimentales y de falsa solidaridad a una clase trabajadora que, nadie puede dudarlo, pagará de su bolsillo la incompetencia de un Gobierno autocrático e ilegítimo. La formidable caída en Bolsa de las entidades financieras que también son el refugio de cientos de miles de pequeños ahorradores, es consecuencia de un discurso que no va a por todas, como se jactó Sánchez hasta en tres ocasiones, sino que va a por todos. Menos a por ellos.

Hay que excavar como un paleontólogo burgalés entre tanta incompetencia justicialista refractaria a la verdad y a lo nuclear para encontrar algo rescatable del discurso kirchnerista (populista, solo que peor) de Sánchez. Y no nos referimos a las limosnas en forma de ampliaciones de becas o abonos gratis de Cercanías desde septiembre; ni el anuncio de que los niños (y niñas, que el presidente no se olvida el lenguaje desdoblado salvo cuando habla de «los más poderosos») estudiarán programación y robótica como «una nueva lengua». Hablando de lenguas, si eso el español en Cataluña ya para otra legislatura…

No. Lo único que podemos salvar del discurso de Sánchez es que sólo duró una hora y media.

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