VOX, una esperanza para Castilla y León

EDITORIAL
Juan García-Gallardo, candidato de VOX a la presidencia de Castilla y León. Flicker

Cuarenta años de desarrollo autonómico después, ningún observador objetivo puede decir que Castilla y León tenga por delante un futuro de prosperidad. Muy al revés, una de las regiones más leales a la nación española, en castigo a esa fidelidad, languidece desindustrializada, despoblada, vaciada, vacilada y atacada por esa Agenda 2030 escrita fuera de nuestras fronteras y que abrazan, pin en solapa, los dos grandes partidos del consenso globalista, el PP y el PSOE.

Que el PSOE no tenga un proyecto para Castilla y León es lo normal. Jamás lo ha tenido y por su reconocida incompetencia quizá es mejor que no lo tenga. Lo del Partido Popular, sin duda, es peor. Después de décadas de gobierno en Castilla y León, han sido decenas las promesas incumplidas y miles los sillones repartidos, incluido un Gobierno con los socioliberales urbanitas de Ciudadanos (en extinción) que lo más rural que han llegado a ver en su vida es la ensalada templada que se piden en un reservado de un restaurante chic capitalino.

El PP ha tomado Castilla y León como un cortijo particular en el que sólo la casa del dueño está encalada. Castilla y León falla en infraestructuras, educación, sanidad, industria, comunicaciones… es decir, en todo lo necesario para parar la despoblación, retener a lo mejor de la juventud castellana y leonesa, incentivar el regreso de los que se fueron, fomentar la natalidad, atraer inversiones exteriores, hacer de sus provincias un imán para la emigración interior del resto de España y, también, para dar cobijo a la inmigración extranjera, legal, ordenada e iberoamericana.

Todo esto parece que sólo lo ha entendido VOX, o sólo le interesa a VOX, que en la mañana de este sábado presentó sus candidatos —ganaderos, sanitarios, empresarios— en un acto en Valladolid mientras su presidente, Santiago Abascal, insistía en una idea honrada esencial: el programa de VOX para Castilla y León no solucionara los problemas de la autonomía en el corto plazo, sino que es un proyecto con una mirada larga. Un proyecto de siembra y esperanza en el futuro es la única posibilidad que tiene Castilla y León para volver a ser una región grande, y no sólo de extensión.

El Partido Popular, que presenta en los primeros puestos de sus listas a estas elecciones a una mayoría aplastante de funcionarios con el sueldo asegurado y políticos profesionales, debe dejar paso. Han sido cuarenta años con apenas un pequeño intermedio socialista. Mucho tiempo. Demasiado tiempo. Nadie, mucho menos el observador objetivo que mencionamos al comienzo de este editorial, puede afirmar sin sonrojarse que el PP que hoy abraza la Agenda 2030 que viene a acabar con la identidad de los castellanos y los leoneses, y que es parte del problema, puede ser todavía una solución.

La solución, sin duda, es intentar algo nuevo, algo honrado y con un pasado limpio. Los reinos viejos, pilares de España, de Castilla y de León, deben dar esa oportunidad a un partido joven con un candidato joven como Juan García-Gallardo. Si VOX no cumple lo que promete, los reinos viejos siempre podrán demandárselo.

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