'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
AUNQUE SU DOMINIO NO ES ABSOLUTO

Primarias en EEUU: Trump mantiene el control del campo republicano

El expresidente de EEUU, Donald Trump. Reuters
El expresidente de EEUU Donald Trump. Reuters

Es comprensible que el lector de la Iberosfera no encuentre demasiado interesante un proceso tan local y casi arcano como son las primarias de los partidos de Estados Unidos para elegir a sus candidatos a las cámaras. Solo de escribirlo se me ha escapado un bostezo. Pero en esta ocasión tienen un aliciente muy especial: calibrar el poder que mantiene Donald Trump sobre el Partido Republicano, una prefiguración bastante aproximada de su destino en 2024.

El dedo de oro de Trump ya se ha posado sobre varios aspirantes a la candidatura republicana, probando que el denostadísimo expresidente sigue transmitiendo «baraka» electoral, aunque no de modo absoluto.

Ya se han celebrado primarias en cinco estados, y quizá la mejor pieza de caza mayor que se ha cobrado Trump haya sido Peter Meijer, congresista titular por Michigan al que ya le tenía ganas. Y es que Meijer había votado por enjuiciar a Trump por la patochada masiva del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.

Meijer perdió por la mínima ante el aspirante respaldado por Trump, John Gibbs, un programador informático negro de habla japonesa, exmisionero pentecostal y católico tradicionalista. Supuestamente, los demócratas están encantados con la nominación de Gibbs, al que consideran un candidato débil para noviembre, un sujeto estrafalario que niega la validez de las últimas presidenciales. Hasta llegaron a pagar carteles apoyándole.

En Arizona, el elegido de Trump para el Senado, Blake Masters, ganó con facilidad a sus contrincantes. Masters es figura destacada de la «Nueva Derecha», muy activo en redes y antiguo protegido del magnate Peter Thiel. En Michigan -uno de los estados «dudosos» en la noche electoral- Tudor Dixon, de Trump, ganó con igual facilidad como candidata a gobernador del estado.

Pero el panorama es algo más ambiguo en otras partes. El elegido por Trump como candidato a gobernador de Arizona, Kari Lake, perdió claramente contra Karrin Taylor Robson, un viejo aliado del actual gobernador, que deja el cargo.

La anécdota de la semana se produjo en Missouri, donde Trump hizo un apasionado alegato a favor de Eric y, efectivamente, ganó Eric. No podía ser de otra forma, porque los dos aspirantes se llamaban Eric, y el expresidente se cuidó muy mucho de especificar apellidos. Parece ser que la intención de Donald era apoyar a Eric Greitens, antiguo gobernador, pero sus asesores se lo desaconsejaron vivamente: Greitens está asediado por los escándalos, acusado de acoso sexual, violencia doméstica y chantaje. Un pieza.

Sea como fuere, ganó el otro Eric, el fiscal general Eric Schmitt, con lo que el magnate neoyorquino pudo reivindicar su victoria en una carrera que, la verdad, ni le iba ni le venía.

En cambio, en el estado de Washington, los republicanos Dan Newhouse y Jamie Herrera, ambos partidarios del «impeachment» del entonces presidente, se impusieron sobre sus divididos rivales de la escudería MAGA.

Si se puede extraer una lección de todo esto es que Trump domina el campo republicano, pero no su dominio dista de ser absoluto. Su respaldo a los candidatos es importante, y estos lo buscan como agua de mayo, y mantiene un decisivo grupo de leales entre el electorado republicano. Pero su poder no es suficiente para imponer candidatos dudosos o cuestionables, sobre todo allí donde existen aspirantes fuertes y reconocidos por el votante.

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