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Zoltán Kovács, secretario de Estado húngaro: ‘¿Para qué sirve la mayoría si no trabaja por la verdad?’

Entrevista al consejero de Viktor Orbán en política exterior
El secretario de Estado húngaro para las Comunicaciones y las Relaciones Internacionales, Zoltán Kovacs

Habla Zoltán Kovács, secretario de Estado húngaro y consejero del primer ministro Viktor Orbán de política exterior. «Estamos viviendo una batalla por el alma y el futuro de Europa».

Clase de 1969, casado y padre de dos hijos, Zoltán Kovács es secretario de Estado para las comunicaciones y las relaciones internacionales, además de uno de los más estrechos colaboradores del primer ministro Viktor Orbán. Húngaro orgulloso de serlo, está convencido de que Europa es una comunidad de destino y que para gobernar se necesita elevar la mirada al cielo.

¿Por qué Hungría es tan celosa de su identidad nacional? ¿En qué medida tiene ello que ver con la fe?

—Este año se conmemora el trigésimo aniversario de la magnífica visita del papa Juan Pablo II. Nunca nos olvidaremos de su súplica y su oración, en la que pidió el renacimiento de Hungría después de los años de la dictadura. En los últimos tres decenios, los sentimientos del país han cambiado mucho: se le da un valor más alto a la vida, pero aún no recibe el pleno respeto que merece. Se ve que hay interés por la Iglesia y por Dios, pero no hay conversiones de masa. Podríamos decir que Hungría sigue siendo un Estado secular que busca su camino hacia Dios y un apoyo espiritual en este camino.

En el espíritu húngaro hay un deseo por las cosas que son más importantes que la propia vida personal y que están por encima de esta. Y habitualmente los húngaros las buscan de tres modos: en la familia, la nación y en Dios. La conversión suele acontecer cuando estos tres modos se encuentran. El mundo que nos rodea es hostil, tanto para los católicos como para los calvinistas. Actualmente hay en marcha una batalla cultural, incluso podríamos decir de civilización: la lucha por el alma y el futuro de nuestro continente. Debemos rezar en aras de la unidad de toda la cristiandad, incluida la Iglesia ortodoxa oriental, porque sin colaboración no podemos mantener el cristianismo en Europa.

Creo que la política se desarrolla a tres niveles. El primero es de tipo práctico: cuestiones de poder, aprobación de presupuestos, nombramientos de personas, etc.; el segundo es el que podemos llamar de la «visión», necesaria para la comunidad; y por último hay un tercero, el de la transcendencia. En la teoría política húngara esto se llama el problema de la mayoría y de la verdad. Lo podemos explicar así: si alguien tiene la mayoría, pero no lucha por lo que es verdad, ¿para qué le sirve su mayoría? Y si alguien lucha por la verdad, pero no consigue movilizar una mayoría, ¿cómo puede actuar en nombre de la verdad? Este es el desafío clave para la política cristiana en un ambiente democrático.

«El modo cómo se cría a un niño sexualmente no es un derecho humano del niño. No existe dicho derecho humano. En cambio, existe el artículo 14 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE»

A menudo se les acusa de no tener políticas migratorias acordes con la visión cristiana.

—Nuestra posición filosófica es que la migración es algo negativo en términos ontológicos. Es malo que uno no pueda vivir en su país, que no consiga encontrar la felicidad personal y su propia vocación y que, por cualquier motivo, se sienta obligado a abandonar su territorio. 

Hay personas que se ven obligadas a abandonar su tierra porque, si no lo hacen, serán asesinadas, esclavizadas, encarceladas o morirían de hambre, pero cuando alguien abandona su casa en estas circunstancias, el objetivo también es volver a ella. Por consiguiente, si queremos ayudar a alguien, en lugar de animarlo a estar lejos de casa el mayor tiempo posible, debemos ayudarlo a volver lo antes posible. Esta es la posición que representamos y es también lo que sugerimos a Europa. Creemos que esta posición puede ser defendida también en sentido cristiano: hay que llevar la ayuda allí donde están los problemas, en lugar de traer los problemas a nuestra casa. Hungría ha sido el primer país en el mundo en el que se ha instituido un programa gubernamental para sensibilizar sobre el tema de las comunidades cristianas perseguidas. La agencia de ayuda, instituida el 24 de abril de 2019, funciona como una organización sin ánimo de lucro bajo la coordinación del Consejo de Ministros, en el ámbito del Programa Hungary Helps, y estamos proporcionando asistencia a las instituciones educativas y sanitarias, reconstruyendo iglesias que han sido objeto de ataques vandálicos y sosteniendo proyectos humanitarios.

Esto ha permitido que más de 70.000 personas que viven en regiones de crisis permanezcan en sus países de origen.

Las batallas de su gobierno a menudo encuentran oposición, como la reciente ley que prohíbe compartir con menores cualquier contenido que promueva la homosexualidad o el «cambio de género»…

—Como ya ha aclarado el primer ministro Orbán, en el actual debate sobre la protección y la educación sexual de los niños, los progresistas afirman que habría que proporcionarles publicaciones para educarlos sobre la heterosexualidad, la homosexualidad, el abandono de su sexo biológico y las operaciones de cambio de sexo.

Según los progresistas, es un derecho del niño, la elección del progenitor no debería ser exclusiva y las instituciones estatales tienen un papel prioritario en este tema. Según los demócratas no progresistas, la educación sexual de los niños atañe a los padres y, sin su consentimiento, ni el Estado, ni los partidos políticos, ni las ONG, ni los activistas arcoíris pueden desarrollar este papel. Los «países arcoíris» tienen el derecho de ir más allá del acuerdo social basado en el orden hombre-mujer, madre-padre. También ellos vivían así, pero, de manera deliberada, han pasado a otra dimensión. Si es mejor vivir en un mundo binario o arcoíris y por qué razón es un tema sobre el que las distintas partes expresan sus opiniones. Cada uno tiene su verdad. Pero desde el punto de vista del derecho internacional, del derecho de la UE y de su Carta Magna de los derechos fundamentales, está fuera de dudas cuál es la postura correcta.

La migración no es un derecho humano y el modo cómo se cría a un niño sexualmente no es un derecho humano del niño. No existe dicho derecho humano. En cambio, existe el artículo 14 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea sobre el derecho de los padres a proporcionar una educación a sus hijos del modo que consideren adecuado. Si queremos mantener unida la Unión europa, los progresistas deben respetar los derechos de los no progresistas. Unidad en la diversidad. Este es el futuro.

«Siempre hemos sido los Freedom fighters de Europa, hemos combatido por la libertad mientras nuestros amigos occidentales la han heredado»

Recientemente, el cardenal Erdo ha hablado también de la necesidad de una «renovación de Europa». ¿Qué debería hacer la Unión europea?

—La Unión europea fue creada como respuesta a la realidad política que, después de la Segunda Guerra Mundial, vio cómo la mitad de nuestro continente estaba ocupado por los estadounidenses y la otra mitad por los soviéticos. Fue creada para mantener viva la esperanza de que un día los europeos guiarían el destino de Europa. Aun dando la máxima consideración a los correspondientes intereses nacionales, debemos comprender de una vez que Europa es una comunidad de destino. Cuando un país tiende la mano, se supone que quiere ayudar. Solo a través de la colaboración podemos proteger nuestros intereses fundamentales contra los imperios. Los occidentales han decidido que quieren vivir en un mundo posnacional y poscristiano, y respetamos esta decisión. En realidad, quieren más: quieren que también nosotros vivamos así. En consecuencia, si surge cualquier tipo de colaboración regional que tutele las culturas nacionales, cristianas, rápidamente es objeto de ataques ideológicos, ataques progresistas de izquierda lanzados por Bruselas, vinculados también a fuerzas progresistas estadounidenses. Lo que quieren es que seamos libres tal como ellos deciden que lo seamos. Por consiguiente, se oponen a la colaboración centroeuropea y ven la colaboración polaco-húngara, por ejemplo, como algo negativo.

La Unión Europea está organizada como una alianza de Estados miembros que, formalmente, son todos iguales. Pero es obvio que las dimensiones cuentan, los hechos cuentan, los dos grandes países (Francia y Alemania) forman un eje y, en sustancia, quieren afirmar su voluntad. A veces esto también coincide con los intereses de Centroeuropa, otras no, por eso a veces hay choques. Nosotros, los centroeuropeos, defendemos los Estados nacionales, que queremos preservar porque creemos que la democracia solo puede realizarse dentro de los confines nacionales. En cambio, Europa occidental quiere un imperio que tenga su centro en Bruselas. Esta es, en realidad, la esencia de nuestras visiones opuestas.

En muchos casos, las fuerzas que antes estaban cercanas al comunismo, en el arco de pocos años se han acercado al mundo liberal y capitalista. ¿Cómo ha sucedido?

—El comunismo no solo ha caído: lo hemos derribado. Hemos demolido el muro de Berlín. Los soviéticos no se han ido espontáneamente, los hemos expulsado. Hoy somos los mismos de antes: los últimos combatientes por la libertad de Europa. De hecho, la historia de nuestro continente no solo ha cambiado: la hemos cambiado. Sabemos que ahora, cuando la Unión Europea está en dificultad, no se arrepentirá, no se transformará y no tomará el camino correcto ella sola. Debemos corregirla, debemos llevarla de nuevo a la recta vía, el camino que una vez demostró ser el del éxito. Somos consciente del peligro que se cierne sobre nosotros, porque llevamos viviendo en libertad solo treinta años. Siempre hemos sido los freedom fighters de Europa, hemos combatido por la libertad mientras nuestros amigos occidentales la han heredado. ¡Qué diferencia!

Es necesario tener valor intelectual y político y aceptar que los tiempos han cambiado: hace treinta años creíamos que Europa era nuestro futuro, ahora vemos que somos nosotros el futuro de Europa. Debemos tener la valentía de ser demócratas y combatientes por la libertad también en Bruselas, porque este es el único camino posible para el nuevo renacimiento europeo.


Publicado por Raffaella Frullone en Il Timone.

Traducido por Verbum Caro para La Gaceta de la Iberosfera.

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