«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La vista en el Tribunal Supremo arranca con casi 80 testigos

Ábalos se sienta en el banquillo desde este martes en un juicio que amenaza con arrastrar al PSOE

El exministro de Transportes José Luis Ábalos.

El exministro José Luis Ábalos se sienta este martes en el banquillo del Tribunal Supremo junto a su exasesor Koldo García en el inicio de un juicio que trasciende lo penal y sitúa bajo presión directa al PSOE y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

La vista oral, prevista para prolongarse durante un mes, aborda los orígenes de una presunta trama de corrupción con epicentro en el Ministerio de Transportes durante la etapa de Ábalos. Según la acusación, el mecanismo era recurrente: adjudicación de contratos públicos a cambio de mordidas. La relevancia política del caso radica en que el supuesto receptor de esas comisiones no era un actor periférico, sino una figura clave en el Ejecutivo y en la estructura orgánica del PSOE.

La Fiscalía Anticorrupción sostiene que existía una organización criminal estructurada, con el empresario Víctor de Aldama como nexo corruptor. Su colaboración con la Justicia ha permitido trazar parte de la red y rebajar sustancialmente la petición de pena en su contra, lo que añade incertidumbre sobre el alcance de sus declaraciones durante el juicio.

Un juicio con derivadas políticas directas

El listado de casi 80 testigos anticipa que el caso no se limita a episodios aislados. La investigación apunta a una red con «tentáculos muy largos», que habría contado con interlocución privilegiada no sÓlo en Transportes, sino también en otros departamentos ministeriales y administraciones públicas.

Entre los nombres que aparecen en el sumario figuran el ministro Ángel Víctor Torres, el ministro Fernando Grande-Marlaska, el exministro Salvador Illa y la presidenta del Congreso Francina Armengol. Aunque algunos han evitado comparecer presencialmente, sus actuaciones seguirán bajo escrutinio durante la vista.

El impacto político es doble. Por un lado, el juicio coincide con otras derivadas abiertas, como la investigación sobre el cobro de comisiones en adjudicaciones de obra pública, en la que figura como coimputado el dirigente socialista Santos Cerdán. Por otro, permanece bajo secreto una línea de investigación sobre supuestos pagos en efectivo en la sede del PSOE en Ferraz.

El factor Ábalos y el riesgo para el Gobierno

La cercanía de Ábalos al núcleo del poder convierte el proceso en un elemento de riesgo político para el Gobierno. El exministro no sÓlo fue una pieza clave del Ejecutivo, sino también uno de los hombres de máxima confianza de Sánchez. El propio presidente llegó a referirse a él como «amigo» en mensajes privados, pese a haber intentado después marcar distancias públicas.

Ese vínculo sitúa al juicio en una dimensión distinta. Las posibles revelaciones, especialmente las que puedan surgir de la declaración de Aldama, mantienen en alerta a un Ejecutivo que aspira a agotar la legislatura hasta 2027.

Además de las adjudicaciones bajo sospecha, el procedimiento también aborda una red paralela de colocaciones irregulares. La investigación señala que personas del entorno personal de Ábalos habrían sido contratadas en empresas públicas sin acudir a sus puestos de trabajo, lo que refuerza la tesis de un uso clientelar de recursos públicos.

Tanto Ábalos como Koldo García permanecen en prisión provisional en Soto del Real por riesgo de fuga. Ambos niegan los hechos y centran su defensa en cuestionar la instrucción judicial.

Mientras, el juicio apenas cubre una parte de la trama. Las próximas semanas servirán para medir hasta dónde alcanza realmente el caso y, sobre todo, qué coste político tiene para un PSOE que trata de contener el impacto de un proceso que apunta directamente a su etapa de poder más reciente.

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