La Marina Real de Marruecos ya tiene en sus manos el Moulay Hassan I, el patrullero de altura construido por la empresa pública española Navantia en sus astilleros de San Fernando (Cádiz). Un barco de 87 metros de eslora, preparado para operar con un helicóptero y hasta dos lanchas rápidas y concebido para permanecer durante largos periodos en el mar.
La entrega fue formalizada el pasado 17 de septiembre, en un momento especialmente delicado en las relaciones entre Madrid y Rabat después de la invasión de Ceuta de finales de julio. Navantia y Marruecos decidieron prescindir de una ceremonia institucional, aunque durante la botadura del barco, celebrada en mayo de 2025, sí participaron autoridades españolas y representantes de la Marina marroquí.
El nuevo patrullero proporciona a Rabat una plataforma destinada a reforzar su presencia naval y capacidad de vigilancia marítima. Según los datos divulgados durante el programa, el barco tiene una manga de 13 metros, desplaza unas 2.020 toneladas a plena carga y alcanza una velocidad máxima de diseño de 24 nudos, unos 44 kilómetros por hora.
El diseño permite alojar a 60 personas y está concebido para mantener despliegues prolongados con una dotación reducida. Navantia ha destacado durante su construcción la operabilidad, fiabilidad y reducción de los costes de mantenimiento como algunos de los principales objetivos del proyecto.
Capacidad para operar con un helicóptero
Una de sus principales capacidades se encuentra en la cubierta de vuelo, preparada para operar con un helicóptero. La incorporación de una aeronave permite ampliar considerablemente el radio de observación del barco y facilita tareas de vigilancia, localización de embarcaciones y apoyo a operaciones marítimas.
El buque puede disponer además de hasta dos lanchas rápidas semirrígidas RHIB, empleadas para aproximarse a otras embarcaciones, trasladar equipos de inspección o efectuar intervenciones en el agua mientras el patrullero permanece como plataforma de apoyo.
Su sistema de propulsión está compuesto por cuatro motores MAN 175D en configuración CODAD —propulsión combinada diésel y diésel—. A ellos se suman cinco grupos electrógenos destinados a alimentar los sistemas y servicios instalados a bordo.
El barco incorpora además sistemas de automatización destinados a centralizar la vigilancia y el control de los servicios de la nave, una característica que permite reducir las necesidades de personal durante los despliegues.
La incógnita del armamento
La principal incógnita continúa siendo su configuración militar definitiva. No existe un inventario público completo y verificado del armamento, los radares, los sensores o los sistemas de guerra electrónica instalados en el Moulay Hassan I.
El diseño procede de la familia Avante 1800 de Navantia, que cuenta con distintas configuraciones. La empresa española comercializa incluso una variante Combatant preparada para misiones antiaéreas, antisuperficie y de guerra electrónica. Sin embargo, esa oferta comercial no permite concluir que Marruecos haya adquirido esos sistemas para este barco.
Por tanto, con la información pública disponible no puede atribuirse al patrullero la instalación de misiles antibuque, defensas antiaéreas o capacidades antisubmarinas concretas. Sí está acreditado que Marruecos recibe una plataforma preparada para mantener presencia naval durante largos periodos, desplegar medios aéreos y operar embarcaciones auxiliares.
Entre las funciones que Navantia atribuye a esta clase de patrulleros se encuentran el control del tráfico marítimo, la protección de recursos pesqueros, la vigilancia y la lucha contra los tráficos ilícitos.
Un programa de más de un millón de horas
El encargo del patrullero se remonta a 2021, mientras que su construcción comenzó físicamente con el corte de chapa en julio de 2023. La puesta de quilla se produjo en septiembre de 2024 y la botadura tuvo lugar el 27 de mayo de 2025.
Navantia calculó que el programa supondría más de un millón de horas de trabajo y alrededor de 1.100 empleos directos, indirectos e inducidos durante tres años en el entorno de los astilleros gaditanos. El contrato incluye asimismo repuestos, herramientas, documentación técnica y formación en España para miembros de la Marina Real marroquí.
Las estimaciones publicadas sitúan el valor de la operación en torno a 130 millones de euros, aunque Navantia no ha hecho público un precio final desglosado. La documentación recogida por la información de referencia apunta además a un préstamo de 95 millones de euros concedido a Marruecos para financiar parte de la adquisición.
La entrega culmina así un programa iniciado años antes de la actual tensión entre los dos países, pero coloca en manos de Rabat una nueva capacidad naval en plena crisis bilateral por Ceuta. El Parlamento Europeo aprobó esta semana una resolución no vinculante que emplea el término «invadida» para referirse a lo ocurrido en la ciudad española y alerta de la instrumentalización de la inmigración como herramienta de guerra híbrida.
Mientras las relaciones políticas atraviesan uno de sus episodios más delicados, la cooperación industrial en materia militar ha seguido adelante: el Moulay Hassan I ya ha pasado de los astilleros públicos españoles a la Marina Real de Marruecos.