Las exportaciones de sandía marroquí a la Unión Europea (UE) han experimentado un importante aumento en el primer semestre de 2025, situándose en 130.600 toneladas entre enero y junio, lo que representa un incremento del 53,49% respecto al mismo periodo del año anterior, según los datos de Euroestacom recogidos por el portal especializado Hortoinfo y adelantados por La Razón. Con esta cifra, Marruecos se asegura casi el 19% del mercado comunitario y consolida su papel como segundo suministrador.
España, pese a seguir a la cabeza en volumen con 150.550 toneladas y una cuota del 21,85%, atraviesa una fuerte caída: sus envíos se redujeron un 42,47% en comparación con 2024, lo que equivale a una pérdida superior a las 111.000 toneladas. Medios marroquíes destacan que esta brusca bajada en la producción española coincide con los efectos de la sequía y las limitaciones de agua que sufren zonas agrícolas andaluzas.
En términos de valor económico, Marruecos logró facturar más que España: 162,43 millones de euros frente a los 153,27 millones de su competidor. La diferencia se explica, en gran medida, por el precio medio de venta: 1,24 euros/kg en el caso de la sandía marroquí, frente a 1,02 euros/kg de la española. Esta ventaja de precio responde a una percepción favorable de calidad en determinados países europeos, lo que refuerza la competitividad de Rabat.
Por detrás de ambos gigantes, los Países Bajos se mantienen en el tercer puesto con 65.010 toneladas, aunque con un retroceso del 18,08%. En este caso, se trata sobre todo de reexportaciones, dado que el país no es productor relevante. Turquía, en cambio, ascendió a la cuarta posición con 44.040 toneladas, lo que supone una leve mejora del 4,75% respecto al ejercicio anterior.
Los analistas advierten que el éxito exportador marroquí plantea también un dilema interno: el cultivo de sandía, altamente demandante en agua, es criticado dentro del país por su fuerte impacto en los recursos hídricos. Aunque Marruecos ha sabido mantener su productividad mediante el uso de sistemas de riego más eficientes y una reorganización de las superficies cultivadas, el reto de compatibilizar crecimiento económico con sostenibilidad medioambiental sigue estando sobre la mesa.